viernes, 22 de marzo de 2013

La esperanza del cristiano frente al nuevo pontífice


Prestigiados periódicos nacionales dedicaron sendos reportajes para consignar el ambiente previo al cónclave y llamó la atención cómo se refirieron a aquello que es menester para la Iglesia apoyándose en supuestos expertos que afirman que urge, entre otras cosas, la modernización de esta institución, lavar la imagen de ella por casos de corrupción y soberbia, etc. Por otra parte la mayoría de estos medios de comunicación les piden opinión a diversos personajes polémicos y controvertidos que, dentro de la Iglesia católica, siendo ellos sacerdotes o religiosos, se han visto en problemas hacia el seno de la propia catolicidad. Hay "expertos", los mismos que aparecen en no pocos medios de comunicación; esos son, como dicen en los pueblos: "chiles de todos los moles".
A todas luces se ven las tendencias francamente amarillistas de la prensa. Todo lo miden bajo la lógica de la Real Politik, de los juegos del poder y de lo material. Cualquier reportero ya funge como vaticanista consumado y se atreve a reseñar las misas en las que participaron los cardenales, cerca del Vaticano, como si fueran campañas políticas. No se trata de un murmullo, sino de una alharaca sin sentido en torno de la elección del nuevo pontífice. Y es en estas circunstancias en las cuales un cristiano desprevenido o desprovisto de la mínima conciencia crítica hacia la prensa común o laica puede caer presa de estos ruidosos jilgueros que pululan en los “prestigiados medios de comunicación”. 
Vale la pena, entonces, concentrarnos en lo esencial como cristianos que somos. ¿Qué podemos o qué debemos esperar del nuevo Papa?
Un Papa que sea un guía espiritual. A los medios, a quienes son hostiles a la religión católica, a los críticos, se les olvida que la principal tarea de la Iglesia es espiritual, no material, ni ávida de poder. Hace falta entonces que el Papa nos muestre amorosamente el camino, que ore por nosotros, que sea un hombre santo que inspire el encuentro con Dios para todos nosotros, no sólo cristianos, sino para el mundo entero, incluso para esos que critican, juzgan, elucubran y gritan contra la Iglesia y sus errores. En el discurso inaugural del Concilio Vaticano II, Juan XXIII afirmaba: «Fácil es descubrir esta realidad —la crítica a la Iglesia—, cuando se considera atentamente el mundo moderno, tan ocupado en la política y en las disputas de orden económico que ya no encuentra tiempo para atender a las cuestiones del orden espiritual, de las que se ocupa el magisterio de la Santa Iglesia.»
Un Papa que nos mande Dios por su voluntad y por la acción del Espíritu Santo. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar sus antecedentes, su edad, su falta de fuerzas, su sonrisa, sus formas, etc., si lo importante está en la Providencia de Dios? Los hombres miran las apariencias, pero Dios mira al corazón, nos dice el profeta Samuel cuando es ungido rey el humilde pastorcito hijo de Jesé para ser luego el Rey David. (1 Sam. 16, 1-13)
El cristianismo siempre se deconstruye a sí mismo, dice Jean-Luc Nancy y repite con él un maestro mío, es decir, siempre está en constante renovación. En estos días históricos no hay excepción y todo cristiano —incluso los no católicos— tienen ante sí el desafío de no perder de vista el mensaje cristiano, el mensaje de la caridad, de la entrega, del servicio, así que el nuevo Papa tendrá que amar el servicio, tendrá que amar y entregarse. Existen una serie de documentos eclesiales que bien pueden guiar al cristiano verdaderamente interesado en lo que debe esperar del nuevo sucesor de San Pedro, cargo que dignamente ha desempeñado el muy ilustre Benedicto XVI. Desde el decreto Christus Dominus, del Concilio Vaticano II, la Constitución dogmática Lumen Gentium, del mismo Concilio, la exhortación apostólica Pastores Gregis y hasta la no menos importante exhortación apostólica también Pastores Dabo Vobis, sobre la formación e importancia de los Obispos, los primeros y sobre los Sacerdotes la última. Hay, en suma, bastante material para entender la labor pastoral del clero regular ante los desafíos del mundo actual. Nada qué ver con las expectativas tan de orden político sembradas por los comunicadores carentes de lo que su tarea les exige: la información.
A todos nos toca encomendar en nuestras oraciones a nuestro nuevo pontífice. De paso podríamos pedir por todos esos periodistas ávidos de la nota sensacionalista. Que resuene en nuestro interior la voz de la Palabra de Dios: «Os daré pastores según mi corazón» (Jer 3, 15). Enhorabuena y para mayor gloria de Dios.

0 comentarios:

Publicar un comentario