miércoles, 1 de abril de 2020

El riesgo de seguir a Jesús


@jhcastelano


A veces pareciera que, entre más empeño, dedicación, deseo manifiesto y agallas para seguir a Jesús, implica también mayores embates del mal. Tiene su lógica. Si el demonio pudiera, atraería para sí a los espíritus más fuertes, a los más valiosos. A los espíritus débiles ya los tendrá ganados de manera mucho más sencilla. Bastaría con ofrecerles un poco de carnada o tentaciones y ahí los tiene a su disposición.

Ejemplos sobran en la Biblia. Ahí hay un José, acosado por la esposa de su jefe egipcio, calumniado, acusado falsamente y enviado a prisión. Allá está Susana, injuriada por los ancianos perversos y salvada por Daniel. Y hoy tenemos a los tres ejemplares jóvenes hebreos, intachables, rectos, justos y llenos de Dios, se trata de Ananías, Azarías y Misael, a quienes Nabucodonosor nombró como Sidrac, Misac y Abdénago. Por no adorar los ídolos de ese rey, fueron acusados y condenados al horno ardiente; pero su fe en Dios era más grande y no sólo no perecieron en el fuego, sino que un ángel los acompañaba, soplando aire fresco para alejar las llamas; y no sólo fueron salvados, sino que, además, danzaban en honor de Yahvé; y no sólo danzaban con el ángel, sino que, además, cantaban un himno al Señor, una oración de bendición y de gloria al Dios que los libraba de aquel infortunio. Con ellos se manifiesta el poderío de Dios y, desde luego, la imposibilidad de que aquellos que son justos y rectos, confiados siempre en el Señor, serán librados de los males.

Ignoro si a alguien se le ha ocurrido antes; pero el hecho de haber sido estos tres jóvenes descritos en el libro de Daniel como virtuosos, tal vez representen una prefiguración de las potencias del alma, la memoria, la inteligencia y la voluntad; y quien cultive esas potencias tendrá la asistencia divina pese a la dificultad.

Con ese pasaje nos queda claro que quienes están cerca de Dios, los que le buscan y viven para darle gloria con los actos propios, no caerán en manos del maligno.

Los embates del demonio no cesan, aún en este encierro. Por ahí habrá familias enteras todavía incapaces de quedarse y resguardarse para no poner en riesgo a los demás. Estarán también quienes, incapaces de estar a solas consigo mismos, buscan desesperadamente, como lo decía Pascal, “correr tras la liebre”, es decir, correr afanosamente detrás de cualquier diversión que les enajene, ya sea en el Netflix o en cualquier servicio de streaming; las redes sociales o cualquier otra cosa del Internet. Todo menos la oración, el ayuno, el sacrificio y la convivencia familiar. Estarán mayores ofertas, tal vez, de pornografía o de otros hábitos no menos detestables.

El aislamiento debería significar ascesis, preparación mediante la oración, reflexión, meditación y fortalecimiento del espíritu, comenzando por el estudio de la Palabra de Dios. Por lo pronto la lectura del libro de Daniel y el Salmo nos enseñan hoy que esta fidelidad a pesar de los embates del demonio para caer en la idolatría y los placeres del mundo, no quedará recompensada por el Salvador del mundo que pronto padecerá y nos hará parte de su Pascua y su triunfo sobre la muerte y sobre el mal.

JHC

3 comentarios:

  1. Concuerdo con la lectura que nos hace falta Dios en nuestra vida, ya que no hacemos las cosas que el quiere como el ayuno, la oración y el sacrificio.
    En esta lectura nuevamente se habla de las potencias del alma y me pareció muy atractivo el hecho de que si cultivamos estás potencias tendríamos la asistencia divina.
    -Fabiola Betsabé Anaya Andrade.

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  2. Me gustó mucho esta lectura ya que habla de muchas realidades que han pasado desde tiempos antiguos y que siguen pasando actualmente.
    El bien y el mal están en una continua pelea y es muy importante el poder ser fuertes para vencer el mal no caer en la tentación y para poder lograr eso siempre tenemos que estar con Dios tenemos que hacer lo que él nos pide y y creer él.
    CAROLINA TORRES HUERTA

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  3. Me ha gustado la lectura ya que habla acerca de que nos hace falta Dios en nuestras vidas, Yaque le damos más importancia a otras cosas, olvidando o dejando a un lado a Dios.
    -Aldo Ixtlapale

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