jueves, 2 de abril de 2020

Simone Weil encuentra a Dios



Dice nuestra filósofa que estaba recitando este poema inglés, cuando Cristo bajó de la cruz para tomarla en éxtasis místico:

El Amor me acogió, mas mi alma se apartaba, culpable de polvo y pecado.
Pero el Amor que todo lo ve, observando mi entrada vacilante se acercó a mí, diciéndome con dulzura: ¿hay algo que eches en falta?
Un invitado, respondí, digno de encontrarse aquí.
Tú serás ese invitado, dijo el Amor.
¿Yo, el malvado, el ingrato? ¡Ah, mi amado! Yo no puedo mirarte.
El Amor tomó mi mano y replicó sonriente: ¿quién ha hecho esos ojos sino yo?
Es cierto, señor, pero yo los ensucié; que mi vergüenza vaya donde se merece.
¿Y no sabes, dijo el Amor, quién ha tomado sobre sí la culpa?
¡Mi amado! Entonces, podré quedarme…
Siéntate, dijo el Amor, y degusta mis manjares.
Así que me senté y comí.

No puedo agregar nada. Todo lo dice el poema.

miércoles, 1 de abril de 2020

El riesgo de seguir a Jesús


@jhcastelano


A veces pareciera que, entre más empeño, dedicación, deseo manifiesto y agallas para seguir a Jesús, implica también mayores embates del mal. Tiene su lógica. Si el demonio pudiera, atraería para sí a los espíritus más fuertes, a los más valiosos. A los espíritus débiles ya los tendrá ganados de manera mucho más sencilla. Bastaría con ofrecerles un poco de carnada o tentaciones y ahí los tiene a su disposición.

Ejemplos sobran en la Biblia. Ahí hay un José, acosado por la esposa de su jefe egipcio, calumniado, acusado falsamente y enviado a prisión. Allá está Susana, injuriada por los ancianos perversos y salvada por Daniel. Y hoy tenemos a los tres ejemplares jóvenes hebreos, intachables, rectos, justos y llenos de Dios, se trata de Ananías, Azarías y Misael, a quienes Nabucodonosor nombró como Sidrac, Misac y Abdénago. Por no adorar los ídolos de ese rey, fueron acusados y condenados al horno ardiente; pero su fe en Dios era más grande y no sólo no perecieron en el fuego, sino que un ángel los acompañaba, soplando aire fresco para alejar las llamas; y no sólo fueron salvados, sino que, además, danzaban en honor de Yahvé; y no sólo danzaban con el ángel, sino que, además, cantaban un himno al Señor, una oración de bendición y de gloria al Dios que los libraba de aquel infortunio. Con ellos se manifiesta el poderío de Dios y, desde luego, la imposibilidad de que aquellos que son justos y rectos, confiados siempre en el Señor, serán librados de los males.

Ignoro si a alguien se le ha ocurrido antes; pero el hecho de haber sido estos tres jóvenes descritos en el libro de Daniel como virtuosos, tal vez representen una prefiguración de las potencias del alma, la memoria, la inteligencia y la voluntad; y quien cultive esas potencias tendrá la asistencia divina pese a la dificultad.

Con ese pasaje nos queda claro que quienes están cerca de Dios, los que le buscan y viven para darle gloria con los actos propios, no caerán en manos del maligno.

Los embates del demonio no cesan, aún en este encierro. Por ahí habrá familias enteras todavía incapaces de quedarse y resguardarse para no poner en riesgo a los demás. Estarán también quienes, incapaces de estar a solas consigo mismos, buscan desesperadamente, como lo decía Pascal, “correr tras la liebre”, es decir, correr afanosamente detrás de cualquier diversión que les enajene, ya sea en el Netflix o en cualquier servicio de streaming; las redes sociales o cualquier otra cosa del Internet. Todo menos la oración, el ayuno, el sacrificio y la convivencia familiar. Estarán mayores ofertas, tal vez, de pornografía o de otros hábitos no menos detestables.

El aislamiento debería significar ascesis, preparación mediante la oración, reflexión, meditación y fortalecimiento del espíritu, comenzando por el estudio de la Palabra de Dios. Por lo pronto la lectura del libro de Daniel y el Salmo nos enseñan hoy que esta fidelidad a pesar de los embates del demonio para caer en la idolatría y los placeres del mundo, no quedará recompensada por el Salvador del mundo que pronto padecerá y nos hará parte de su Pascua y su triunfo sobre la muerte y sobre el mal.

JHC