@jhcastelano
El Padre José María Cabodevilla (1928 – 2003) ofrece este nombre a Cristo en el primer día del año, o para el primer día del año en su obra “365 nombres de Cristo”. Nos explica el sentido de la apertura, del abrir. Así abrimos este 2025, en el nombre de Cristo. «Ábrenos ya la puerta y veremos los vergeles», dice Simone Weil en un verso alejandrino sobre el deseo de Dios.
La imagen de la puerta a un ciclo nuevo, a un nuevo capítulo en la era cristiana, no podría menos que inspirarnos a renovar nuestros propósitos. Cada quien sabe lo que le inspira o motiva; pero más allá de las promesas huecas o las metas olvidadas prontamente, subyace siempre una intención porque cobramos conciencia del tiempo, del ciclo y de lo que creemos que debemos hacer siempre para el bien propio y de los demás.
No ha sido una casualidad, sino una intención bien medida que, como cada veinticinco años, al interior de la Iglesia Católica se declare un jubileo, una oportunidad más en el cuarto de siglo para retomar el camino de la pretensión por la salvación, de trabajar arduamente y buscar la santidad a la que todos estamos llamados. El Papa Francisco ha abierto solemne y simbólicamente las puertas de los recintos sagrados en Roma para ejemplificar esa apertura al jubileo; pero también hacia un nuevo momento o una nueva etapa en la vida de los fieles. No se trata solamente de buscar por interés vano las indulgencias plenarias, sino de nutrir y vivificar por dentro nuestros corazones, nuestras almas y manifestar con caridad desinteresada que todo lo que hacemos sea para gloria de Dios y beneficio para los demás.
JHC
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