@jhcastelano
No han faltado los sesudos
análisis para descubrir lo que está pasando en realidad detrás de esta terrible
pandemia que nos tiene pertrechados en nuestros hogares. Unos dicen que es
porque el capitalismo está agonizando y las empresas globales con sus esbirros
los gobiernos de avanzada necesitan una excusa para destapar el acabose. Otros
dicen que es una nueva manera de reconfigurar el dominio del mismo capitalismo,
que necesita recuperarse y volverse a proyectar. También hay quienes afirman
que, sin ser necesariamente una estrategia económica, bien puede ser un
problema sembrado por quienes experimentan con virus para crear nuevas
medicinas dentro de la industria farmacéutica. Y, pues, tampoco faltan quienes interpretan
una suerte de premonición apocalíptica y pueden, lo mismo citar a Nostradamus
que al monje que gritaba en medio de la plaza de San Pedro en esos días de la
renuncia de Benedicto XVI sobre la inminente Parusía. Para colmo tenemos un
gobierno que relativiza los datos de la pandemia y pretende jugarle al cauto.
No sabemos exactamente lo que
está pasando, ni la causa final, ni la formal, para usar las categorías
aristotélicas; tal vez sólo sepamos la causa eficiente, que son los agentes de
contagio, además de la causa material, que es el propio virus y sus
características ya bien definidas. La respuesta más sensata ante este peligro
ha sido la cuarentena relativa, pues no faltan las necesidades, aunque sea para
asomarse a la calle. Y no faltan tampoco quienes ya están imaginando lo que
sucederá cuando esto termine, suponiendo y elucubrando las más variadas
hipótesis.
Desde el punto de vista
espiritual deberíamos preguntárnoslo: ¿qué va a pasar cuando esto termine? La
respuesta tiene que llegar desde el enfoque de la cuaresma: cuando esto termine
lo que queda o lo que debería suceder es lo obvio, a saber, la Pascua de
Resurrección. Eso lo podemos verificar año con año; pero esta situación es
inédita, especial, sui generis y eso nos interpela para determinar hasta qué
punto la llamada de Dios nos está reclamando una acción concreta desde nuestro
ser cristiano.
Cuando esto termine deberíamos
haber reforzado nuestros lazos de comunidad, pues el asilamiento debe hacernos
valorar esa dimensión que en lo cotidiano nos tiene sumidos en el
individualismo por la mezquindad y la falta de empatía para formar verdaderas
comunidades humanas.
Cuando esto termine nuestros
lazos familiares deberán reflejar lo que a cuaresma nos pide: la reconciliación,
la conversión, el ayuno, la limosna y, por supuesto, la oración. Deberemos
haber meditado los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo
de una manera profunda y con toda la intención de comprometernos para trabajar
por el bien común y por hacer patente el Reino de Dios.
Cuando esto termine habremos
de sentir que el camino de la cuaresma fue único por la situación que se nos
impone. No habremos revestido del hombre nuevo, habremos buscado y meditado de
qué manera podremos caminar con dignidad porque hemos buscado las obras de la
luz y nos hemos alejado de las obras de las tinieblas.
Cuando esto termine deberíamos
tener más sentido de compasión y de solidaridad, mayor capacidad de sentir las
necesidades de los hermanos para poder ayudarles. Tendríamos que estar
vigilantes de las formas, ya que, sin caer en el descuido del contacto físico,
nada obsta para que nuestras almas vayan juntas por un mismo sentir. Tendremos
que ser más receptivos y más pulcros hasta en la manera como tratamos a los
otros, con el respeto y la solemnidad que cada uno merece, a sabiendas de que
son tierra sagrada y que no tenemos ningún derecho de profanar aquello que Dios
sembró en el interior de cada persona y que es su dimensión de singularidad y
de unicidad al amparo de los dones recibidos del altísimo.
Cuando esto termine podremos
sentir con júbilo y con gozo la sanación y la salvación y podremos cantar como
el salmo 29:
Te ensalzaré, Señor, porque me
has librado
y no has dejado que mis
enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del
abismo,
me hiciste revivir cuando
bajaba a la fosa.
