@jhcastelano
La crucifixión era un símbolo
de humillación en la época de Jesús. La condena a muerte podía tener distintas
modalidades; pero ser crucificado era la peor, la más vil. Cuando Jesús fue
crucificado y con ello glorificado, pasó a ser un símbolo de grandeza. Fue el
instrumento para vencer el mal. Desde entonces la cruz es señal de grandeza, de
poder, de triunfo.
Así lo constató el ejemplo de
Constantino, en el 312, cuando triunfó en la batalla de Majencio, llevando la
cruz como estandarte, pues así se le había revelado. Desde entonces fue
permitida o al menos no perseguida la religión cristiana en el Imperio Romano,
aunque siguió habiendo una serie de persecuciones, alguna de ellas, como la de
Diocleciano en el 303, muy sangrienta y cruel.
Aunque hay religiones que prohíben
tener imágenes de Dios, en el fondo no hay ninguna religión que no la tenga,
que no se haga imágenes de Dios. «Dios es, en sí, el mismo para todos —nos dice
Rémi Brague, en “Sobre el Dios de los cristianos y sobre uno o dos más”, de la
BAC, 2014— y Él está más allá de todas las representaciones que se han hecho de
Él. Las imágenes y los conceptos que se han hecho sobre Dios varían entre los
hombres y los grupos que los congregan, según se trate de escuelas filosóficas
o religiones. Si nosotros no podemos captar lo que es, o mejor dicho, quién es
Dios en sí y por sí mismo, esta incapacidad nos conduce precisamente a la
diversidad de representaciones que existen de Él y nos impone la tarea de poner
en claro los matices o los abismos que las separan». Así pues, incluso para
hablar de Dios hay que tener una imagen de Él, inclusive también si se ha de
negar su existencia o la imposibilidad de conocerlo, como en el agnosticismo
tan común en nuestros días.
«Cuando levantéis en alto al Hijo
del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino como
el Padre me ha enseñado», nos dice Jesús en el Evangelio de San Juan (8, 28),
con lo que podemos interpretar lo alto de la cruz en el monte calvario; pero
también su ascensión al cielo.
Poder contemplar la cruz en lo
alto, como recién lo hizo el Papa en la oración especial en la plaza de San Pedro
y muy cerca ya de la Semana Santa, nos debe recordar ese acto de reconocimiento
de su grandeza, su majestad y su triunfo. No hay una necesidad de ser sanados
cuando opere con su fuerza y le reconozcamos como el que Es. Por eso también se
nos exige un acto profundo de transformación interior, de ese “vaciamiento de
sí”, ya reconocido por el místico alemán el maestro Eckhart. Es importante
negarse a nosotros mismos para dejar que prevalezca el que Es. También por ello
Miguel García-Baró nos dice en su obra “De estética y mística” (Ed. Sígueme,
Salamanca, 2007) que: «El
vaciamiento de Dios, que comenzó en la Creación , pero que culminó con la Encarnación hasta la Cruz , permite la esperanza
extraordinaria de una recapitulación en Dios, al final, de todas las
realidades. Los cuales han merecido no sólo el amor de Dios, sino, en cierta
manera, la identificación de Él con ellas. Únicamente la voluntad del hombre
torcida al mal, únicamente la perversa autodivinización del hombre se halla por
entero fuera del alcance del vaciamiento de Dios. Su Palabra no sólo ha sido el
modelo eterno de las cosas y la memoria eterna de todas ellas, sino que se ha
hecho carne, o sea, debilidad y visibilidad. Dios se ocultó en la carne del
hombre, en la carne del mundo; pero esto permite ahora al hombre que se ocupa
con el mundo, aspirar a reflejar, sobrenaturalizando la naturaleza, los efectos
de la gracia sobre las cosas creadas».
