domingo, 5 de diciembre de 2021

La salud del Padre Ray

 Sobre el estado de salud del Padre Raymundo Eleuterio Morales


Las informaciones que nos han hecho favor de emitir el día de ayer, sábado 4 de diciembre de 2021, sobre el estado de salud del Padre Raymundo, son contrastantes. Por un lado, tuvimos aquella idea de su ligera recuperación y, por otro lado, un pronóstico preocupante. La primera idea nos la hizo llegar nuestro amigo Eduardo, cuya hermana es cercana a las personas del hospital, pues ella se jubiló de trabajar ahí y tiene ciertos contactos que le pueden informar de primera mano sobre este asunto. La segunda información la emitieron en la tarde a los familiares del Padre.

La mejoría ligera hace tener esperanza en su recuperación, pues lógicamente si ya no hay deterioro en su capacidad de oxigenar; pero sí una leve, aunque mínima recuperación, eso hace pensar que puede volver.

Es verdad, empero, que todo paciente intubado y con poca respuesta en su capacidad de oxigenar, tiene mínimas posibilidades de recuperarse. Es ahí donde el segundo pronóstico, por lo demás, muy detallado, cobra relevancia, pues es cierto también que, en tanto menos tiempo el cuerpo de Ray pueda suministrar el oxígeno, ese tiempo es valioso para mantener órganos vitales en buen estado, como el cerebro y el corazón. Es lo que entiendo, por eso sigue siendo delicado su estado de salud.

Vale la pena considerar algo más sobre la cuestión clínica y el sistema de salud: si bien, por un lado, debemos creer y esperar lo mejor, tanto de los médicos, como de la tecnología y los medios para la recuperación de los pacientes, también es verdad aquello de la diferencia en el trato, sea por el suministro y la utilización de los instrumentos y medicamentos para la recuperación, o también por una razón más determinante: los médicos que atienden en la semana son médicos consumados, de experiencia, de mayor pericia, mientras que los médicos de fin de semana suelen ser los practicantes. Esa diferencia me hace pensar en la disparidad de los diagnósticos, o al menos en la diferencia entre las expectativas a futuro. Sin el ánimo de denostar o descalificar a quienes laboran los fines de semana, es probable que, aunque emitan diagnósticos francamente realistas o incluso fidedignos, puede ser que, el poco tacto y, en última instancia, la idea de las pocas posibilidades de sobrevivencia en esas condiciones, les den la pauta para emitir juicios más bien catastróficos.

Como sea, lo único que nos queda es esperar lo mejor, haciendo oración, pidiendo oración, poniéndolo en manos de Dios, ofreciendo el sacrificio de la Eucaristía por su salud, pues es Dios quien tiene la última palabra, no los médicos, aunque estos sean preciosos instrumentos por los cuales se procura, se obtiene y se despliega la esperanza de la salud, de la recuperación y, en último término, de la vida de las personas. Les invito a seguir apelando al Creador, al dueño de la vida y de la muerte, de la salud y de la enfermedad, al Rey de Reyes y Señor de Señores.

Confieso que me he sentido tentado a inquirir y escrutar si la diócesis de Querétaro, de manera oficial o a través de los encargados del clero diocesano están al tanto o también ofrecen sus oraciones por él, máxime si, como hemos visto, han tenido presente a otros sacerdotes que han estado en la misma condición, más allá de si Ray tenía buena relación o no con la curia diocesana; pero mejor me abstengo de juzgar eso. Prefiero yo mismo poner en las manos de Dios la vida y la salud de este hermano entrañable y, al mismo tiempo, pido a Dios por sus hermanos de ministerio, por su diócesis, con la esperanza de que ninguno de los ordenados sacerdotes sea marginado, excluido o ignorado, sino más bien tratados todos por igual, con misericordia y cercanía, brindándoles siempre un acompañamiento espiritual y una asistencia material en casos como éste. Confío plenamente en que así lo estén haciendo desde esa comunidad de sacerdotes y con un obispo “pastor con olor a oveja”, como lo es el Padre Fide, o Don Fidencio, para mayor formalidad.

Mientras tanto, aquí seguimos, de corazón pidiendo y esperando lo mejor.


Yo conozco tu talante, 
Padre Ray, querido hermano; 
de admirarte yo me ufano 
y a Dios pido que quebrante 
esa losa atosigante 
que te postra en aflicción 
de zozobra y agresión. 
¡Que este canto fluya y suene 
porque Aquel que pronto viene 
nos traerá tu sanación!

¡Fuerza, hermano, sí se puede 
recuperar la salud! 
Siempre ha sido tu virtud 
enfrentar lo que sucede, 
inclusive si esto excede 
o rebasa en proporción 
todo atisbo de razón. 
¡La Providencia interviene 
porque Aquel que pronto viene 
también trae tu salvación!

Julián Hernández Castelano