@jhcastelano
Hace algunos años se hablaba
mucho en nuestro país acerca de Monseñor Rafael Guízar y Valencia, hoy ya
declarado santo. Canonizado y prototipo, o al menos patrón de los obispos de
México. Obispo él de Veracruz, vivió los años más duros de la persecución
cristera. Y fue precisamente esa circunstancia lo que le obligaba a pasar de
incógnito en su trayecto de Veracruz a la Ciudad de México, cuando eso se
ofrecía. En algunos de sus viajes tuvo que pasar de camino a estas tierras de
Tlaxcala. Aquí en Santa Ana Chiautempan podía alojarse en la casa del
Presbítero Lorenzo Hernández Leana, tío abuelo de mi esposa, pues como
sacerdote estaba incardinado a la diócesis de Jalapa y formaba parte del
presbiterio de Monseñor Guízar y Valencia. Eso se cuenta entre la familia. La
anécdota crece cuando se le reconoce a Monseñor una personalidad totalmente
llena de la Gracia que procede de Dios, de ahí su talante de santo. Los que lo
vieron y saben de ese paso por estos rumbos, dieron testimonio de ello. De su
vida podemos decir mucho, tal vez lo más impactante fue su entrega en la
clandestinidad para apoyar a los heridos del movimiento revolucionario y su
trabajo pastoral hasta en Cuba, luego su exilio y el acoso del gobierno y, por
último, el extraordinario hallazgo de su cuerpo incorrupto tras su exhumación
en 1950.
Cuando uno piensa en personas
como el Obispo Guízar y Valencia no puede más que preguntarse y admirarse por
su capacidad de vivir y encarnar la fe con una espiritualidad portentosa. Lo
mismo podríamos decir de tantos otros personajes de su estatura espiritual. Un
Fray Junípero Serra, por ejemplo, evangelizador de la Sierra Gorda de Querétaro
y de las Californias. Nada más de mirar y reconocer las distancias que caminaba
y recorría para evangelizar esos pueblos, uno puede ver la grandeza del ánimo,
la magnanimidad y el espíritu fuerte, amén de la pasión en la vocación y el
ministerio que eligieron para propagar la Buena Nueva.
Ejemplos sobran. Lo importante
es reconocer esa grandeza de espíritu que los movía a llevar la predicación y
el testimonio hasta un grado heroico. Cabe preguntarnos cómo se inspiran, cómo
se fortalecen en su interior y cómo lo desarrollan hasta llegar a tales
extremos de entrega y de testimonio. Y la respuesta no es otra más que ésta:
fueron los que, alejados de todo miedo, se acercaron, como dice Miguel de
Unamuno, hasta beber, no el chorro, sino el torrente inmenso del agua viva, de
toda la fuerza y portento de la vida que viene de Cristo y que vivifica y
fortalece hasta el grado de mover para la causa todas las acciones en beneficio
de los otros, la que embriaga del amor al prójimo y vuelca el corazón hasta
ocupar todo, desde las entrañas hasta los gestos, las palabras, las acciones,
etc. Es, quizá, lo mismo que mueve a tantas personas a entregarse generosa y
silenciosamente a una vocación consagrada y que no esperan otra cosa que
sentirse uno con los demás porque el amor a los otros les ha impulsado a tomar
la fuerza, la inspiración y la asistencia de Dios mismo. Los que han dado el sí
al servicio de los demás, los que han tenido la valentía de dejarlo todo para
ir al encuentro del Señor a través de la entrega, la oración y todo lo que su
ministerio, sus carismas y su mística les interpelan para ejercer la vida así.
Sacerdotes, religiosas, religiosos y hasta laicos consagrados; obispos,
arzobispos, cardenales y hasta el Papa, todo un ejército de Dios que necesita
nuestra oración y nuestra comprensión, nuestra mano solidaria y las fuerzas que
tenemos también los laicos.
