domingo, 30 de diciembre de 2012

Nace una parroquia en Jesús María. El Marqués, Qro.

Hoy, 30 de diciembre de 2012 ha sido fundada nuestra parroquia de Jesús María y José. Ha sido el acontecimiento más grande e importante, sin duda, en la historia de nuestra comunidad. Se supone que el que esto escribe diría unas palabras al final de la misa. No hubo oportunidad para todo lo que había que decir, sólo para la primera parte, en la que se le agradece al Obispo de Querétaro y se le entrega un reconocimiento. Reproduzco acá el discurso completo que tenía preparado, porque sirve un poco de reseña también:


JESÚS, MARÍA Y JOSÉ
Erección parroquial. 30/diciembre/2012. Palabras de reconocimientos.

Hoy es un día histórico. Esta celebración que nos congrega pasará a la historia dejando su huella. Las generaciones futuras podrán referirse de esta manera al acontecimiento que nos congrega hoy: “aquel día en que se erigió la primera parroquia de la gestión episcopal de Don Faustino Armendáriz Jiménez, IX Obispo de la diócesis de Querétaro, siendo su primer párroco, el Señor cura Nabor Fonseca García”, y habrán de dar gracias a Dios, por tan bello regalo de su Providencia: una nueva parroquia.
Es la Providencia de Dios, su bondad y su infinita misericordia, la que ha hecho posible que múltiples factores confluyeran en este acontecimiento extraordinario. Fue providencial, por una parte, la historia de estos pueblos situados en los valles centrales de nuestro estado, al amparo de las grandes haciendas y de la naciente vida ejidal. Ha sido la fe de nuestros antepasados, de nuestros padres y abuelos, la raíz de nuestras ansias por trabajar en los distintos apostolados. Esa fe ha dado su fruto como la tierra. Y ha sido bendecida por Dios con este regalo de una nueva parroquia. Providencial también ha sido el extraordinario crecimiento demográfico de esta zona, debido al impulso económico de la industria y a la consecuente inmigración de tantas personas que, como nosotros, buscan y buscamos echar raíces sin perder nuestra fe cristiana.
Ha sido providencial la voluntad de nuestro Señor Obispo, don Faustino. Inspirado por la acción del Espíritu Santo ha tenido a bien aprobar el proyecto de esta erección parroquial. No está desprovista su decisión de estudios exhaustivos y de minuciosas revisiones; pero lo más importante es que esta decisión responde a la misión evangelizadora que es menester prodigar para bien de los fieles cristianos. Se lo agradecemos de todo corazón, tanto los miembros de las comunidades vecinas, como los de esta comunidad que los acoge cordialmente. Gracias, Señor Obispo don Faustino. Le reconocemos el favor de su decisión para con nosotros.

Providencial también ha sido la voluntad de tantas personas que han aportado desinteresadamente su trabajo de distintas maneras para conservar, propagar, sembrar y acrecentar la fe de estas comunidades. Gracias a tantos catequistas, cantores, lectores, grupos juveniles, grupos de apostolado, encargados, misioneros de la Sagrada Familia y de otras Congregaciones, seminaristas, etc., que han dado su tiempo y sus fuerzas. Gracias al impulso que los movió y los mueve. Gracias al ejemplo que nos han dado para llegar a este dichoso momento. No cabría mencionarlos a todos en unos cuantos párrafos, ni a quienes son de esta, ni a quienes son de las otras comunidades hermanas. Les reconocemos su esfuerzo y su aporte en el nombre de Dios.

Fue también providencial que alguien tuviese la voluntad, el deseo de ayudar a este pueblo, construyendo y donando el templo. El impulso económico, el trabajo dado a las familias y el interés de su familia por la vida de esta comunidad, han inspirado también no pocas actividades, principalmente luego de la efervescencia post-conciliar para el involucramiento en el trabajo eclesial desde la sana secularización. Agradecemos, entonces, al Sr. Adán Rentería Lomelí y le otorgamos el reconocimiento que le es debido en la persona de su hijo don Adán Rentería Moreno y de su prometedor y no menos digno nieto, el joven Adán Rentería Quiroz.

La Providencia de Dios nos ha asistido, pues, sin cesar, de muchas maneras y con distintas personas. Hasta ahora hemos coronado como Patrona de nuestra fe a la Virgen de Guadalupe; y lo seguiremos haciendo, sin duda, adicionalmente al hecho de encomendarnos a la Sagrada Familia de Nazareth, a Jesús, a María y a José. Hoy más que nunca urge el patrocinio de la Familia Sacra, para que inspire y proteja nuestras familias en estos tiempos de convulsión y de zozobra contra la principal institución de la sociedad. De manera providencial nos han asistido excelentes párrocos y sacerdotes desde la parroquia de San Pedro, en La Cañada. Recordamos al Padre Guadalupe Mendoza, quien recibió la donación del templo de nuestra comunidad en 1976. Recordamos entrañablemente al Padre Lorenzo Cervantes, quien con su recio carácter y su entrega silenciosa a su hermosa vocación, supo propiciar y favorecer por 25 años el trabajo de los distintos apostolados, abrió las puertas al trabajo de las congregaciones, impulsó el trabajo por comunidades y la invaluable labor de la catequesis por grados. Desde el Cielo deberá estar abogando por nosotros para que llegase este día memorable. Nuestro reconocimiento a él y a nuestro principal impulsor del proyecto de parroquia, el Presbítero Licenciado J. Carmen Javier Olvera Servín, quien será recordado por la intensidad de su esfuerzo para conseguir que nuestras comunidades tuviesen este favor divino. Muchas gracias, Padre, por tanto esfuerzo y dedicación. Dios lo bendiga siempre.

No menos importante será reconocer la estrecha relación y el interés, así como la voluntad de nuestras autoridades civiles del municipio. Gracias al C. Enrique Vega, Presidente Municipal de El Marqués, porque ha sabido impulsar lo necesario para que este proyecto de parroquia se vea consumado. Gracias por aportar los materiales, la logística, el trabajo del municipio en favor nuestro. Sabemos que es parte de su trabajo y su compromiso; pero no sería posible sin la falta de voluntad que bien ha sabido otorgar gentilmente. Muchas gracias.