Tañed para el Señor, fieles
suyos,
celebrad el recuerdo de su
nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el
llanto;
por la mañana, el júbilo.
Escucha, Señor, y ten piedad
de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré
gracias por siempre.
Y veremos el cielo nuevo y la
tierra nueva que Dios prepara para los que le son fieles, como lo insinúa el
profeta Isaías (65, 17 – 21) y cómo lo sintió el funcionario (Jn. 4, 43 – 54),
quien pidió de Jesús atención no para él, sino para su hijo, en un claro
ejemplo de cómo debe hacerse una intercesión con fe. Así nosotros debemos pedir
por los demás, no sólo para librarnos de la posibilidad del contagio y la
enfermedad, sino por los que están a expensas de ello en los hospitales y los
servicios médicos, así como los que ya han caído enfermos.
Esto se puede ver, entonces,
como una oportunidad para acercarnos a nosotros mismos, a Dios mediante la
compañía y la oración con los demás y a una nueva conciencia para hacer
efectiva esta cuaresma como tiempo de preparación, conversión y reconciliación.
Cuando todo esto termine.
JHC
Wow, es un texto que me pareció muy interesante, ya que tiene mucha razón cuando nos plantea que no sabes lo que viene, y en sí ni lo que realmente es.
ResponderEliminarEs mejor acercarnos al señor y poner nuestra vida en sus manos, como dice, si en algún momento salimos de esta pandemia, ver al pasado con la fe que le tuvimos a Dios.
-Arantza Jimena García Romero
Me parecen que tiene mucha razón en decir que debemos poner nuestra vida en las manos de dios, y cuando pase esta pandemia ver todo la fe que depositamos en dios ademas de los lazos tan fuertes que establecimos con nuestra familia.
ResponderEliminar-Ian Vázquez Romano
Muy acertado el hecho de que siempre hay que contar con Dios y más en estos momentos donde puede reinar el pánico o la insertidumbre entre todos nosotros, no hay nada más que ponernos en manos del creador. by ENYA MENDOZA ALEJO
ResponderEliminarEs un texto que me dejó impactada porque es cierto que no valoramos lo que tenemos y en una situación como la que estamos viviendo ahora debemos de estar en casa y hacer contacto mínimo con otras personas, pero tal vez nunca imaginamos esto porque nunca pensamos que esto podría ocurrir, este es un tiempo de reconciliación en donde podemos conocernos a nosotros mismos y acercarnos a Dios para pedir por todas las personas afectadas y también por las personas que están viviendo al día, y cuando esto pase darle gracias a Dios por lo que nos dió y empezar a valorar lo que tenemos.
ResponderEliminarFabiola Betsabé Anaya Andrade.
Es un texto que me pareció muy interesante, ya que esta mas que decir que es verdad el no saber que vendrá en un futuro o que esperar a que venga.
ResponderEliminarEs mejor acercarnos al señor y poner nuestra vida en sus manos, por si en algún momento llegara a suceder algo seria mejor confiar en el.
-Belinda Salamanca Carrasco
Es un texto que nos dice acerca de encomendar nuestra vida a Diod, hace mencion sobre la pandemia, cuando pase esta veremos toda la fe depositada en él y tendremos nuestros lazos familiares.
ResponderEliminar-Aldo Ixtlapale
Esta situación de la pandemia desde ahora ha causado mucha polémica, apenas empieza y sabemos que algo va en decaída, hay cosas más por venir, no sabemos lo que sucede ni cuando terminará. Sin embargo, esto es una gran lección para valorar lo que tenemos, "cuando todo esto pase" reconoceremos y sabremos la grandeza del señor al encomendarnos en él y fortalecer nuestra fe para reforzar nuestros vínculos.
ResponderEliminarMe agradó mucho el texto ya que ciertamente,lejos de seguir igual,tenemos que aprender de esta situación,valorar y agradecer,reconciliarnos y unirnos.
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