viernes, 28 de febrero de 2020

Sobre el ayuno


@jhcastelano

Mucho se discute en nuestros días acerca de la posible inutilidad —o, mejor dicho, la impertinencia— del ayuno corporal. Sucede con su descrédito lo mismo que con otras tantas tradiciones cuyo significado y sentido resplandecía en el pasado; pero hoy ya no tiene fuerza alguna ni representatividad. Y puede ocurrir desdén hacia esas cosas anacrónicas, arcaicas o vetustas. Un concepto desprovisto de su primigenia intención y de su más honda implicación suele ser denostado, rechazado o poco valorado.

El ayuno forma parte de las tres acciones marcadas para una experiencia profunda de disciplina ascética para llegar al culmen de la Pascua durante la Cuaresma. Las otras son, como ya se sabe, la limosna y la oración. Van unidas, porque no hay un ayuno fructífero sin una buena oración y sin una proyección por la vía de la caridad mediante la limosna.

Siempre que en el mensaje cristiano de la revelación aparecen tres conceptos interrelacionados, consecuentes o entrelazados, no podemos dejar de pensar en la técnica enunciada por San Agustín y continuada por santos de la altura de San Buenaventura o Santa Catalina de Siena, a saber, la visión trinitaria para su correcta hermenéutica. Eso aplica para estos tres conceptos. Podríamos decir, emulando la regla Audi, Ora et Labora, de San Benito: Ieiunii, Ora et Da (ayuna, ora y da);  de donde se sigue que el ayunar está en consonancia con la persona de Dios Padre, a Él aspira a tener experiencia en lo más profundo del alma, por medio del dominio de la voluntad, de los sentidos y de las pasiones, tal como el mismo Cristo experimentó cuando padeció las tentaciones en su retiro en el desierto. La oración evocaría la presencia de Jesús y la limosna la expresión caritativa del Espíritu Santo.

Ayunar, sería, pues, el equivalente a preparar nuestra alma para el encuentro con Dios. Prepararla por medio del dominio de las pasiones. El ayuno sería la acción corporal concreta por la cual pasamos de un plano físico de sacrificio y hasta de mortificación para cerrar la posibilidad de cierto deleite de los sentidos que nos puedan distraer de la posibilidad de sentir a Dios. No es, pues, una mera acción de abstenerse para rememorar o evocar la precariedad de los que carecen de lo elemental. No es que debamos ser indolentes, es que el proceso comienza con la preparación personal, luego la invocación de la ayuda de lo divino y luego la acción. Es un proceso.

La riqueza litúrgica de la Iglesia en el ámbito bizantino cuidaba por demás los elementos que podrían conducir al espíritu por los senderos de la experiencia meditativa. Muchos elementos de los templos y de las propias celebraciones favorecían y favorecen este tipo de prácticas. Lo reconocen los liturgos cuando tratan de fomentar la disposición del alma para vivir las celebraciones lo más puro posible en cuanto a los ritos. Y lo reconocen los pensadores que, entre el anhelo estético y la inspiración de la búsqueda del misterio nos han hecho notar ese tipo de detalles. Es el caso de José Vasconcelos, por ejemplo, cuando encuentra que «la Iglesia de Bizancio depuró la liturgia. Introdujeron los cantos y el incienso que prolongan el éxtasis. Inventaron las tiernas y bellísimas letanías. La fuerza de ruego contenida en el ora pro nobis y los raptos de esperanza de los Kyries, la melodía varia del cantante y el coro insistente de los fieles producen un efecto elevado y conmovedor, como de contacto con lo divino» (El monismo estético, p. 91, ed Trillas, 2009). El ayuno viene a ser también un instrumento para acondicionar el alma para ese contacto con Dios, pues.