Y por si no fuera suficiente, la Providencia de Dios nos ha favorecido con un párroco excelente. Un joven sacerdote, carismático y talentoso. Agradezcamos a Dios por el Padre Nabor Fonseca García, quien vivirá entre nosotros como pastor. Sepamos escucharlo y apoyarlo en todo lo que necesite, orando a Dios para que se santifique y nos ayude a santificarnos a todos, fieles cristianos de esta nueva parroquia de Jesús María y José, para mayor gloria de Dios, como decía San Ignacio de Loyola. Que el Padre Nabor sepa entregar su vida al servicio de su parroquia, a ejemplo del Santo cura de Ars, San Juan María Vianney. Hoy queremos agradecerle a Dios por él y reconocerle su obediencia con el Obispo y su valentía para afrontar este reto de fundar una parroquia. Enhorabuena.

No podemos dejar pasar la oportunidad para reconocer a todas las personas que han colaborado para lograr este acontecimiento y esta celebración. Gracias a las personas de las comunidades de la nueva parroquia por su apoyo invaluable, a los encargados de este templo, a quienes pertenecen a cada uno de los apostolados y han dado su esfuerzo y su apoyo; a los jóvenes que están sirviendo y organizando el momento para la comida, al coro, a quienes limpiaron, pintaron o embellecieron, tanto el templo, como las calles; gracias a las familias que traen la comida; gracias a quienes participan en la liturgia; gracias a quienes donan el adorno, las ofrendas y todo lo que se ha dado para esta celebración; y en especial, muchas gracias a quien ha coordinado el programa y el desarrollo de este proyecto, el Dr. Román Bolaños González. Que Dios los bendiga. Un aplauso para todos. Muchas gracias.

lunes, 24 de diciembre de 2012

La Natividad de Jesús

Me hacen llegar dos reflexiones para esta Navidad. Las comparto por tan bellas y significativas para un servidor. La primera me la comparte mi maestro y muy querido amigo, el Dr. Juan Carlos Moreno Romo. La segunda reflexión es de una religiosa escolapia que rebosa entrega a los demás y mucha santidad, la Madre Patricia Ugarte Macías. Van con todo y mensajes de e-mail:


"Queridos amigos,
Les comparto una reflexión de navidad, hecha por una santa filósofa, que me acaba de hacer llegar mi colega y amigo Eduardo Gonzáles Di Pierro. ¡Qué lejos están de la beatitud facilona y consumista que nos rodea! ¡Y cuánto más significativa, y profunda es su acogida del misterio de la natividad!" Juan Carlos Moreno Romo.

"Cuando los días se acortan paulatinamente [...] surgen tímida y calladamente los primeros pensamientos de la Navidad. De la sola palabra brota ya un encanto especial, al cual apenas un corazón puede presentar resistencia. Aquellos que no comparten nuestra fe y aún los no creyentes, para los cuales la vieja historia del Niño de Belén carece de significado, se preparan para esta festividad y discurren modos y maneras de encender aquí y allá un rayo de felicidad. Es como si desde semanas y meses atrás un cálido torrente de amor se desbordase sobre la tierra. Una fiesta de amor y alegría, esto es la estrella hacia la cual marchamos todos en los primeros meses de invierno. [...] La estrella de Belén es todavía hoy una estrella en la noche oscura. Apenas dos días después se quita la Iglesia las vestiduras blancas y se reviste del color de la sangre, al cuarto día del morado de la tristeza. San Esteban, el Protomártir, el primero que siguió al Señor en el martirio y los Santos Inocentes de Belén y de Judá, los niños de pecho brutalmente degollados por los soldados de Herodes, son el cortejo del Niño del Pesebre. ¿Qué significa esto? ¿Dónde está el júbilo de los ejércitos celestiales? ¿Dónde la callada beatitud de la Nochebuena? ¿Dónde la paz sobre la tierra? 'Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad'. Pero no todos tienen buena voluntad.
Es por eso que el Hijo del Eterno Padre tuvo que bajar desde la grandeza de su gloria a la pequeñez de la tierra, ya que el misterio de la iniquidad la había cubierto de las sombras de la noche".
EDITH STEIN / SANTA TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ. (De El misterio de la Navidad, en Obras Completas de Edith Stein).

Me pareció una reflexión muy certera, por eso la comparto. ¡Hagamos espacio en nuestro corazón, para ser pesebres vivientes de JESÚS! Con cariño

Patricia U.


SI DEJAS A DIOS
Si dejas a Dios entrar en tu vida, esté como esté...
Si decides amar a los que te rodean, te caigan bien o mal...
Si acoges a los emigrantes como hermanos e iguales...
Si compartes lo que eres y tienes con quienes te necesitan...
Es Navidad, vives la Navidad.

Si dejas a Dios desmantelar tu vida, te guste o no...
Si te tomas tiempo para estar con quienes solos están...
Si te abres al perdón y la reconciliación...
Si aportas luz a quienes andan buscando o perdiéndose...
Es Navidad, vives la Navidad.

Si dejas a Dios cargar las cargas que te hunden...
Si das lo mejor de ti sin hacer ruido y gratuitamente...
Si te aligeras de méritos, normas y compromisos...
Si eliges estar con los que nadie quiere estar...
Es Navidad, vives la Navidad.

Si dejas a Dios ser el sereno de la historia...
Si los rostros anónimos recuperan sus rasgos y nombres...
Si sabes detenerte donde señalan las estrellas...
Si acoges y das toda esa ternura que te llega...
Es Navidad, vives la Navidad.

Si dejas a Dios ser Dios como a él le gusta...
Si en silencio buscas luz, verdad y vida...
Si ningún camino te parece definitivo,
pero en los que eliges buscas su encuentro y rostro...
Es Navidad, vives la Navidad.

