@jhcastelano
Existe, en el argot
tradicional un dicho complementario para hacer las cosas bien que dice que hay
que hacerlas “así como Dios manda”. Hacer las cosas como Dios manda es hacerlas
bien, en orden a la naturaleza de lo que cada una de ellas está llamada a ser,
de tal modo que todo objeto o acción que realicemos sea un canto a la
perfección, una glosa, una oda, un poema; o si se prefiere otra analogía, un
engranaje perfecto, algo bello y sublime que nos arroje a captar por las
acciones y los objetos una suerte de reflejo de lo mejor, de lo divino, de lo
más alto y más excelso.
En el fondo toda perfección
tiene algo de mística y de estética. Tiene algo oculto, un aire de misterio,
algo para llenar de expectativa y satisfacción para quien lo experimenta; pero
también contiene belleza, decoro, agrado, placer y gusto. Una mezcla de
misterio y belleza. Ya he citado en otros espacios esta frase excelsa de Ortega
y Gasset:
«Dado un hecho —un hombre, un
libro, un cuadro, un paisaje, un honor, un dolor—, llevarlo por el camino más
corto a la plenitud de su significado. Colocar las materias de todo orden, que
la vida, en su resaca perenne, arroja a nuestros pies como restos inhábiles de
un naufragio, en postura tal que dé en ellos el sol innumerables
reverberaciones. Hay dentro de toda cosa la indicación de una posible plenitud.
Un alma abierta y noble sentirá la ambición de perfeccionarla, de auxiliarla
para que logre esa su plenitud. Esto es amor, el amor a la perfección de lo
amado».
Si todos pudiésemos ser
conscientes de que cada cosa emprendida, por más simple, sencilla o
insignificante que parezca, tiene en sí misma la cualidad de ser proyectada,
transformada o llevada a su máxima expresión por obra de nuestra interacción
con ella, veríamos el logro de su perfección: Los alumnos, por ejemplo, habrán
de ser los mejores, lo mejor, si sabemos imprimir en ellos el más alto ideal;
pero acompañado de los hábitos y las acciones, así como los aprendizajes que
por su naturaleza de estudiantes le son inherentes a la función del aprendizaje
y la educación. El jardinero velará por cada una de las plantas a su cargo,
dotándoles de las condiciones que posibiliten el desarrollo armónico de sus
funciones orgánicas. El paso al caminar, la zancada al correr, el salto al
competir, el pase sincronizado, el movimiento oportuno para ganar en la
competencia, todo será lo máximo y depende del grado de cuidado y el mejor
acoplamiento de lo que cada cosa está llamada a ser para llegar a su plenitud.
Todo lo puesto bajo la lente o el influjo de la gana por llevarlo a cabo de la
mejor manera, puede cumplir con esta misma analogía de la búsqueda de la
perfección.
La finalidad de la religión
cristiana, según el mandato de Cristo, no es ser moralmente lo mejor, sino
lograr de todo lo más sublime hasta llegar a la esfera de lo espiritual. Cuando
concebimos de la fe solamente la faz de lo moral, nos resulta, incluso, un
tanto puritana, muy al estilo del calvinismo y un tanto del luteranismo. No en
balde la multiplicidad de iglesias autodenominadas «cristianas» ponen en la
base de sus predicaciones el cúmulo de preceptos morales contenidos en las
cartas paulinas.
Le teoría de la moral en las
corrientes actuales de la filosofía, a más de padecer desdén, suele ser
ignorada por éstas en su justa dimensión, pues la reducen precisamente a la
valoración moral como si de preferencias o estímulos de la voluntad y del gusto
se trataran. No llegan a la entraña valorativa de la búsqueda de la perfección
y mucho menos al ámbito de lo espiritual. Incluso lo que antes se llamaba como
disciplina filosófica la “filosofía moral”, hoy lo presentan pomposamente como
la “ética” y a veces en ciertos círculos del posmodernismo hasta pretenden un
sinsentido llamado “ética sin moral”.
Diversos pensadores del siglo
pasado ponían el dedo en la llaga sobre la condición mediocre de la sociedad.
Encontramos en José Ortega y Gasset al llamado hombre-masa, incapaz de pensar y
desear lo mínimo del ideal de perfección, vulgar, zafio y con el complejo de
suponer merecerlo todo; el hombre mediocre que describe José Ingenieros
es igualmente el prototipo del hombre moderno sin afanes de llegar al ideal más
alto, a saber, el de la santidad: «El concepto de lo mejor —nos dice— es un
resultado natural de la evolución misma. La vida tiende naturalmente a
perfeccionarse. Aristóteles enseñaba que la actividad es un movimiento del ser
hacia la propia “entelequia”: su estado de perfección.»
Y es por el ejemplo de los
santos como nos damos cuenta de la necesidad de alcanzar una perfección. Si
filosóficamente hablando se echó a andar la idea del hombre perfecto a partir
de la aparición, tal vez, del ideal heroico de los griegos con Homero y la
nobleza de la Hélade, el cristianismo vino a darle un sentido de comunión con
Dios. Así, por ejemplo, una Santa Teresa de Jesús escribe el “Camino de
perfección”, como parte de su trilogía sobre la santidad, a saber, “el Libro de
su vida”, “Las Moradas” y el que acá mencionamos, lo escribe para dar
testimonio, ejemplo y enseñanza a las monjas sus seguidoras para alcanzar la
santidad.
