jueves, 26 de marzo de 2020

Hablar de Dios

@jhcastelano




Pude ver hace unos días un filme verdaderamente «conmocionante», si puedo proponer esta derivación como neologismo, más que conmovedor. Se llama “Una aventura extraordinaria” (Life of Pi), del director Ang Lee, año 2012. Se trata de un naufragio padecido por un joven hindú; mas no se trata sólo del naufragio, sino acerca del hablar de Dios. El sobreviviente cuenta dos historias paralelas de su hazaña: en una sobrevive milagrosamente con un tigre de bengala; en otra da cuenta del drama de supervivencia vía la desesperación inspiradora de la muerte entre los últimos sobrevivientes, quedando sólo él. El mismo protagonista propone que sus dos historias tienen que ver con Dios porque al final, cuando da a elegir uno de los relatos, él presupone que Dios elegiría la predispuesta por la inercia de la película sobre el espectador. De cualquier manera, haber sobrevivido en tales condiciones no deja mucho espacio para prescindir de lo sagrado.
Es este tema de lo sagrado, el verdadero y mayor de los problemas de la filosofía, según propone un maestro que ha escrito no pocas páginas para estudiar y escudriñar los temas que permean la discusión filosófica de nuestros días. El de la religión es «el» problema por antonomasia en el plano filosófico, y con ello el de lo sagrado, el de Dios. No ha habido un sistema filosófico, una idea, una propuesta, una meditación, un pensamiento por muy alto o profundo que sea, que no se haya topado con el fondo mismo de todo asunto trascendente, es decir, que no haya rozado con el problema de lo sagrado. Hablar de Dios, pues, por muy tema tabú en el ámbito «laico», por mucho que los paladines de la secularización se empeñen en acallarlo, terminan restándole la importancia y los trabajos a un sinnúmero de veros pensadores.
Se sabe, por otra parte, que ciertos pueblos han considerado el tema de lo sagrado  de una manera tan importante que hasta era necesario callarse el nombre de Dios, precisamente por tan sagrado, tan sublime. Por contraparte, en nuestros ámbitos secularizados se banaliza el uso del término que designa a Dios porque se le ha desprovisto de todo contenido inherente a su naturaleza, es decir, se le ha «desacralizado».
Ya ni siquiera se puede hablar de Dios tan abiertamente sin que se levanten sospechas de fanatismo por parte de los no pocos espíritus «ilustrados» o jacobinos de nuestros días.
Urge hablar de Dios. A ver si con ello se despierta un poco más el interés de quienes no sólo le han negado los oídos a su Palabra, sino a los que han cerrado toda posibilidad de su experiencia viva. Urge porque el creyente muchas veces dice serlo; pero se niega a asumirse como “practicante”. Urge porque hasta para opinar sobre religiones resulta ahora que los “expertos” son esos académicos agnósticos vacíos de toda creencia en lo sagrado y propensos a pontificar sobre esos asuntos como si les fuesen propios. Urge porque desde el ámbito secular de un Estado equívocamente llamado «laico» cuando más bien se asume como ateo, desde ahí se pretende invadir el espacio de la religión y juzgar sobre lo más íntimo y sagrado mediante la irritante espada de lo “políticamente correcto”. Urge hablar de Dios porque así se muestra la esperanza de que Dios hable por medio de las palabras de quien desee hablar de Él con toda sinceridad y compromiso. Le entro.

9 comentarios:

  1. Concuerdo con lo que dice el texto ya que ahora no hay tantas personas que hablen de Dios y mucho menos jóvenes, tal vez porque les de pena hablar de él pero por ejemplo cuando pasa un acontecimiento grave ya es cuando se habla de Dios o a veces no se habla, yo pienso que deberíamos hablar de Dios sin ninguna pena y también acercarnos más a él y manifestar nuestra fe.
    En estos días las personas adultas son las que tienen más acercamiento hacia Dios pero nosotros los jóvenes no, porque decidimos darle tiempo a otras cosas que a Dios.
    Fabiola Betsabé Anaya Andrade.

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  2. Me parece muy realista el texto, pues es verdad que ,uchos de nosotros no tenemos a Dios en nuestras vidas todos los días, e incluso lo tomamos como algo irrelevante, sin embargo, cuando suceden acontecimientos como los de ahora es cuando nos acercamos a él y queremos justificarnos y creernos discípulos cuando no es así, y lo único que somos es ser hipócritas, porque esa es a realidad.
    -Arantza Jimena García Romero

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  3. Le agradezco por de nuevo mencionarnos la importancia de hablar con Dios en una etapa en la que nos encontramos y en los días que estamos viviendo, nos muestra en la lectura las cosas maravillosas que pueden pasar si le abrimos el corazón al Señor, como lo fue el ejemplo de la historia "Una Aventura Extraordinaria".
    by ENYA MENDOZA ALEJO

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  4. Señala la importancia de tener a Dios presente en nuestras vidas, hablar con el todos los días y sobre todo tenerlo presente todo el tiempo. Y lo más importante abrirle nuestro corazón a Dios.

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  5. Es verdad lo que dice el texto ya que ahora no hay tantas personas que hablen de Dios y mucho menos jóvenes, tal vez porque les de pena hablar de él, pero cuando necesitan de su ayuda es cuando si empiezan a hablarle, pero se pierde esa voluntad de fe cuando eso debe ser lo primero que se debe tener.
    -Belinda Salamanca Carrasco

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  7. Me pareció interesante ya que es cierto que es importante tener a Dios en nuestras vidas

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  8. Este texto nos dice acerca de el tener a Dios siempre presente en nuestra vida y nuestras acciones, abrirle nuestro corazón.
    -Aldo Ixtlapale-

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  9. Es una lectura que me parece que nos hace darnos cuenta de que ahora ya no es tan común hablar de Dios y que de cierto modo nos estamos olvidando de él, me hace reflexionar sobre su importancia.
    Sobre todo nos menciona que hay que hablar de él, para darlo a conocer y más personas sepan quién es, debemos transmitir su palabra.
    -Alexa Cano Ayón-

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