Una de las tantas escenas curiosas y graciosas del filme americano Forrest Gump, es aquella en la que se encuentra con su antiguo comandante el teniente Dan, con quien pasa un Año Nuevo; ese teniente en un momento de calma le pregunta a Forrest si ya encontró o si ya se encontró con Jesús y entonces Forrest le contesta que no sabía que tenía que buscarlo. El teniente le refiere que en los hospitales los predicadores le hablaban de Jesús y él, enojado se expresaba reclamando que le decían que algún día caminaría en el cielo con Jesús y se alteraba refiriéndose a la burla porque no tenía piernas.
Desde luego, encontrar a Jesús, en sentido literal o figurativo implica una experiencia de profundo cambio, un parteaguas en la vida de las personas.
En los tiempos de la primera comunidad de los creyentes, en apóstol San Juan y todos los seguidores de Jesús comenzaron a notar que los receptores del Evangelio, o bien transformaba su vida, o bien se estancaban espiritualmente hablando y se llenan de esa suerte de soberbia similar a la que podemos tener quienes nos decimos cristianos. Necesitamos renovarnos interiormente, cultivar nuestro espíritu.
Cada día surgen nuevas propuestas, incluso alternas a la religión tradicional que pugnan por mirar el interior, a la emoción, el sentimiento o la vena espiritual con tal de llevar a las conciencias de las personas a experiencias fundamentales. Es una necesidad humana que reclama guías seguras. Por ello es importante que la Iglesia asuma su papel de evangelizadora con aires nuevos. Así lo concibieron los padres conciliares hace poco más de cincuenta años y así lo ratifican las conferencias episcopales y los papas, así como los obispos y sacerdotes comprometidos con el anuncio evangélico.
Por eso también es importante que cada sacerdote, catequista, religioso, religiosa, misionero o agente de pastoral mantenga viva la intención y la práctica fervorosa de la Palabra y la esencia del buen cristiano.
No podemos decirnos cristianos si vivimos en pecado. San Juan Bautista les dice a quienes lo escuchan que ha reconocido a Jesús. Cuando Jesús llega a nuestras vidas ya nada puede ser igual. Ya sólo podemos aspirar a la vida de la Gracia.
Me agrada lo que esta lectura suguiere, que el camino a encontrar a Dios es arduo, sí, pero cuando se obtiene logramos una vida llena de gracia, por último ¿cómo suguiere que la Iglesia asuma su papel de evangelizadora con aires nuevos?
ResponderEliminarby ENYA MA
Lo que esta lectura dice es que encontrar a Jesus, es parte de un cambio que uno siente.
ResponderEliminarLo que mas me gusto de la lectura que es cuando nos dice que no somos cristianos si vivos en los pecados.
SHARI GALILEA
Ciertamente la búsqueda de Jesús en nuestras vidas,debe tener la presencia de la Iglesia cumpliendo su papel,ya que es una necesidad tener guías seguras.
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