jueves, 2 de enero de 2020

Reconocimiento


A raíz de la identificación que se suele hacer entre los círculos académicos o intelectuales sobre las etapas de la historia de occidente, no han faltado algunos clichés que sirven como constructos del lenguaje para simplificar conceptualmente lo que debemos pensar. Así, se repite sin cesar, sin contrapeso y sin matiz, que etapas como la Edad Media fueron nefastas en todos los sentidos.

En uno de ellos —en el de la religión— se dice que fue más bien una suerte de fanatismo y superstición, un eficaz método de control de la población, además de que retrasó el avance de la ciencia, entre otras consideraciones.

Sin el afán de entrar en polémicas y estériles discusiones —pues por lo regular quien tiene esos clichés ya no está dispuesto a rectificar nada— podremos decir ahora que nunca, ni aunque las etapas de la historia parezcan ofrecer la redención humana por fuera de la vía espiritual de la religión, se ha podido ni se debe prescindir del hecho religioso como tal. Quienes emiten ese tipo de juicios deberían distinguir por lo menos el fenómeno político de la religión, de la experiencia religiosa. Cosas muy distintas.

Con ocasión de la memoria de San Basilio y de San Gregorio Nacianceno, así como la lectura de la primera carta de San Juan, por la que se insiste en la idea del anticristo, podemos establecer una conclusión: dice San Juan que el anticristo es todo aquel que no reconoce a Dios. Aquel que, habiendo tenido la oportunidad de reconocerlo, no atina a dar testimonio, sino a descalificar o denostar el hecho religioso, tal como sucede con los muy seculares intelectuales como los que hemos descrito.

En cambio, estos santos que se celebran hoy, reconocieron a Dios, actuaron en consecuencia y apuntan con su acción a dar testimonio de ello, siempre atentos al mandato divino. Es la lección que nos dejan a través de las palabras de San Gregorio:

Una sola tarea y afán había para ambos, y era la virtud, así como vivir para las esperanzas futuras de tal modo que, aun antes de haber partido de esta vida, pudiese decirse que habíamos emigrado ya de ella. Ése fue el ideal que nos propusimos, y así tratábamos de dirigir nuestra vida y todas nuestras acciones, dóciles a la dirección del mandato divino, acuciándonos mutuamente en el empeño por la virtud; y, a no ser que decir esto vaya a parecer arrogante en exceso, éramos el uno para el otro la norma y regla con la que se discierne lo recto de lo torcido. (Sermón 43. Tomado del Oficio de Lectura de este día en la edición de la Liturgia de las Horas)


3 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo en que la excusa de la religión como un método de control poblacional sigue presente, sin embargo le agradezco por invitarnos a no descalificar la vida religiosa.
    by ENYA MA

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  2. Bueno no creo que sea una suerte de fanatismo en creer en alguien o en este caso en un Dios,siento que es de cada persona creer en algo y no ser grosero con la decisión de los demás.
    SHARI GALILEA

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  3. El ser humano tiene la necesidad de creer en algo y muchas veces llegamos a dudar acerca de la verdadera finalidad de la Iglesia y los actos que ha llegado a cometer en ciertos puntos de la historia yque pueden llegar a ser bastante cuestionables pero creo que no hay que quitarle el mérito a nuestra Iglesia.

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