"Queridos amigos,
Les comparto una reflexión de navidad, hecha por una santa filósofa, que me acaba de hacer llegar mi colega y amigo Eduardo Gonzáles Di Pierro. ¡Qué lejos están de la beatitud facilona y consumista que nos rodea! ¡Y cuánto más significativa, y profunda es su acogida del misterio de la natividad!" Juan Carlos Moreno Romo.
"Cuando los días se acortan paulatinamente [...] surgen tímida y calladamente los primeros pensamientos de la Navidad. De la sola palabra brota ya un encanto especial, al cual apenas un corazón puede presentar resistencia. Aquellos que no comparten nuestra fe y aún los no creyentes, para los cuales la vieja historia del Niño de Belén carece de significado, se preparan para esta festividad y discurren modos y maneras de encender aquí y allá un rayo de felicidad. Es como si desde semanas y meses atrás un cálido torrente de amor se desbordase sobre la tierra. Una fiesta de amor y alegría, esto es la estrella hacia la cual marchamos todos en los primeros meses de invierno. [...] La estrella de Belén es todavía hoy una estrella en la noche oscura. Apenas dos días después se quita la Iglesia las vestiduras blancas y se reviste del color de la sangre, al cuarto día del morado de la tristeza. San Esteban, el Protomártir, el primero que siguió al Señor en el martirio y los Santos Inocentes de Belén y de Judá, los niños de pecho brutalmente degollados por los soldados de Herodes, son el cortejo del Niño del Pesebre. ¿Qué significa esto? ¿Dónde está el júbilo de los ejércitos celestiales? ¿Dónde la callada beatitud de la Nochebuena? ¿Dónde la paz sobre la tierra? 'Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad'. Pero no todos tienen buena voluntad.
Es por eso que el Hijo del Eterno Padre tuvo que bajar desde la grandeza de su gloria a la pequeñez de la tierra, ya que el misterio de la iniquidad la había cubierto de las sombras de la noche".
EDITH STEIN / SANTA TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ. (De El misterio de la Navidad, en Obras Completas de Edith Stein).
Me pareció una reflexión muy certera, por eso la comparto. ¡Hagamos espacio en nuestro corazón, para ser pesebres vivientes de JESÚS! Con cariño
Patricia U.
SI
DEJAS A DIOS
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Si dejas a Dios entrar en tu vida,
esté como esté...
Si decides amar a los que te rodean, te caigan bien o mal... Si acoges a los emigrantes como hermanos e iguales... Si compartes lo que eres y tienes con quienes te necesitan... Es Navidad, vives la Navidad. Si dejas a Dios desmantelar tu vida, te guste o no... Si te tomas tiempo para estar con quienes solos están... Si te abres al perdón y la reconciliación... Si aportas luz a quienes andan buscando o perdiéndose... Es Navidad, vives la Navidad. Si dejas a Dios cargar las cargas que te hunden... Si das lo mejor de ti sin hacer ruido y gratuitamente... Si te aligeras de méritos, normas y compromisos... Si eliges estar con los que nadie quiere estar... Es Navidad, vives la Navidad. Si dejas a Dios ser el sereno de la historia... Si los rostros anónimos recuperan sus rasgos y nombres... Si sabes detenerte donde señalan las estrellas... Si acoges y das toda esa ternura que te llega... Es Navidad, vives la Navidad. Si dejas a Dios ser Dios como a él le gusta... Si en silencio buscas luz, verdad y vida... Si ningún camino te parece definitivo, pero en los que eliges buscas su encuentro y rostro... Es Navidad, vives la Navidad. Florentino Ulibarri |
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¡Alegría para todo el pueblo!
(Pagola)
Hay
cosas que sólo la gente sencilla sabe captar. Verdades que sólo el pueblo es
capaz de intuir. Alegrías que solamente los pobres pueden disfrutar.
Así es el nacimiento del Salvador en
Belén. La gran alegría para todo el pueblo. No algo para ricos y gente
pudiente. Un acontecimiento que sólo los cultos y sabios puedan entender.
Algo reservado a minorías selectas. Es un acontecimiento popular. Una alegría
para todo el pueblo.
Más aún. Son unos pobres pastores,
considerados en la sociedad judía como gente poco honrada, marginados por
muchos como pecadores, los únicos que están despiertos para escuchar la
noticia. Hoy también es así, aunque, con frecuencia, las clases más pobres y
marginadas hayan quedado muy distantes de nuestra Iglesia. Dios es gratuito,
y es acogido más fácilmente por el pueblo pobre que por aquéllos que piensan
poder adquirirlo todo con dinero. Dios es sencillo, y está más cerca del
pueblo sencillo y simple que de aquéllos cuyas energías, esfuerzos y trabajos
están obsesivamente dirigidos a tener siempre más.
Dios es bueno, y le entienden mejor
los que saben quererse como hermanos que aquéllos que viven egoístamente,
tratando de estrujarle a la vida toda clase de felicidad. Hoy sigue siendo
verdad lo que insinúa el relato de la primera Navidad. Los pobres tienen un
corazón más abierto al evangelio que aquellos que viven satisfechos. Su
corazón encierra una «sensibilidad hacia el evangelio» que en los ricos ha
quedado, con frecuencia, como atrofiada. Tienen razón los místicos cuando nos
dicen que para acoger a Dios es necesario «vaciarnos», «despojarnos» y
«volvernos pobres». Mientras vivamos buscando únicamente la satisfacción de
todos nuestros deseos, ajenos al sufrimiento ajeno, conoceremos distintos
grados de excitación, pero no la alegría que se anuncia a los pastores de
Belén.
Mientras sigamos alentando nuestros
deseos de posesión, no se podrá cantar entre nosotros la paz que se entonó en
Belén: «La idea de que se puede fomentar la paz mientras se alientan los
esfuerzos de posesión y lucro es una ilusión». Tendremos cada vez más cosas
para disfrutar, pero no llenarán nuestro vacío interior, nuestro aburrimiento
y soledad. Alcanzaremos logros cada vez más notables, pero crecerá entre
nosotros la rivalidad, el antagonismo y la lucha despiadada.
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