La Iglesia no cesa de empeñarse en señalarnos las bondades o las ventajas de esta práctica, matizando en cada caso o en cada tiempo su aplicación. En el 2009, por ejemplo, en el mensaje para la Cuaresma de ese año, el entonces Papa Benedicto XVI lo ponía en el centro de la preparación para la Pascua:

Podemos preguntarnos qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento. Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar. Ya en las primeras páginas de la Sagrada Escritura el Señor impone al hombre que se abstenga de consumir el fruto prohibido: “De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio” (Gn 2, 16-17). Comentando la orden divina, San Basilio observa que “el ayuno ya existía en el paraíso”, y “la primera orden en este sentido fue dada a Adán”. Por lo tanto, concluye: “El ‘no debes comer’ es, pues, la ley del ayuno y de la abstinencia” (cfr. Sermo de jejunio: PG 31, 163, 98). Puesto que el pecado y sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor. Es lo que hizo Esdras antes de su viaje de vuelta desde el exilio a la Tierra Prometida, invitando al pueblo reunido a ayunar “para humillarnos —dijo— delante de nuestro Dios” (8,21). El Todopoderoso escuchó su oración y aseguró su favor y su protección. Lo mismo hicieron los habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno diciendo: “A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos” (3,9). También en esa ocasión Dios vio sus obras y les perdonó.

El ayuno es, pues, una oportunidad preciosa para reconciliarnos con Dios. Es una señal de humildad de nuestra parte para postrarnos ante el Rey de Reyes. Nos prepara internamente porque nos hace recordar la precariedad de nuestra vida. Cuando no se puede ver más que como una prohibición, resulta una carga y un sinsentido. Ojalá podamos dotarlo de significado y podamos practicarlo con la idea de acondicionar nuestro interior para la oración y para la caridad.

JHC


En audio. Opción 1

Opción 2



18 comentarios:

  1. Me gusta la lectura pues explica que el ayuno no solo es dejar de comer algo, sino implica el preparar nuestra alama par la llegada de Dios y tener conciencia sobre nuestros actos.
    - Belinda Salamanca Carrasco

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  2. La lectura explica de una amnera muy agradable lo que realmente es el ayuno, el sentido que se le debe dar y la idea errónea que tenemos de él. Me hizo pensar bastante en las cosas tan equivocadas que pienso y a partir de esta lectura me llevo una gran verdad argumentada con la palabra de Dios.
    -Arantza Jimena García Romero

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  3. La lectura habla que el ayuno no solo abarca el abstenernos de comer carne, sino que también nos hace conciencia de que en este tiempo podemos cambiar nuestras actitudes malas para poder preparar a nuestra alma para el encuentro con Dios.
    -Fabiola Betsabé Anaya Andrade.

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  4. La lectura toca otro tema bastante importante, pues muchas veces creemos que el ayuno es solo dejar de comer, pero este tiene un significado mucho más profundo, es resistir a nuestras tentaciones, evitando así ser esclavos de nuestras tentaciones y del mal.
    -Daniela Carro
    -Sahaidy Rocha

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  5. La lectura nos habla acerca del ayuno, considero que es muy interesante, ya que, el ayuno nos ayuda a acercarnos a Dios, de esta manera nos ayuda a realizar el encuentro con Dios por medio de nuestra alma.
    -Jovana Ixtlapale de Jesús.

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  6. El ayuno es un tema de cierto modo interesante ya que he escuchado algunas cosas sobre el, tengo entendido que el ayunar significa despojarte de lo que más necesitas o recurrente mente haces para ponerte en los zapatos de aquellas personas que no pueden realizar esas actividades, solo que tengo dudas. Una ocasión platicando con algunas personas me comentaron que ellos no comían 1 día entero y que los adolescentes deberían realizar el ayuno, entonces ¿que pasaría si no ayuno?¿sería malo? y si quisiera ayunar ¿como podría realizarlo?
    ---Melanie Tuxpan

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  7. La lectura nos habla acerca del ayuno, esto es muy importante porque es una forma en la que dejamos de hacer ciertas actividades o dejamos de tener ciertas actitudes que no son del todo buenas y nos prepara para un encuentro con Dios por medio de nuestra alma.

