@jhcastelano
A veces pareciera que, entre
más empeño, dedicación, deseo manifiesto y agallas para seguir a Jesús, implica
también mayores embates del mal. Tiene su lógica. Si el demonio pudiera,
atraería para sí a los espíritus más fuertes, a los más valiosos. A los
espíritus débiles ya los tendrá ganados de manera mucho más sencilla. Bastaría
con ofrecerles un poco de carnada o tentaciones y ahí los tiene a su disposición.
Ejemplos sobran en la Biblia.
Ahí hay un José, acosado por la esposa de su jefe egipcio, calumniado, acusado
falsamente y enviado a prisión. Allá está Susana, injuriada por los ancianos
perversos y salvada por Daniel. Y hoy tenemos a los tres ejemplares jóvenes
hebreos, intachables, rectos, justos y llenos de Dios, se trata de Ananías,
Azarías y Misael, a quienes Nabucodonosor nombró como Sidrac, Misac y Abdénago.
Por no adorar los ídolos de ese rey, fueron acusados y condenados al horno
ardiente; pero su fe en Dios era más grande y no sólo no perecieron en el
fuego, sino que un ángel los acompañaba, soplando aire fresco para alejar las
llamas; y no sólo fueron salvados, sino que, además, danzaban en honor de
Yahvé; y no sólo danzaban con el ángel, sino que, además, cantaban un himno al
Señor, una oración de bendición y de gloria al Dios que los libraba de aquel
infortunio. Con ellos se manifiesta el poderío de Dios y, desde luego, la
imposibilidad de que aquellos que son justos y rectos, confiados siempre en el
Señor, serán librados de los males.
Ignoro si a alguien se le ha
ocurrido antes; pero el hecho de haber sido estos tres jóvenes descritos en el
libro de Daniel como virtuosos, tal vez representen una prefiguración de las
potencias del alma, la memoria, la inteligencia y la voluntad; y quien cultive
esas potencias tendrá la asistencia divina pese a la dificultad.
Con ese pasaje nos queda claro
que quienes están cerca de Dios, los que le buscan y viven para darle gloria
con los actos propios, no caerán en manos del maligno.
Los embates del demonio no
cesan, aún en este encierro. Por ahí habrá familias enteras todavía incapaces
de quedarse y resguardarse para no poner en riesgo a los demás. Estarán también
quienes, incapaces de estar a solas consigo mismos, buscan desesperadamente,
como lo decía Pascal, “correr tras la liebre”, es decir, correr afanosamente
detrás de cualquier diversión que les enajene, ya sea en el Netflix o en
cualquier servicio de streaming; las redes sociales o cualquier otra cosa del
Internet. Todo menos la oración, el ayuno, el sacrificio y la convivencia
familiar. Estarán mayores ofertas, tal vez, de pornografía o de otros hábitos
no menos detestables.
El aislamiento debería
significar ascesis, preparación mediante la oración, reflexión, meditación y
fortalecimiento del espíritu, comenzando por el estudio de la Palabra de Dios.
Por lo pronto la lectura del libro de Daniel y el Salmo nos enseñan hoy que
esta fidelidad a pesar de los embates del demonio para caer en la idolatría y
los placeres del mundo, no quedará recompensada por el Salvador del mundo que pronto
padecerá y nos hará parte de su Pascua y su triunfo sobre la muerte y sobre el
mal.
JHC

Concuerdo con la lectura que nos hace falta Dios en nuestra vida, ya que no hacemos las cosas que el quiere como el ayuno, la oración y el sacrificio.
ResponderEliminarEn esta lectura nuevamente se habla de las potencias del alma y me pareció muy atractivo el hecho de que si cultivamos estás potencias tendríamos la asistencia divina.
-Fabiola Betsabé Anaya Andrade.
Me gustó mucho esta lectura ya que habla de muchas realidades que han pasado desde tiempos antiguos y que siguen pasando actualmente.
ResponderEliminarEl bien y el mal están en una continua pelea y es muy importante el poder ser fuertes para vencer el mal no caer en la tentación y para poder lograr eso siempre tenemos que estar con Dios tenemos que hacer lo que él nos pide y y creer él.
CAROLINA TORRES HUERTA
Me ha gustado la lectura ya que habla acerca de que nos hace falta Dios en nuestras vidas, Yaque le damos más importancia a otras cosas, olvidando o dejando a un lado a Dios.
ResponderEliminar-Aldo Ixtlapale