Prestigiados
periódicos nacionales dedicaron sendos reportajes para consignar el ambiente
previo al cónclave y llamó la atención cómo se refirieron a aquello que es
menester para la Iglesia apoyándose en supuestos expertos que afirman que urge,
entre otras cosas, la modernización de esta institución, lavar la imagen de ella por
casos de corrupción y soberbia, etc. Por otra parte la mayoría de estos medios
de comunicación les piden opinión a diversos personajes polémicos y
controvertidos que, dentro de la Iglesia católica, siendo ellos sacerdotes o
religiosos, se han visto en problemas hacia el seno de la propia catolicidad. Hay "expertos", los mismos que aparecen en no pocos medios de comunicación; esos son, como dicen en los pueblos: "chiles de todos los moles".
A todas luces se ven las
tendencias francamente amarillistas de la prensa. Todo lo miden bajo la lógica
de la Real Politik, de los juegos del
poder y de lo material. Cualquier reportero ya funge como vaticanista consumado
y se atreve a reseñar las misas en las que participaron los cardenales, cerca
del Vaticano, como si fueran campañas políticas. No se trata de un murmullo,
sino de una alharaca sin sentido en torno de la elección del nuevo pontífice. Y
es en estas circunstancias en las cuales un cristiano desprevenido o
desprovisto de la mínima conciencia crítica hacia la prensa común o laica puede
caer presa de estos ruidosos jilgueros que pululan en los “prestigiados medios
de comunicación”.
Vale la pena, entonces, concentrarnos en lo esencial como
cristianos que somos. ¿Qué podemos o qué debemos esperar del nuevo Papa?
Un Papa que sea un guía
espiritual. A los medios, a quienes son hostiles a la religión católica, a los
críticos, se les olvida que la principal tarea de la Iglesia es espiritual, no
material, ni ávida de poder. Hace falta entonces que el Papa nos muestre
amorosamente el camino, que ore por nosotros, que sea un hombre santo que
inspire el encuentro con Dios para todos nosotros, no sólo cristianos, sino
para el mundo entero, incluso para esos que critican, juzgan, elucubran y
gritan contra la Iglesia y sus errores. En el discurso inaugural del Concilio
Vaticano II, Juan XXIII afirmaba: «Fácil es descubrir esta realidad —la crítica
a la Iglesia—, cuando se considera atentamente el mundo moderno, tan ocupado en
la política y en las disputas de orden económico que ya no encuentra tiempo
para atender a las cuestiones del orden espiritual, de las que se ocupa el
magisterio de la Santa Iglesia.»
Un Papa que nos mande Dios por su
voluntad y por la acción del Espíritu Santo. ¿Quiénes somos nosotros para
juzgar sus antecedentes, su edad, su falta de fuerzas, su sonrisa, sus formas,
etc., si lo importante está en la Providencia de Dios? Los hombres miran las
apariencias, pero Dios mira al corazón, nos dice el profeta Samuel cuando es
ungido rey el humilde pastorcito hijo de Jesé para ser luego el Rey David. (1
Sam. 16, 1-13)
El cristianismo siempre se
deconstruye a sí mismo, dice Jean-Luc Nancy y repite con él un maestro mío, es decir, siempre está en
constante renovación. En estos días históricos no hay excepción y todo
cristiano —incluso los no católicos— tienen ante sí el desafío de no perder de
vista el mensaje cristiano, el mensaje de la caridad, de la entrega, del
servicio, así que el nuevo Papa tendrá que amar el servicio, tendrá que amar y
entregarse. Existen una serie de documentos eclesiales que bien pueden guiar al
cristiano verdaderamente interesado en lo que debe esperar del nuevo sucesor de
San Pedro, cargo que dignamente ha desempeñado el muy ilustre Benedicto XVI.
Desde el decreto Christus Dominus,
del Concilio Vaticano II, la Constitución dogmática Lumen Gentium, del mismo Concilio, la exhortación apostólica Pastores Gregis y hasta la no menos
importante exhortación apostólica también Pastores
Dabo Vobis, sobre la formación e importancia de los Obispos, los primeros y
sobre los Sacerdotes la última. Hay, en suma, bastante material para entender
la labor pastoral del clero regular ante los desafíos del mundo actual. Nada
qué ver con las expectativas tan de orden político sembradas por los
comunicadores carentes de lo que su tarea les exige: la información.
A todos nos toca encomendar en
nuestras oraciones a nuestro nuevo pontífice. De paso podríamos pedir por todos
esos periodistas ávidos de la nota sensacionalista. Que resuene en nuestro
interior la voz de la Palabra de Dios: «Os daré pastores según mi corazón» (Jer 3,
15). Enhorabuena y para mayor gloria de Dios.
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