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  8. La lectura nos explica de una manera muy digerible que el ayuna no solo es nos consumir alimentos, si no preparar el cuerpo y el alma para un encuentro con Dios.
    -Ian Vázquez Romano

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  9. Este texto nos define que el ayunar tiene su propio significado y es preparar nuestra alma y cuerpo para con Dios. Sin embargo, a veces pensamos que sólo es dejar de comer y olvidamos para que se realiza y cuál es realmente su objetivo para tener una respuesta ante esto y cambiar ciertas actitudes. -Alexa Cano Ayón-

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  10. Este texto nos ayuda a definir su propio significado y más que nada nos ayuda a preparar nuestra alma para Dios, pero sin embargo hay personas que no lo toman de una manera muy católica sino que olvidan el verdadero significado de el ayuno y más que nada solamente lo hacen por algo sin significado y en realidad es tomar conciencia por las personas que no tienen nada de comer y así sentirte como ellas y ese es el verdadero significado de hacer ayuno.
    -Alejandra Moreno Mendoza-

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  11. En este texto nos damos cuenta del significado del ayuno el cual es preparar nuestra alma y cuerpo con dios para encontrarnos con el.
    Leonardo Ixtlapale

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  12. Debería de regresar el valor que antes tenía el ayuno, ya que no solo es importante ayunar algunas comidas, si no actitudes, son parte del periodo que estamos pasando y son crucuiales para sanar.
    by ENYA MENDOZA

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  13. Muchos piensan que el ayuno es solo dejar de comer pero en mi opinión y en relación al texto creo que si está bien dejar de comer ciertas cosas cada viernes pues como tal es una forma de reconocer a Jesús y el sacrificio que hizo por nosotros, pero también como sociedad deberíamos dejar de tener malas actitudes, no solo dejar de comer si no que convertirnos en una sociedad llena de paz y no de odio.
    -Ana Paola Meneses-

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  14. Creo que todos tenemos una percepción sobre el significado del ayuno algunas mas acertadas que otras y en base a la lectura y en pocas palabras el ayuno es el dominio de las pasiones y una oportunidad preciosa para reconciliarnos con Dios. Sin embargo pienso que es triste el como en la actualidad las personas tomamos el ayuno no le damos la importancia que deberíamos.
    CAROLINA TORRES HUERTA

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  15. La lectura nos habla del ayuno, pero en mi opinión creo que el ayuno no debe únicamente referirse a un ayuno de comer carne, sino un ayuno de las malas acciones que regularmente hacemos, de la misma manera, creo que el ayuno debe manifestarse desde el interior de la persona, empezando a ayunar de los malos pensamientos y deseos. de esta forma creo yo que el ayuno resulta de manera más efectiva.
    -Grecia Torres Guevara

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  16. Nos habla la lectura del ayuno, en cierto modo yo considero que el ayuno es preparare con Dios, y que lo tomamos sin la importancia que se requiere.
    SHARI GALILEA

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  17. La iglesia Católica nos marca que en los tiempos de Cuaresma es necesario seguir las tres acciones dichas en le texto para poder participar de la obra y mensaje de Dios. Específicamente nos dice que al momento de ayunar, nos ayuda a conectarnos de una manera más fácil y profunda con la oración, además de ser un prueba para controlar las pasiones o instintos del ser humano.
    -Odette Solís Martínez.

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  18. Ésta lectura es muy interesante porque cambia el concepto del ayuno, no debe verse como una prohibición sino como un proceso de preparación personal para recuperar la “amistad” y ponernos en paz con Dios. Todo ello acompañado con la oración que es fundamental. Pero lo que más me llama la atención es la palabra que mencionan en el texto, que es un acto de “humildad” ante el Señor; y es que no somos nada ni nadie sin él, y si Dios fue tan misericordioso de entregar a su hijo por nosotros, el ayuno es el medio para llegar a él y así poder sentir su presencia.

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