Florentino Ulibarri





¡Alegría para todo el pueblo! (Pagola)

Hay cosas que sólo la gente sencilla sabe captar. Verdades que sólo el pueblo es capaz de intuir. Alegrías que solamente los pobres pueden disfrutar.
Así es el nacimiento del Salvador en Belén. La gran alegría para todo el pueblo. No algo para ricos y gente pudiente. Un acontecimiento que sólo los cultos y sabios puedan entender. Algo reservado a minorías selectas. Es un acontecimiento popular. Una alegría para todo el pueblo.
Más aún. Son unos pobres pastores, considerados en la sociedad judía como gente poco honrada, marginados por muchos como pecadores, los únicos que están despiertos para escuchar la noticia. Hoy también es así, aunque, con frecuencia, las clases más pobres y marginadas hayan quedado muy distantes de nuestra Iglesia. Dios es gratuito, y es acogido más fácilmente por el pueblo pobre que por aquéllos que piensan poder adquirirlo todo con dinero. Dios es sencillo, y está más cerca del pueblo sencillo y simple que de aquéllos cuyas energías, esfuerzos y trabajos están obsesivamente dirigidos a tener siempre más.
Dios es bueno, y le entienden mejor los que saben quererse como hermanos que aquéllos que viven egoístamente, tratando de estrujarle a la vida toda clase de felicidad. Hoy sigue siendo verdad lo que insinúa el relato de la primera Navidad. Los pobres tienen un corazón más abierto al evangelio que aquellos que viven satisfechos. Su corazón encierra una «sensibilidad hacia el evangelio» que en los ricos ha quedado, con frecuencia, como atrofiada. Tienen razón los místicos cuando nos dicen que para acoger a Dios es necesario «vaciarnos», «despojarnos» y «volvernos pobres». Mientras vivamos buscando únicamente la satisfacción de todos nuestros deseos, ajenos al sufrimiento ajeno, conoceremos distintos grados de excitación, pero no la alegría que se anuncia a los pastores de Belén.
Mientras sigamos alentando nuestros deseos de posesión, no se podrá cantar entre nosotros la paz que se entonó en Belén: «La idea de que se puede fomentar la paz mientras se alientan los esfuerzos de posesión y lucro es una ilusión». Tendremos cada vez más cosas para disfrutar, pero no llenarán nuestro vacío interior, nuestro aburrimiento y soledad. Alcanzaremos logros cada vez más notables, pero crecerá entre nosotros la rivalidad, el antagonismo y la lucha despiadada.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Oración para el Adviento


Porque el mundo necesita
que el amor nunca se muera,
Ven, Señor, que se te espera.

Por doquiera cunde el frío
de las vanas relaciones.
Hay desdén, dolor, hastío,
diferencias, agresiones.
Oye nuestras oraciones
de esperanza verdadera.
Ven, Señor, que se te espera.

Estos tiempos de vacío,
desprovistos de ilusiones,
son momentos del impío,
caos, miedo, perdiciones.
Mándanos tus bendiciones
a esta tierra lastimera.
Ven, Señor, que se te espera.

Cuando todo está sombrío,
y no existen condiciones
para más que desvarío,
mezquindades, ambiciones,
en Ti tendremos opciones
de una eterna primavera.
Ven, Señor, que se te espera.

Porque el mundo necesita
que el amor nunca se muera,
Ven, Señor, que se te espera.

Que se abajen las montañas
de soberbia y de pereza.
Que nos muestre sus hazañas,
el Señor con su grandeza,
y se acabe la tristeza
del enfermo dondequiera.
Ven, Señor, que se te espera.

Que perezcan las extrañas
ansias duras de fiereza,
que los valles y las mañas
cedan ante la pureza
de la Gracia; y la certeza
de la vida sea primera.
Ven, Señor, que se te espera.

Oh, Presencia que no dañas,
sino infundes entereza,
nos consuelas y acompañas,
eres fuente de riqueza,
vencedora de tristeza
y de la terrible fiera.
Ven, Señor, que se te espera.

Porque el mundo necesita
que el amor nunca se muera,
Ven, Señor, que se te espera.

Infúndenos, pues, el gozo,
como a la Virgen María.
Que veamos el dichoso
nacimiento de aquel día,
en que el brillo majestuoso
de la estrella, tan grandioso
disipó toda quimera.
Ven, Señor, que se te espera.

El mundo menesteroso,
del Bautista aprendería,
si en lugar del mal sollozo,
acondiciona la vía,
el camino venturoso
del corazón ansioso
porque la Gracia se adhiera.
Ven, Señor, que se te espera.

Finiquítese el destrozo,
la injerencia, la osadía,
el impulso belicoso
del maligno; y la armonía
prevalezca en tono hermoso.
Que el don misericordioso
triunfe de cualquier manera.
Ven, Señor, que se te espera.

Porque el mundo necesita
que el amor nunca se muera,
Ven, Señor, que se te espera.

Ven, María, a nuestra casa
como hiciste con tu prima.
Tu cariño no se aplaza,
nos conforta, nos reanima.
Anticipa a toda raza
tu calor que nos abraza
para que tu Hijo nos quiera.
Ven, Señor, que se te espera.

Porque el mundo necesita
que el amor nunca se muera,
Ven, Señor, que se te espera.

martes, 4 de diciembre de 2012

Imploremos la Verdad. Oración

Para un Simposio de educación sobre el legado de una Santa: Paula Montal de San José de Calasanz. Su lema era "Salvar las familias enseñando a las niñas el Santo Temor de Dios". Y sobre José Vasconcelos, el célebre "apóstol de la educación" en México.

  Me tocó dirigir la oración. La compuse en verso y aquí está:


IMPLOREMOS LA VERDAD

Al Espíritu de Dios,
revestidos de humildad,
imploremos la Verdad.

Iniciemos nuestro encuentro
en presencia del Señor.
Que se digne ser el centro,
do se nutra nuestro ardor.
Que su inmenso resplandor
brille en nuestra oscuridad.
Imploremos la Verdad.

Si felices acudimos
al Simposio que nos llama,
este día, pues, pedimos
—nuestra esencia nos reclama—,
no la gloria, ni la fama,
sino entrega y humildad.
Imploremos la Verdad.

Que entendamos la riqueza,
la propuesta, el contenido,
la experiencia y la nobleza,
lo aportado y lo vivido
que se antepone al olvido
de estos seres: su heredad.
Imploremos la Verdad.

Al Espíritu de Dios,
revestidos de humildad,
imploremos la Verdad.

Que de José Vasconcelos
nos inspire el compromiso,
nos renueve los anhelos,
nos plantemos en el piso,
con espíritu sumiso
veamos su genialidad.
Imploremos la Verdad.

Que de Madre Paula estemos
convencidos de la vida,
urgentísimo es que demos
sin reserva ni medida
nuestra entrega decidida
por su ejemplo de bondad.
Imploremos la Verdad.

Que en los tiempos venideros,
asumamos nuestro reto
de cruzar por los senderos
del cariño y del respeto.
Que el esfuerzo sea completo
de educar en libertad.
Imploremos la Verdad.

Al Espíritu de Dios,
revestidos de humildad,
imploremos la Verdad.