El salmo 118 es un canto por
la grandeza de los que cumplen la voluntad de Dios. Se nos marca el camino de
la santidad por medio del cumplimiento de los preceptos divinos fijados en la
ley que el mismo Dios nos ha legado. El que con vida intachable camina bajo el
amparo de la ley del Señor es el verdadero dichoso. Es una promesa de parte de
Dios, como lo asienta el Deuteronomio: «Él te elevará en gloria, nombre y
esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y serás el pueblo
santo del Señor, tu Dios, como prometió» (Dt. 26, 19)
Tampoco es de balde que la
teoría de la virtud ha acompañado al ideal de perfección desde los tiempos
homéricos, pasando por Platón y los griegos de la edad de oro, los estoicos y
los cristianos.
En el cierre del Sermón de la
Montaña, Jesús remata el discurso evangélico presentado por Mateo en los
capítulos 5 al 7, hablando sobre el sentido del amor a los enemigos, cumplir la
ley a cabalidad y, en suma, «sed perfectos, como vuestro Padre celestial es
perfecto». De donde se sigue que la perfección es el cumplimiento de la ley de
Dios, coronando dicho cumplimiento con las virtudes propias de quien busca a
toda costa su propia perfección y La perfección de cuanto va experimentando y,
finalmente expresándolo no solamente con el amor a los amigos, sino incluso a
los enemigos, si no, nada tiene sentido.
JHC
En audio. Opción 1:

Gran lectura, ya que habla de una perfección llena de mística y estética, y que según el mandato de Cristo no es ser moralmente lo mejor sino lograr de todo lo sublime hasta llegar a la esfera de lo espiritual
ResponderEliminar-Daniela Carro R.
Me pareció muy interesante la lectura, ya que menciona lo que es la perfección, considero que la perfección es hacer las cosas bien y con amor, por medio de Dios, pero no solo eso, también es el saber amar y respetar a nuestros seres queridos e incluso a los enemigos, como se menciona en la lectura.
ResponderEliminar-Jovana Ixtlapale de Jesús.
La perfección es un término que se a colocado a Dios ya que el ama incondicionalmente y respeta a todo ser vivo, que pueda existir en el mundo. Tanto nuestro padre Celestial y Jesús son perfectos, el ser humano desdichadamente no lo es, por diversas situaciones, pero las personas a pesar de no ser perfectas podrían realizar cosas de bien y respetar a los que nos rodean para así lograr estar bien con nosotros mismos y con los demás.
ResponderEliminar---Melanie Tuxpan
Una lectura muy interesante, se refiere a la perfección como un término lleno de mística, sólo Dios es perfecto, el nos ama apesar de todas las acciones negativas que hagamos en la vida y está incondicionalmente para nosotros; aunque nosotros no seamos perfectos hay que respetar y notar la diferencia entre lo bueno y lo malo para poder hacer un cambio.
ResponderEliminar-Chantal Martínez
Me parece muy interesante, menciona la definición de perfección de una gran manera que nos enseña a vivir de manera pacífica, llena de amor y respeto.
ResponderEliminar-Arantza Jimena García Romero
Me parece interesante la forma en la que describe la perfección ya que nos la muestra de una forma llena de amor, para mi la perfección es cuando haces algo y tienes las ganas o el entusiasmo para hacerlo.
ResponderEliminar-Aldo Ixtlapale-
Este texto me parece muy interesante la forma de la que habla de la perfección y más que nada no los muestra en forma de amor puro, para mi la perfección es cuando haces algo con entusiasmo y motivación y lo haces felizmente.
ResponderEliminar-Alejandra Moreno Mendoza-
Mayormente creemos que debemos de ser perfectos, como Dios manda y hacer las cosas correctamente; pero realmente nadie es perfecto, sin embargo, yo creo que a pesar de no serlo debemos de seguir la palabra de Dios con agrado, placer y gusto. Me parece interesante la forma en que menciona que la perfección es todo un misterio.
ResponderEliminar-Alexa Cano Ayón-
Es una lectura de suma importancia puesto que habla de la importancia estética y mistica y esto me deja pensando que muchas veces nos hemos vuelto perfeccionistas pero ¿Es la perfección que Dios quiere para nosotros?
ResponderEliminarFabiola Betsabé Anaya Andrade.
EliminarEs intrigante refexionar sobre la perfección que se puede encontrar en cada pequeña cosa. Sí, hay que hacer las cosas en su máxima expresión siempre que se pueda, siempre dando todo de si. Sin embargo no logro entrender si todo a nuestro alrededor es perfecto o si todo es imperfecto y siempre se encuentran errores; si la perfección es una mera ideología o forma de pensar.
ResponderEliminarby Enya Mendoza Alejo
Esta lectura me motiva a ser mejor persona, a dar lo mejor que soy y que tengo. Cada día tenemos la oportunidad de mejorar lo que somos, pues estamos creados para ser personas con capacidad del cambio y ese cambio debe de ayudarnos a modificar nuestros errores y cada día ser lo mejor que podamos ser.
ResponderEliminarPor Dayanara Lima Nava
Mayormente creemos que debemos de ser perfectos, como Dios manda y de igual forma hacer las cosas correctamente; pero realmente nadie es perfecto.
ResponderEliminarMe parece interesante la forma en que menciona que la perfección.
-Belinda Salamanca
Me parece interesante como toca el tema de la perfección y la idea de que debemos de hacer todo como Dios nos manda, pero aun así tenemos la oportunidad de equivocarnos ya arreglar las cosas de una mejor manera.
ResponderEliminar-Odette Solís Martínez
Nos dice que debemos procurar que todo lo que hagamos sea perfecto a los ojos de Dios, aunque a veces no logramos entender que las cosas las debemos hacer bien desde el principio.
ResponderEliminarMe parece interesante el cómo hacer las cosas "como Dios manda" es hacerlas bien y la definición de perfección que proporciona.
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