Cuando voy por el camino
para ver la virgencita,
el espíritu se ensancha
y me impulsa en mi interior
a reconocer lo bello,
la grandeza de su amor.
Observo las bendiciones
prodigadas al hermano
peregrino, queretano,
que con buenas intenciones,
esperanzas, ilusiones,
marcha en pos de lo divino
por la Virgen ,
al Dios Trino.
Todo puede contemplarse,
saborearse, disfrutarse,
cuando voy por el camino
No hace falta la riqueza
material, para venir,
sólo ganas de vivir
sin temor y sin tristeza,
como el hombre aquel que reza
y su corazón palpita.
Es lo que se necesita,
voluntad, valor, prestancia,
no soberbia, ni arrogancia,
para ver la virgencita.
¿Qué nos da la romería?
Mucho esfuerzo y sacrificio,
vida, paz, un beneficio,
gozo, júbilo, alegría,
fortaleza y energía,
el perdón como avalancha,
confesión: y ya no hay mancha
que me impida comulgar,
siento en paz un respirar,
el espíritu se ensancha.
Este gozo prevalece
do se posa el pensamiento,
y florece el sentimiento
que se aviva y estremece,
se entusiasma y engrandece
de temor y de temblor,
¿es la voz de mi Señor
anunciando su presencia?
Me comparte su clemencia
y me impulsa en mi interior.
¿Qué has hecho, Señor conmigo,
que por más que te traiciono,
me retiro y te abandono,
no dejas de ser mi amigo?
Yo voy contento contigo,
meditando todo aquello
donde has plasmado tu sello,
y me siento interpelado,
menesteroso y llamado
a reconocer lo bello.
He mirado cómo algunos
hombres miran al Altísimo,
cómo adoran al Santísimo
y le ofrecen, oportunos,
los esfuerzos, los ayunos,
esperando con fervor,
casi inmunes al dolor,
el esfuerzo implementado,
y de Dios manifestado.
la grandeza de su amor.
Julián
Hernández Castelano.
Jesús
María, El Marqués, Qro., 23 de julio, año de la fe, 2013.