No dejemos que el servicio
degenere hasta lo vano,
no resulte un desperdicio
confundido en lo mundano,
antes bien, sencillo y llano,
floreciente de piedad.
Imploremos la Verdad.

Infundamos los valores,
evangélicos, seguros,
ahuyentemos los temores
más recónditos y oscuros
con los ideales tan puros
de concordia y amistad.
Imploremos la Verdad.

Al Señor de la Creación
dirijamos nuestros ruegos,
en el gozo y la aflicción,
en los cánticos y juegos,
que en crecientes, claros fuegos,
promovamos dignidad.
Imploremos la Verdad.

Al Espíritu de Dios,
revestidos de humildad,
imploremos la Verdad.

No se calle nuestra boca,
ni se canse el corazón,
pues la eternidad nos toca,
si a la postre y la sazón
vibran por la caridad.
Imploremos la Verdad.

Que al final de la jornada
renovemos la esperanza,
contemplemos la mirada,
recobremos la confianza
en Aquel, cuya bonanza
se nos brinda en soledad.
Imploremos la Verdad.

Abrámosle, pues, la puerta
del corazón esforzado.
Permanezcamos alerta
con el pobre y humillado,
pues al fin que lo esperado
nos conserva en la unidad.
Imploremos la Verdad.

Al Espíritu de Dios,
revestidos de humildad,
imploremos la Verdad. AMÉN.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Necesidad de la comunicación responsable

Nunca está de más reciclar las palabras dichas para asentar posturas acerca de la responsabilidad deseable de los medios de comunicación, y de cualquier tema en general. Mas éste en particular nos ocupó tiempo ha y hoy lo queremos recordar.

Es de la autoría de quien esto escribe, pero ya había sido publicado en medios impresos y en: http://periodismocatolico.com/2008/07/03/necesidad-de-la-comunicacion-responsable/

NECESIDAD DE LA COMUNICACIÓN RESPONSABLE
En la pasada XLII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Papa Benedicto XVI nos señala virtudes y carencias de la comunicación.

En la pasada XLII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Papa Benedicto XVI nos señala virtudes y carencias de la comunicación. Más concretamente de los medios de comunicación. El mensaje llega a nuestra circunstancia en un momento verdaderamente apropiado, pues por una parte se habla en la prensa acerca de la peligrosidad con la que los comunicadores exponen su trabajo en un ambiente de amenazas a “la libertad de expresión”, y por otra parte, en el momento preciso en el que también se tiende a injuriar y a dañar sin pruebas y sin pudor arguyendo la misma “libertad de expresión”.
Tenemos, entonces, las dos fases de un mismo problema: la libertad de expresión. ¿Se da una plena libertad para exhibir e investigar casos problemáticos, cuya estructura debiera suscitarnos un ejercicio de conciencia y reflexión y así mejorar como ciudadanos y, más aún, como cristianos? O, por contrapartida ¿encontramos una plena irresponsabilidad por parte de ciertos comunicadores al no tener una mínima pizca de ética profesional y, antes bien, destrozan con su lenguaje y su pretendida libertad de expresión a quienes se acusa sin fundamento aún explícito y demostrado? Seguramente habrá un poco de ambas cosas, empero, vale la pena evocar lo que nuestro pastor, el Papa, nos invita a reflexionar: «con respecto a algunos acontecimientos los medios no se utilizan para una adecuada función de información, sino para "crear" los acontecimientos mismos»; y es por ello que irresponsablemente los comunicadores tienden a caer en la trampa de condenar antes de tiempo o de ofrecer adjetivos impropios a las personas, principalmente si se trata de sacerdotes católicos. Se suman a la violencia mimética, al escarnio y al linchamiento desde el poder de sus trincheras de la comunicación, insistimos, sin sentido de la ética de su trabajo. Se adelanta el juicio antes de cualquier investigación y se omite acercarse a las posturas oficiales de las partes en conflicto. La objetividad queda de lado y abre paso al sensacionalismo, peor aún, se causa el daño moral irreversible con la injuria y la mentira.
Urge que como cristianos llevemos a la práctica la búsqueda de la Verdad, al tiempo que pongamos dicha búsqueda al servicio de los demás, tal como nos recomienda nuestro Santo Padre: «que no falten comunicadores valientes y testigos auténticos de la verdad».
No olvidemos que los pensamientos de Dios no son los pensamientos de los hombres, pues Dios no mira las apariencias como el hombre, sino al corazón (1 Sam. 16,7). Asimismo, nuestros hermanos en la fe, los primeros mártires supieron actuar según los designios de Dios al entregar sus propias vidas a los acusadores partidarios del linchamiento. Sólo así se comprende que los verdaderos cristianos sean capaces de perdonar. Procuremos siempre el bien de la persona. «Se trata de realidades que influyen profundamente en todas las dimensiones de la vida humana —nos dice el Papa— (moral, intelectual, religiosa, relacional, afectiva, cultural), poniendo en juego el bien de la persona, es necesario (entonces) reafirmar que no todo lo que es técnicamente posible es también éticamente realizable»
«Hay que evitar que los medios de comunicación social se conviertan en megáfono del materialismo económico y del relativismo ético. La verdad que nos hace libres es Cristo, porque sólo él puede responder plenamente a la sed de vida y de amor que existe en el corazón humano. Quien lo ha encontrado y se apasiona por su mensaje, experimenta el deseo incontenible de compartir y comunicar esta verdad». Sea, pues, nuestro compromiso como comunicadores cristianos y nuestra exigencia ante los embates de nuestros hermanos que poseen los medios de comunicación en general.

Julián Hernández Castelano (México)

miércoles, 31 de octubre de 2012

El amor nunca sobra

En el V aniversario de la publicación de este artículo mío, lo importo a mi blog con el afán de que perdure y sea releído.

EL AMOR NUNCA SOBRA

lunes, 29 de octubre de 2012

Hora santa para la víspera de todos santos


PROPUESTA DE HORA SANTA PARA LA VÍSPERA DE TODOS SANTOS




1.      Canto de entrada: Venimos ante ti, Señor.

2.      Exposición del Santísimo y rezo de la estación. Todos de rodillas.

3.      Introducción general. Sobre la entrega de Jesús por nosotros.

Un solo lector guía. Pueden estar sentados.