La serpiente abrasadora de bronce (Núm, 21, 4 – 9),
elaborada por Moisés para salvar al pueblo de las mordeduras de serpientes
abrasadoras nos enseña no sólo la acción sanadora, el “phármakos”, la catarsis,
la cura para el pueblo, sino que, además, sigue la línea de interpretación del
ciclo de la violencia mimética, pues la afirmación ya antes citada de que “Satán
expulsa a Satán” se pone de manifiesto en el efecto sanador para quienes miran
o contemplan la imagen de esa serpiente puesta ahí por Moisés, pues aquel que
mire esa serpiente no padecerá la muerte si es mordido por una serpiente real. A
partir del triunfo de la Cruz, ya no es Satán quien expulsa a Satán, es Jesús
quien lo vence y nos abre la puerta de la eternidad con Dios.
El alma sedienta de Dios deberá vaciarse de sí y
disponerse como la tierra que espera la semilla y los elementos para ser fecundada
y producir vida; una vida que tiende a lo alto, al cielo; a lo alto, a donde
podemos contemplar a Jesús.
Lo sabría, acaso, Simone Weil, cuando expresa
estos versos:
Ábrenos ya la puerta y veremos los vergeles,
Beberemos de sus aguas frías que aún conservan la huella
de la luna.
El largo camino arde hostil a los extraños.
A ciegas erramos sin encontrar el lugar.
Agobiados por la sed, queremos ver las flores.
Esperando y sufriendo, henos por fin aquí delante de la
puerta.
A golpes la abatiremos, si es preciso.
Golpeamos y empujamos, pero es demasiado firme.
No cesemos en nuestro esfuerzo
con la oración, el ayuno, el sacrificio. El tiempo que sea necesario para poder
contemplar en lo alto a Jesús.
JHC

Me ha conmovido el modo en el que explica que Jesús esta en todos lados, en todas las religiones y en todos los Santos, jamás había escuchado algo similar; siempre se dice que cada religión admira a alguien diferente, lo que usted nos está diciendo es que es lo contrario, es un mismo Dios en distintas presentaciones, además considero que es por eso que hay que respetar a todas y cada una de las religiones.
ResponderEliminarby ENYA MENDOZA ALEJO
Es muy interesante la forma en el que la cruz se ha convertido en un símbolo de grandeza a partir de la crucificción de Jesús. Me agrada la manera en la que explica que aunque en algunas religiones se prohíban las imágenes,realmente no hay ninguna que no tenga o construya una sobre Dios, no lo había pensado de ese modo. Lo importante es que Dios más allá de todas las representaciones que nos hacemos sobre él, me ha ayudado a comprender este aspecto, al saber que Dios es el mismo para todos los cristianos aunque se tengan variaciones sobre su aspecto.
ResponderEliminar-Alexa Cano Ayón-
A pesar de que antes al morir crucificado era la cosa más vil, después de que Dios fue crucificado se le dio a la cruz un significado de grandeza por lo que esto representa.
ResponderEliminarMe gusta el significado que se le da al símbolo puesto que Jesús murió defendiéndonos y dando una razón y misión de vida.
ResponderEliminar-Belinda Salamanca Carrasco
Me apreció muy interesante la forma en la cual nos presentan este símbolo tan interesante de Dios, es un gran texto y realmente me dejó muy anonadada.
ResponderEliminar-Arantza Jimena García Romero
Me gustó la forma en la que nos explica el significado de la cruz y como es que Jesús dió su vida por nuestra salvación, también que hay algunas religiones que prohíban las imágenes Jesús está en todos lados.
ResponderEliminar-Fabiola Betsabé Anaya Andrade.
Me gusto la forma o significado que se ha dado a Jesus dio su vida para salvarnos y el significado de la cruz, me ha dejado muy asombrado.
ResponderEliminar-ALDO IXTLAPALE-
Creo que es uno de los textos que más ha llamado mi atención desde el inicio es muy profundo; es impresionante como algo que era considerado tan vil y tan cruel pudo pasar a ser algo tan alabado.
ResponderEliminarCAROLINA TORRES HUERTA
Me pareció interesante el cómo la cruz pasó de ser un símbolo de humillación a convertirse en el símbolo de nuestra Iglesia.
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