martes, 24 de octubre de 2023

"Rezar por la familia de los reptiles"

 @jhcastelano

Anda en las redes sociales digitales una controversia sobre uno o dos párrafos de un documento oficial del sínodo de la sinodalidad. Es una cita de San Isaac de Nínive, o Isaac el Sirio, Obispo, monje y asceta del siglo VII, oriundo de lo que hoy es Qatar. Es venerado en las Iglesias católicas orientales y la ortodoxa. No tengo datos de que lo sea en la Católica Romana, pues su onomástica es el 28 de enero, justo la fecha de la fiesta o memoria de Santo Tomás de Aquino. La controversia ocurre porque en el llamado “sínodo de la sinodalidad”, camino emprendido por la Iglesia Romana o Católica, se le cita en un documento oficial, como dijimos, a saber, sobre la «espiritualidad de la sinodalidad», es decir, de las ideas espirituales que rigen este camino sinodal, cosa nada mínima. Ya desde una idea preparatoria el documento nos dice sobre el discernimiento espiritual de la Iglesia sinodal: «Nosotros también llegamos a descubrir que Dios no tiene un objetivo solamente para nosotros, sino que es para toda la humanidad y, de hecho, para todo cuanto existe en la creación». Bajo esta perspectiva ya se advierte la idea de la universalidad.

La verdadera problemática está en la página 29 del documento, pues por la pluma de los redactores pasan las siguientes palabras: «En muchos modos, podemos ver y apreciar el don del discernimiento en términos musicales. En muchas ocasiones, aprendemos a cantar cuando cantamos con otras personas. De ellas, aprendemos a reconocer las notas verdaderas o las falsas. Poco a poco, familiarizamos con la música e iniciamos, casi intuitivamente, a comprender cuando estamos en armonía. Así también, a partir de la familiaridad con Dios, podemos llegar a reconocer lo que es verdadero y lo que está en armonía con el proyecto de Dios y aquello que desentona o es una nota errónea. También aprendemos cuál es el modo de amar y actuar de Dios para la salvación del mundo a través de la nueva “música de la Cruz”. En definitiva, el discernimiento es un acto de amor a Dios y al prójimo. Es el conocimiento que llega a través del amor». Donde no aclara a qué se refiere la “música de la Cruz”. Resulta de cierto modo ininteligible, por muy metafórica que sea la espiritualidad o la armonía en el camino; pero no es aún lo más difícil de entender, pues enseguida pone la referida cita de Isaac, el Sirio: 

"¿En qué consiste un corazón misericordioso? Es un corazón ardiente por toda la creación, la humanidad, los pájaros, los animales, los demonios y todo lo que existe. Mediante el recuerdo de ellos, los ojos de una persona misericordiosa derraman abundantes lágrimas. Por la fuerte y vehemente misericordia que se apodera del corazón de tal persona, y por esa gran compasión, el corazón se humilla, y uno no puede soportar escuchar o ver cualquier injuria o leve dolor de alguno en la creación. Por esta razón, una tal persona ofrece continuamente una oración cargada de lágrimas, aún por las bestias irracionales, por los enemigos de la verdad y por aquellos que la perjudican, para que sean protegidos y reciban misericordia. Y del mismo modo, la persona reza por la familia de los reptiles debido a la gran compasión que arde sin medida en el corazón que se asemeja a Dios."

Un corazón ardiente “por los demonios” no suena tan convencido del deseo de Dios. En otras circunstancias los exorcistas han recomendado no tener ninguna especie de diálogo con el Malo. Cualquiera podría suponer que eso incluye no arder el corazón por esos seres que desean poseer nuestra alma, porque sería como entregarnos sin remedio y sin freno a las acciones del maligno.

Derramar lágrimas de misericordia, por su parte, no nos exime de esperar y trabajar por salir de la mediocridad del pecado y dejar que los otros naufraguen en esa confusión donde no se atina a sentir el efecto del mal, sino la dejadez de la cobertura de la misericordia, de la falsa misericordia, podríamos agregar, la del que «todos caben en la Iglesia». Derramar lágrimas por las bestias irracionales no está mal, pues nos duele el mal en la Creación; pero hacerlo por los «enemigos de la verdad» no suena tan misericordioso, sino más bien claudicante, deshonroso y hasta de cierto grado cobarde, pues una cosa es perdonar inclusive a quienes nos sobajan y otra muy distinta es no guiar a los que se vean perdidos en la maraña del pecado.

Lo de rezar por la familia de los reptiles es harto más incomprensible. Tal vez sólo se pueda entender si consideramos no específicamente el ejemplo de esos animales, sino el conjunto de la obra natural del docto pincel.

Ya había tenido la oportunidad de leer citas de este santo oriental en los Relatos del Peregrino Ruso que, a su vez, cita la Filocalia. La espiritualidad vertida en un documento clásico como los relatos del peregrino suenan un poco al ardor de un San Francisco de Asís por la Creación entera; pero también a las ideas místicas de una Simone Weil, por ejemplo, cuando se arriesga a afirmar que por el amor a Dios es capaz de obedecerlo hasta el extremo de la condenación eterna; o incluso un poco a lo que Emma Godoy insinuaba, a saber, que el cosmos entero tiene una perfecta armonía sólo perturbada por la acción del pecado, por lo que nos toca velar y pugnar porque se conserve dicho orden. Sólo por algo así podría entenderse esa cita tan espinosa.

Julián Hernández Castelano
Santa Apolonia Teacalco, Tlaxcala.

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