(De la Homilía de Melitón de Sardes, obispo, Sobre la Pascua)

Los profetas predijeron muchas cosas sobre el misterio pascual, que es el mismo Cristo, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Él vino del cielo a la tierra para remediar los sufrimientos del hombre; se hizo hombre en el seno de la Virgen, y de ella nació como hombre; cargó con los sufrimientos del hombre, mediante su cuerpo, sujeto al dolor, y destruyó los padecimientos de la carne, y él, que era inmortal por el Espíritu, destruyó el poder de la muerte que nos tenía bajo su dominio.

Él fue llevado como una oveja y muerto corno un cordero; nos redimió de la seducción del mundo, como antaño de Egipto, y de la esclavitud del demonio, como antaño del poder del Faraón; selló nuestras almas con su Espíritu y los miembros de nuestro cuerpo con su sangre.

Él, aceptando la muerte, sumergió en la derrota a Satanás, como Moisés al Faraón. Él castigó la iniquidad y la injusticia, del mismo modo que Moisés castigó a Egipto con la esterilidad.

Él nos ha hecho pasar de la esclavitud a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de la tiranía al reino eterno, y ha hecho de nosotros un sacerdocio nuevo, un pueblo elegido, eterno. Él es la Pascua de nuestra salvación.

Él es quien sufría tantas penalidades en la persona de muchos otros: él es quien fue muerto en la persona de Abel y atado en la persona de Isaac, él anduvo peregrino en la persona de Jacob y fue vendido en la persona de José, él fue expósito en la persona de Moisés, degollado en el cordero pascual, perseguido en la persona de David y vilipendiado en la persona de los profetas.

Él se encarnó en el seno de la Virgen, fue colgado en el madero, sepultado bajo tierra y, resucitando de entre los muertos, subió a lo más alto de los cielos.

Éste es el cordero que permanecía mudo y que fue inmolado; éste es el que nació de María, la blanca oveja; éste es el que fue tomado de entre la grey y arrastrado al matadero, inmolado al atardecer y sepultado por la noche; éste es aquel cuyos huesos no fueron quebrados sobre el madero y que en la tumba no experimentó la corrupción; éste es el que resucitó de entre los muertos y resucitó al hombre desde las profundidades del sepulcro.

Se guarda silencio para meditar brevemente lo leído.

4.      Canto. El Señor nos ha reunido.

5.      PRIMER MOMENTO. ACTO DE FE.

a)      Monición.
El monitor debe ser un lector distinto. Puede ser uno solo para todas las moniciones. La lectura debe ser pausada y muy enfática en su pronunciación, además de clara, desde luego.

«La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él (cf. Jn 17, 22). Profesar la fe en la Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo– equivale a creer en un solo Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4, 8): el Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor. (Porta Fidei, 1)

b)      Lectura bíblica sobre la fe. La Anunciación y la respuesta de la Virgen María. Lc. 1, 26-38.
Para ésta y todas las lecturas bíblicas la postura debe ser de pie. Lector especial.

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

c)      Momento de silencio para meditar la respuesta generosa de María. Respuesta llena de fe y modelo para nosotros. Lo puse en letras negras porque hay que leerlas y hacerlas explícitas.

d)     Canto. Angellus (El ángel del Señor)

e)      La fe de los santos como ejemplo para nosotros. Reflexión.

Lector guía.

Apresurémonos hacia los hermanos que nos esperan
(De los sermones de san Bernardo, abad. Sermón2: Opera omnia, edición cisterciense, 5)

¿De qué sirven a los santos nuestras alabanzas, nuestra glorificación, esta misma solemnidad que celebramos? ¿De qué les sirven los honores terrenos, si reciben del Padre celestial los honores que les había prometido verazmente el Hijo? ¿De qué les sirven nuestros elogios? Los santos no necesitan de nuestros honores, ni les añade nada nuestra devoción. Es que la veneración de su memoria redunda en provecho nuestro, no suyo. Por lo que a mí respecta, confieso que, al pensar en ellos, se enciende en mí un fuerte deseo.

El primer deseo que promueve o aumenta en nosotros el recuerdo de los santos es el de gozar de su compañía, tan deseable, y de llegar a ser conciudadanos y compañeros de los espíritus bienaventurados, de convivir con la asamblea de los patriarcas, con el grupo de los profetas, con el senado de los apóstoles, con el ejército incontable de los mártires, con la asociación de los confesores con el coro de las vírgenes, para resumir, el de asociarnos y alegrarnos juntos en la comunión de todos los santos. Nos espera la Iglesia de los primogénitos, y nosotros permanecemos indiferentes; desean los santos nuestra compañía, y nosotros no hacemos caso; nos esperan los justos, y nosotros no prestamos atención.

Despertémonos, por fin, hermanos; resucitemos con Cristo, busquemos los bienes de arriba, pongamos nuestro corazón en los bienes del cielo. Deseemos a los que nos desean, apresurémonos hacia los que nos esperan, entremos a su presencia con el deseo de nuestra alma. Hemos de desear no sólo la compañía, sino también la felicidad de que gozan los santos, ambicionando ansiosamente la gloria que poseen aquellos cuya presencia deseamos. Y esta ambición no es mala, ni incluye peligro alguno el anhelo de compartir su gloria.

El segundo deseo que enciende en nosotros la conmemoración de los santos es que, como a ellos, también a nosotros se nos manifieste Cristo, que es nuestra vida, y que nos manifestemos también nosotros con él, revestidos de gloria. Entretanto, aquel que es nuestra cabeza se nos representa no tal como es, sino tal como se hizo por nosotros, no coronado de gloria, sino rodeado de las espinas de nuestros pecados. Teniendo a aquel que es nuestra cabeza coronado de espinas, nosotros, miembros suyos, debemos avergonzarnos de nuestros refinamientos y de buscar cualquier púrpura que sea de honor y no de irrisión. Llegará un día en que vendrá Cristo, y entonces ya no se anunciará su muerte, para recordaros que también nosotros estamos muertos y nuestra vida está oculta con él. Se manifestará la cabeza gloriosa y, junto con él, brillarán glorificados sus miembros, cuando transfigurará nuestro pobre cuerpo en un cuerpo glorioso semejante a la cabeza, que es él.

Deseemos, pues, esta gloria con un afán seguro y total. Mas, para que nos sea permitido esperar esta gloria y aspirar a tan gran felicidad, debemos desear también, en gran manera, la intercesión de los santos, para que ella nos obtenga lo que supera nuestras fuerzas.


f)       Silencio para meditar esta enseñanza de los santos.

g)      Canto. Un solo Señor.

h)      Preces.

