@jhcastelano
Lo que domina nuestro interior y nuestra voluntad es lo que nos somete, de lo que somos seguidores o discípulos. Todos buscamos algo en la vida. Todos vamos hacia algo. Le llamamos "destino" o "meta", o "fin". Y para llegar a ello nos hacemos un plan de vida y dirigimos y empleamos nuestras fuerzas y empeños a lograrlo, con método más o menos fino, o por lo menos con la intención de llegar. Eso que nos llama, esa meta, ese fin, varía y depende de lo que manda en nuestro interior.
Si nuestro corazón siente impulso por algo, entonces hablamos de un deseo. Si nuestro deseo se relaciona con lo más alto, con lo divino, entonces tenemos un proceso, un camino espiritual para seguir.
Todos hemos aprendido de alguien lo que sabemos e incluso en gran medida lo que somos. No ha faltado en nuestro proceso formativo como personas una buena dosis de imitación. Aprendemos del ejemplo, dicen. La continuidad entre el pasado y el futuro para las generaciones que estamos vivas depende de cómo absorbemos lo que nos han enseñado y cómo transmitimos eso mismo. Dicha continuidad es la tradición bien entendida.
El relato evangélico de San Marcos nos presenta este día el llamado de Jesús a sus primeros cuatro discípulos, los pescadores, a Andrés y a Simón, y a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan. Muy escuetamente se nos dice que Jesús los llamó y ellos lo siguieron. Todo parece muy simple, sin embargo habrá que considerar la necesidad de un antecedente de encuentro, de espera y, por supuesto, de identificación con Jesús. Lo que les sucedió a los discípulos es que tuvieron el privilegio de sentirse llamados por el mismo Jesús y respondieron a ese llamado siguiéndolo, sin más, dejándolo todo. No podría, en ese sentido, caer en mejor momento la noticia del Papa emérito Benedicto XVI, quien se pronuncia acerca de la decisión radical que entraña ese seguimiento de Jesús para el caso de los sacerdotes y lo que ello implica:
"Creo que el celibato tiene una gran importancia al abandonar un posible dominio terrenal y un círculo de vida familiar; el celibato incluso se vuelve verdaderamente esencial para que nuestro acercamiento a Dios pueda seguir siendo el fundamento de nuestra vida y pueda expresarse concretamente. Obviamente, esto significa que el celibato debe penetrar todas las actitudes de la existencia con sus necesidades. No puede alcanzar su pleno significado si nos ajustamos a las reglas de propiedad y a las actitudes de la vida que se practican comúnmente hoy en día. No puede haber estabilidad si no ponemos nuestra unión con Dios en el centro de nuestra vida", afirma Benedicto XVI.
Justo llega la noticia del libro que se publicará, cuando el salmo nos dice "cumpliré al Señor mis votos", y cuando Ana, la esposa de Elcaná, en el libro de Samuel, se sabe despreciada por ser estéril y su hombre le dice que si no le basta él mismo como su Señor, como si el mensaje que debemos asumir es: la entrega de cuerpo y alma exige la exclusividad del alma hacia nuestro único Señor. Entrega que para el caso de los consagrados, incluye la idea del celibato o de la castidad. Ese es el modelo, el ejemplo a seguir, la meta, el fin.
Justo llega la noticia del libro que se publicará, cuando el salmo nos dice "cumpliré al Señor mis votos", y cuando Ana, la esposa de Elcaná, en el libro de Samuel, se sabe despreciada por ser estéril y su hombre le dice que si no le basta él mismo como su Señor, como si el mensaje que debemos asumir es: la entrega de cuerpo y alma exige la exclusividad del alma hacia nuestro único Señor. Entrega que para el caso de los consagrados, incluye la idea del celibato o de la castidad. Ese es el modelo, el ejemplo a seguir, la meta, el fin.
JHC