Todos necesitamos sentir ese
torrente de vida que de Dios procede y de lo que nos habla el profeta Ezequiel
(47, 1 – 9. 12) porque somos como el enfermo de la piscina de Betesda, quienes
estamos sedientos y necesitados de la acción divina, no sólo para limpiar nuestra
podredumbre que tiene raquíticas y enfermas nuestras almas, sino para sentir el
torrente que es la palabra sanadora de Jesús, quien nos pide no pecar más para
no caer otra vez en la enfermedad espiritual. Es hora de soltar nuestras
cadenas y liberarnos realmente de lo que nos oprime en nuestro interior. Es
hora de acercarnos o de dejar que entre el barullo se nos acerque Jesús y nos
pregunte y nosotros contestemos con sinceridad que sí queremos sanarnos, porque
muchas ocasiones vivimos contentos y felices con nuestras cadenas, no queremos
liberarnos, sino seguir subyugados y oprimidos por nuestros miedos, nuestras
hipocresías, nuestras mediocridades, nuestro confort, nuestro victimismo,
nuestros vicios o nuestras mentiras. Sólo la verdad nos hará libres; pero sólo
la palabra de Jesús limpiará nuestras inmundicias porque es como un torrente de
agua viva que nos aguarda. Ya es tiempo.
JHC

El texto nos habla de la gran vocación que tienen muchas personas al momento de hacer la obra de Dios y nos muestra como son capaces de sacrificar todo para seguir su destino. Creo que eso es un gran ejemplo para los jóvenes, no dejar que los prejuicios de las demás personas nos impidan hacer lo que realegren queremos y siempre tener presente lo que Dios nos pone en nuestro camino.
ResponderEliminar-Odette Solís Martínez
El texto nos habla de la pasión que algunas personas tiene para cumplir los mandatos que les encomienda Dios,un claro ejemplo que nos da el texto es monseñor Rafael Guízar y Valencia ya que el durante su vida se dedico a cumplir las encomiendas que le daba Dios.
ResponderEliminar-Ian Vázquez Romano
El texto nos habla acerca de cómo algunas personas encuentran su vocación y tienen la pasión de cumplir todo lo que Dios les encomienda. Me parece algo de admirarse ya que pienso que es algo no tan fácil de hacer muchas veces.
ResponderEliminar-Arantza Jimena GarcÍa Romero.
Me parece una manera muy explicativa para hablar sobre la vocación de cada uno de los seres humanos que siempre resulta un tema relevante, poniendonos como ejemplo a dos personas y su camino hacia Dios.
ResponderEliminarby ENYA MENDOZA ALEJO
Es interesante la manera en la que nos explica el tema de la vocación porque considero que hablar de vocación pude ser algo complicado pero para encontrar nuestra vocación debemos de pensar y tomar la fuerza, la inspiración y la asistencia de Dios para hacer lo que queremos entorno a un camino junto a él.
ResponderEliminarFabiola Betsabé Anaya Andrade.
El texto nos habla de la gran vocación que tienen muchas personas al momento de hacer la obra de Dios y nos muestra como son capaces de sacrificar todo para seguir su destino.
ResponderEliminar-Belinda Salamanca Carrasco
El texto nos habla acerca de esas personas que tiene pasión por cumplir la vocación que Dios les encomienda, nos muestra la capacidad que tienen de dar todo solo por seguir su destino.
ResponderEliminar-Aldo Ixtlapale
Me llama la atención la frase "Todos necesitamos sentir ese torrente de vida que de Dios procede" siento que esta nos dice mucho en cuanto a lo que debemos servir en este mundo y nuestra vocación. Es admirable los ejemplos que nos menciona acerca de la capacidad que tienen algunas personas en la fe y la grandeza del espíritu que los mueve.
ResponderEliminar-Alexa Cano Ayón-
Me pareció interesante la anécdota inicial y el texto en sí ya que nos habla de la pasión que tienen algunas personas y los sacrificios que hacen.
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