PRECES (De pie)

Acudamos alegres, a nuestro Dios, corona de todos los santos, y digámosle:

  R/  Por intercesión de todos los santos, sálvanos, Señor.

Dios nuestro, fuente y origen de toda sabiduría, que por tu Hijo Jesucristo has hecho de los apóstoles fundamento de la Iglesia,
    concédenos ser totalmente fieles a la fe que ellos enseñaron.

Tú que otorgaste a los mártires fortaleza para dar testimonio de ti hasta derramar su sangre,
    concede a todos los cristianos ser fieles testigos de tu Hijo.

Tú que concediste a las vírgenes el don insigne de imitar a Cristo en su virginidad,
    haz que sepamos ver siempre su virginidad consagrada como un signo del reino futuro.

Tú que has manifestado en los santos tu presencia, tu grandeza y tu perfección,
    haz que los fieles, al venerarlos, se sientan unidos a ti.

(Se pueden añadir algunas intenciones libres.)

Concede, Señor, a todos los difuntos gozar siempre de la compañía de María, de san José y de todos los santos,
    y, por su intercesión, dales parte en la alegría de tu reino.

i)        Oración. Dios todopoderoso y eterno, que nos has otorgado celebrar en una misma fiesta los méritos de todos los santos, concédenos, por esta multitud de intercesores, la deseada abundancia de tu misericordia y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo.

6.      ACTO DE ESPERANZA.

a)      Monición.

La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando «hasta el extremo», «hasta el total cumplimiento» (cf. Jn 13,1; 19,30). Quien ha sido tocado por el amor empieza a intuir lo que sería propiamente « vida ». Empieza a intuir qué quiere decir la palabra esperanza que hemos encontrado en el rito del Bautismo: de la fe se espera la « vida eterna », la vida verdadera que, totalmente y sin amenazas, es sencillamente vida en toda su plenitud. Jesús que dijo de sí mismo que había venido para que nosotros tengamos la vida y la tengamos en plenitud, en abundancia (cf. Jn 10,10), nos explicó también qué significa « vida »: « Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo » (Jn 17,3). La vida en su verdadero sentido no la tiene uno solamente para sí, ni tampoco sólo por sí mismo: es una relación. Y la vida entera es relación con quien es la fuente de la vida. Si estamos en relación con Aquel que no muere, que es la Vida misma y el Amor mismo, entonces estamos en la vida. Entonces «vivimos». (Spe Salvi, 27)
Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme –cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar–, Él puede ayudarme. Si me veo relegado a la extrema soledad… esa gran esperanza que no se apaga ni siquiera en las noches de la soledad. (Spe Salvi, 32)

b)      Canto. Más allá del sol.

c)      Ofrecimiento de la oración por las benditas almas del santo purgatorio.

¡Padre celestial! ¡Padre amorosísimo! que para salvar las almas quisiste que tu Hijo unigénito, haciéndose hombre, se sujetase a la vida más pobre y mortificada y derramase su sangre en la cruz por nuestro amor ¿Cómo dejarías sufrir largo tiempo en el purgatorio a unas almas que tanto costaron a Jesucristo y que son tus hijas amadísimas? ¿Cómo permitirías que fuese malograda sangre de tan gran valor? Compadécete, pues, de estas pobrecitas almas y líbralas de sus penas y tormentos. Compadécete también de las nuestras y líbralas de la esclavitud del vicio. Y si tu justicia pide satisfacción por las culpas cometidas te ofrecemos las obras buenas que hagamos en estos días. ¡Ah!, de ningún valor, son en verdad; pero las unimos con los méritos infinitos de tu Hijo divino, con los dolores de su Madre Santísima y con las virtudes heroicas de cuantos han existido en la tierra. Míranos a todos, vivos y difuntos, con ojos de compasión y haz que celebremos un día tus misericordias en el eterno descanso de la gloria, Amén.

d)     Dies irae… Antiguamente existía en la Liturgia de la Iglesia este himno musicalizado por Mozart para encomendar solemnemente las almas de los fieles difuntos a la misericordia de Dios. Hoy lo recordamos, lo meditamos y lo hacemos nuestro para completar nuestra oración por cada uno de los difuntos de nuestras familias, nuestra comunidad, nuestra sociedad y el mundo entero. (Pueden estar de rodillas mientras se recita el himno a dos voces, con dos lectores, uno lee el latín y el otro repite en español. La lectura debe ser pausada y enfática)

Texto original en latín
Dies iræ, dies illa,
Solvet sæclum in favilla,
Teste David cum Sibylla !

Quantus tremor est futurus,
quando iudex est venturus,
cuncta stricte discussurus !

Tuba mirum spargens sonum
per sepulcra regionum,
coget omnes ante thronum.

Mors stupebit et Natura,
cum resurget creatura,
iudicanti responsura.

Liber scriptus proferetur,
in quo totum continetur,
unde Mundus iudicetur.

Iudex ergo cum sedebit,
quidquid latet apparebit,
nil inultum remanebit.

Quid sum miser tunc dicturus ?
Quem patronum rogaturus,
cum vix iustus sit securus ?

Rex tremendæ maiestatis,
qui salvandos salvas gratis,
salva me, fons pietatis.

Recordare, Iesu pie,
quod sum causa tuæ viæ ;
ne me perdas illa die.

Quærens me, sedisti lassus,
redemisti crucem passus,
tantus labor non sit cassus.

Iuste Iudex ultionis,
donum fac remissionis
ante diem rationis.

Ingemisco, tamquam reus,
culpa rubet vultus meus,
supplicanti parce Deus.

Qui Mariam absolvisti,
et latronem exaudisti,
mihi quoque spem dedisti.

Preces meæ non sunt dignæ,
sed tu bonus fac benigne,
ne perenni cremer igne.

Inter oves locum præsta,
et ab hædis me sequestra,
statuens in parte dextra.

Confutatis maledictis,
flammis acribus addictis,
voca me cum benedictis.

Oro supplex et acclinis,
cor contritum quasi cinis,
gere curam mei finis.

Lacrimosa dies illa,
qua resurget ex favilla

iudicandus homo reus.
Huic ergo parce, Deus.

Pie Iesu Domine,
dona eis requiem. Amen.
Traducción
Día de la ira, aquel día
en que los siglos se reduzcan a cenizas;
como testigos el rey David y la Sibila.

¡Cuánto terror habrá en el futuro
cuando el juez haya de venir
a juzgar todo estrictamente!

La trompeta, esparciendo un sonido admirable
por los sepulcros de todos los reinos
reunirá a todos ante el trono.

La muerte y la Naturaleza se asombrarán,
cuando resucite la criatura
para que responda ante su juez.

Aparecerá el libro escrito
en que se contiene todo
y con el que se juzgará al mundo.

Así, cuando el juez se siente
lo escondido se mostrará
y no habrá nada sin castigo.

¿Qué diré yo entonces, pobre de mí?
¿A qué protector rogaré
cuando apenas el justo esté seguro?

Rey de tremenda majestad
tú que, salvas gratuitamente,
sálvame, fuente de piedad.

Acuérdate, piadoso Jesús
de que soy la causa de tu calvario;
no me pierdas en este día.

Buscándome, te sentaste agotado
me redimiste sufriendo en la cruz
no sean vanos tantos trabajos.

Justo juez de venganza
concédeme el regalo del perdón
antes del día del juicio.

Grito, como un reo;
la culpa enrojece mi rostro.
Perdona, Señor, a este suplicante.

Tú, que absolviste a Magdalena
y escuchaste la súplica del ladrón,
me diste a mí también esperanza.

Mis plegarias no son dignas,
pero tú, al ser bueno, actúa con bondad
para que no arda en el fuego eterno.

Colócame entre tu rebaño
y sepárame de los machos cabríos
situándome a tu derecha.

Confundidos los malditos
arrojados a las llamas voraces,
hazme llamar entre los benditos.

Te lo ruego, suplicante y de rodillas,
el corazón acongojado, casi hecho cenizas:
hazte cargo de mi destino.

Día de lágrimas será aquel renombrado día
en que resucitará, del polvo

para el juicio, el hombre culpable.
A ese, pues, perdónalo, oh Dios.

Señor de piedad, Jesús,
concédeles el descanso. Amén.



e)      Reflexión: Muramos con Cristo, y viviremos con él.

(Del libro de san Ambrosio, obispo, sobre la muerte de su hermano Sátiro. Libro 2,40. 41. 132. 133) Pueden sentarse.

Vemos que la muerte es una ganancia, y la vida un sufrimiento. Por esto, dice san Pablo: Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Cristo, a través de la muerte corporal, se nos convierte en espíritu de vida. Por tanto, muramos con él, y viviremos con él.

En cierto modo, debemos irnos acostumbrando y disponiendo a morir, por este esfuerzo cotidiano, que consiste en ir separando el alma de las concupiscencias del cuerpo, que es como irla sacando fuera del mismo para colocarla en un lugar elevado, donde no puedan alcanzarla ni pegarse a ella los deseos terrenales, lo cual viene a ser como una imagen de la muerte, que nos evitará el castigo de la muerte. Porque la ley de la carne está en oposición a la ley del espíritu e induce a ésta a la ley del error. ¿Qué remedio hay para esto? ¿Quién me librará de este cuerpo presa de la muerte? Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, y le doy gracias.

Tenemos un médico, sigamos sus remedios. Nuestro remedio es la gracia de Cristo, y el cuerpo presa de la muerte es nuestro propio cuerpo. Por lo tanto, emigremos del cuerpo, para no vivir lejos del Señor; aunque vivimos en el cuerpo, no sigamos las tendencias del cuerpo ni obremos en contra del orden natural, antes busquemos con preferencia los dones de la gracia.

¿Qué más diremos? Con la muerte de uno solo fue redimido el mundo. Cristo hubiese podido evitar la muerte, si así lo hubiese querido; mas no la rehuyó como algo inútil, sino que la consideró como el mejor modo de salvarnos. Y, así, su muerte es la vida de todos.

Hemos recibido el signo sacramental de su muerte, anunciamos y proclamamos su muerte siempre que nos reunimos para ofrecer la eucaristía; su muerte es una victoria, su muerte es sacramento, su muerte es la máxima solemnidad anual que celebra el mundo.

¿Qué más podremos decir de su muerte, si el ejemplo de Cristo nos demuestra que ella sola consiguió la inmortalidad y se redimió a sí misma? Por esto, no debemos deplorar la muerte, ya que es causa de salvación para todos; no debemos rehuirla, puesto que el Hijo de Dios no la rehuyó ni tuvo en menos el sufrirla.

Además, la muerte no formaba parte de nuestra naturaleza, sino que se introdujo en ella; Dios no instituyó la muerte desde el principio, sino que nos la dio como remedio. En efecto, la vida del hombre, condenada, por culpa del pecado, a un duro trabajo y a un sufrimiento intolerable, comenzó a ser digna de lástima: era necesario dar fin a estos males, de modo que la muerte resituyera lo que la vida había perdido. La inmortalidad, en efecto, es más una carga que un bien, si no entra en juego la gracia.

Nuestro espíritu aspira a abandonar las sinuosidades de esta vida y los enredos del cuerpo terrenal y llegar a aquella asamblea celestial, a la que sólo llegan los santos, para cantar a Dios aquella alabanza que, como nos dice la Escritura, le cantan al son de la cítara: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos! ¿Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo, porque vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento; y también para contemplar, Jesús, tu boda mística, cuando la esposa en medio de la aclamación de todos, será transportada de la tierra al cielo –a ti acude todo mortal–, libre ya de las ataduras de este mundo y unida al espíritu.

Este deseo expresaba, con especial vehemencia, el salmista, cuando decía: Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida y gozar de la dulzura del Señor.

f)       Silencio para meditar esta reflexión. Pueden hacer un momento de oración de rodillas.

g)      Canto. María ven.

h)      Oración.
Todos de pie.
Escucha, Señor, nuestras súplicas, para que, al confesar la resurrección de Jesucristo, tu Hijo, se afiance también nuestra esperanza de que todos tus hijos resucitarán. Por nuestro Señor Jesucristo.

7.      ACTO DE CARIDAD.

a)      Canto. Todo mi ser canta hoy.

b)      El amor nunca sobra.
Pueden escuchar sentados.
«Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». Así nos dice el evangelio de San Juan. ¿Y cuál es ese amor hasta el extremo al que se refiere? Ni más ni menos que la mismísima entrega en sacrificio voluntario, de una víctima inocente y pura que habría de sucumbir ante los acusadores que lo convirtieron en la víctima propiciatoria. Y era necesaria su entrega para luego triunfar desde la cruz y hasta la resurrección.

El amor hasta el extremo es la misma entrega. Es el perder la propia individualidad, la propia integridad, si se quiere, para manifestar con tremendos hechos la indubitabilidad del triunfo del mismo amor en cualquier circunstancia.

En efecto, si hemos de amar hasta parecer exagerados, no está demás, no sobra ese amor. Si las situaciones de la vida nos imponen pesadas cargas como la enfermedad terminal de un familiar, un malestar personal, la muerte de un ser querido, el miedo, el frío, la soledad, la dificultad en lo que hagamos, debemos pensar y saber que podemos sentir el amor de los nuestros, pero aún más, podemos nosotros mismos acudir a dar amor, tal como reza la oración del frailecito virtuoso de Asís: “Maestro, ayúdame a nunca buscar / el ser consolado, sino consolar / ser entendido, sino entender / ser amado, sino yo amar”. Porque se nos habla tanto de los traumas, los ambientes que propician familias disfuncionales, la discriminación, el rechazo social, la polarización política, la pobreza, la justicia social que no llega, etc., pero apenas tenemos tiempo de preguntarnos qué estamos haciendo efectivamente nosotros. Podemos ofrecer nuestras manos para levantarlas en reclamo y exigencias de nuestros derechos, así como nuestros gritos clamando justicia, podemos opinar y sugerir mejores acciones del gobierno, podemos callar y pensar para nuestros adentros: “cada quien su vida y su criterio”, podemos sentir lástima por los que sufren y esperar que no nos pase a nosotros… Aunque la verdad es que en todo ello falta la esencia amorosa. Esa es la solución que el mundo nos incita a proponer.

Como sea, también podríamos detenernos un momento, salvar lo oscuro y el encierro de nuestra intimidad personal, mirarnos cara a cara con nosotros mismos y reconocer que también podemos ofrecer nuestra cercanía con quienes están sufriendo a nuestro alrededor, podemos abrazar, orar con ellos, apoyarles, reanimarles, dejar de quejarnos por pretender ser las víctimas, pues al cabo siendo víctima el amor que el mismo Jesús prodigó a sus amigos fue un amor activo, hasta el extremo. El amor, pues, nunca sobra, ni aunque pueda parecer exagerado. No le cerremos las puertas. Dejemos que se dé con nosotros a los demás, como Jesús lo hizo.

c)      Canto. Hazme un instrumento de tu paz.

d)     Los santos y la caridad.

En la comunión de los santos, "ninguno de nosotros vive para sí mismo, como tampoco muere nadie para sí mismo" (Rm 14,7). "Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte" (1 co 12, 26-27). "La caridad no busca su interés" ( 1 Co 13,5)

El menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos. Todo pecado daña a esta comunión.

Los santos fueron los campeones de la fe, la esperanza y especialmente de la caridad, es decir, del amor.

El amor al prójimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es también para toda la comunidad eclesial, y esto en todas sus dimensiones: desde la comunidad local a la Iglesia particular, hasta abarcar a la Iglesia universal en su totalidad. También la Iglesia en cuanto comunidad ha de poner en práctica el amor. En consecuencia, el amor necesita también una organización, como presupuesto para un servicio comunitario ordenado. La Iglesia ha sido consciente de que esta tarea ha tenido una importancia constitutiva para ella desde sus comienzos: « Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían sus posesiones y bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno » (Hch 2, 44-45). Lucas nos relata esto relacionándolo con una especie de definición de la Iglesia, entre cuyos elementos constitutivos enumera la adhesión a la « enseñanza de los Apóstoles », a la « comunión » (koinonia), a la « fracción del pan » y a la « oración » (cf. Hch 2, 42). La « comunión » (koinonia), mencionada inicialmente sin especificar, se concreta después en los versículos antes citados: consiste precisamente en que los creyentes tienen todo en común y en que, entre ellos, ya no hay diferencia entre ricos y pobres (cf. también Hch 4, 32-37). (Deus caritas est, 20)

e)      Canto. Dios es amor.

f)       Preces.

De pie

Dirijámonos a nuestro Señor, que ha querido quedarse con nosotros en su forma sacramental para pedirle que acreciente nuestra capacidad de sentirle y dar testimonio de su encuentro. Decimos todos: Te rogamos, óyenos.

Por los fieles cristianos, para que a ejemplo de los santos, tengamos también la capacidad para lograr con heroísmo la vivencia de las virtudes teologales. Oremos.

Por la Iglesia, por el Papa, los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, para que sepan aprender de los santos y con su ejemplo también ellos puedan llegar a dar un testimonio de la caridad de Dios. Oremos.

Por el pueblo de México, para que estas fiestas de todos santos y de los fieles difuntos, no se sustituyan con creencias o influencias extranjeras de la cultura de la muerte, sino que aprendamos más bien a respetar, impulsar y vivir cristianamente los tiempos de la liturgia. Oremos.

Por la Iglesia triunfante, es decir, por los santos que ya gozan de la presencia de Dios en el cielo, para que intercedan y pidan por nosotros, quienes aún vivimos con la esperanza del premio eterno. Oremos.

Por la Iglesia purgante, nuestros fieles difuntos, para que Dios les conceda la pronta purificación de sus almas, olvide sus culpas y los acoja pronto en su morada en el Cielo. Oremos.

Por la Iglesia militante, los vivos, quienes estamos ahora en el mundo, para que aprendamos a sentir el amor de Dios y podamos llevarlo a los demás desde nuestras obras cotidianas, así como alabarle, bendecirle y glorificarle siempre. Oremos.

g)      Canto. El encuentro.

8.      CIERRE DE LA HORA SANTA.

De pie.
a)      Padre nuestro. Con la alegría y la certeza de tener la oración enseñada por el mismo Cristo, digamos confiadamente Padre nuestro…

b)      Oración final.

Señor todopoderoso, que te has hecho presente en medio de nosotros y que no niegas tu Espíritu Santo a quienes preparan su alma para recibirlo, nos ponemos en tus manos en esta noche y para siempre, agradecidos por haber participado en esta hora de acercamiento a ti en la oración. No nos abandones nunca, antes bien, danos la fuerza de tu Gracia para vivir con plenitud la grandeza de tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

c)      Bendición del santísimo. De rodillas.
d)     Canto de cierre. Exaltado sea Dios. De pie.

e)      Canto de salida. Demos gracias al Señor.