@jhcastelano
Para mi esposa Anita, en el XII aniversario de nuestra unión bendecida en el altar.
Lo mejor y más
sublime que tengo en la vida.
En su honor, en el
agradecimiento de su compañía.
El abundante contenido de la
Palabra del Señor en este domingo 15 de marzo de 2020, en la médula o entraña
de la Cuaresma, nos trae a cuento el diálogo y, por supuesto, el harto
controvertido encuentro de Jesús con la samaritana. Mucho se ha escrito sobre
el pasaje en cuestión y las predicaciones difícilmente podrían haber dejado
algo para el comentario; sin embargo, nunca sobra una actualización, o más
bien, un acercamiento para leer dichos pasajes a la luz de los acontecimientos
en boga para nuestra circunstancia.
En pocas semanas de este
inicio de año del Señor, 2020, hemos visto la escalada de infecciones de un
nuevo virus de la familia del síndrome agudo de enfermedades respiratorias. Surgido
en China y propagado con vertiginoso ritmo a otros países, quienes no han
tenido mayor remedio que poner en cuarentena a millones de personas, se cierne
amenazante en torno de un sinnúmero de países más, incluyendo el nuestro. Más
allá de elucubraciones suspicaces o ideológicas sobre el origen y la
propagación, o de las implicaciones políticas; pero más, económicas, debemos
aceptar una ineludible realidad: cuando no hay curas o vacunas, lo primero que
se propaga es el pánico, a veces con acentuada paranoia; pero también con
sobrada precaución traducida en medidas extremas, tal como se establecen en los
protocolos de higiene, limpieza y evasión de posibles contagios mediante el
contacto interpersonal. Queda también una evidencia clara y transparente para
quienes profesamos alguna fe específica: estamos en las manos de Dios y a Él
apelamos en estas horas de zozobra.
En condiciones normales casi
nadie identifica la necesidad de clamar a Dios. La sed o el hambre de Dios no se
pone de manifiesto por cualquier acontecimiento, pues los espíritus adormilados
por nuestra hipermodernidad parecen ser ajenos u omisos o indiferentes ante las
posibles experiencias límite o de encuentro con lo divino. A pesar de ello, no
han faltado voces que han señalado puntualmente el alejamiento concomitante de
la búsqueda de Dios a través de los siglos, desde que se ha decretado con
soberbia la muerte de Dios y quizás antes, cuando el esfuerzo secularizador invadió
los estratos de la ciencia por el camino de la ilustración y los derroteros de
lo mundano.
«Hubo una época —nos dice
Martin Buber, en su obra Eclipse de Dios. Estudio sobre las relaciones entre
religión y filosofía— en la cual un hombre que invocaba a un dios con
verdadera devoción quería decir en realidad Dios Mismo, la divinidad de Dios,
manifestándose a él como fuerza o como forma, en ese momento y en ese lugar.
Pero esa época ya no existe. Eclipse de la luz del cielo, eclipse de Dios, tal
es el carácter de la hora histórica que el mundo atraviesa» (Para la edición
del Fondo de Cultura Económica, el Breviario #520, 2014, p. 48). Al mundo de
nuestro tiempo parece habérsele olvidado la búsqueda de Dios porque ha
relativizado esa suerte de invocación a la que Buber alude. En términos
prácticos podríamos decir que el olvido de Dios o de lo divino parece estar
sujeto a la falta de distinción de su necesidad, pues el espejismo de la
posesión de las cosas, el dominio de la naturaleza o hasta la explotación de
los recursos y, en suma, el exacerbado y supra valorado progresismo llevan
confort a los espíritus poco profundos y conformes con lo baladí.
Cuando llegan acontecimientos
como el de la amenaza de epidemia exterminadora, nos damos cuenta con mayor
intensidad de la precariedad de la vida humana. Y aun con las dificultades
propias de cada vida, notamos que el mundo sigue teniendo hambre y sed de Dios.
No es un reclamo, ni pueril, ni asistencialista, pues escudriñando incluso el
statu quo de las verdaderas inquietudes en el terreno del pensamiento,
encontramos esa misma sed de encuentro, tal como lo describe Juan Martín Velasco
en El encuentro con Dios cuando asienta que si «un hombre ama a Dios no
hace a Dios objeto directo de su amor, porque este amor no puede vivirse más
que utilizando una representación de Dios que nunca se identificará con Dios;
pero a través de esa representación de Dios él ama verdaderamente a su Dios o,
mejor, se siente y se sabe realmente amado por él y no hace como si le amase.
Cuando una persona invoca a Dios en la oración, le invoca verdaderamente y no
hace como si le invocase, aun cuando la actitud, la intención y la entrega que
constituyen esa invocación pase por una representación necesariamente
deficiente del Dios que le ha movido a invocarle». (De la colección Esprit, de
Caparrós Editores, 1995, p. 83)
En el año 2013 fue publicado
el libro Hambre de Dios, de Juan Carlos Moreno Romo, que recoge una
serie de artículos, trabajos y conferencias en diversos foros. El mismo autor
explica que constituyen sus trabajos un trayecto o itinerario para comprender
como nuestra modernidad ha transitado del desencanto de la búsqueda o reconocimiento
de lo divino a la necesidad identificada, al hambre de Dios. Así podemos
entender cuando Jesús dialoga con la samaritana y le dice que su reconocimiento
pasa por el ejercicio del espíritu y de la verdad, bien podemos establecer el
parangón de la puesta e práctica de nuestra fe, es decir, nuestro espíritu, a
la luz de la verdad, es decir, de la razón: «si es cierto—dice Moreno Romo—que la
filosofía arranca con una fase o tarea de perdición, de ascesis, no parece por otro
lado que deba ella misma quedarse allí. La mayéutica es preparación del parto y
la duda metódica aspira a la idea clara y distinta. Al hacer inventario de
nuestro baldío existencial no sólo nos deshacemos de nuestros falsos ropajes,
de nuestros ídolos o arquetipos tribales; no sólo nos liberamos; no sólo
alcanzamos la humilde aceptación de nuestra íntima pobreza espiritual. Sacamos
en claro que somos carencia insoportable e insondable, infinita, que nada
satisface» (en la edición de la editorial Fontamara, pp. 38 – 39).
Con la samaritana, entonces,
no sólo encontramos el clamor ante la sed de vida eterna, sino también el hambre
y la sed de Dios, que no resuena tan solo desde los tiempos antiguos en el paso
por el desierto, en Masá y en Meribá, sino que se actualiza en estos tiempos de
verdadera zozobra e incertidumbre. Nuestra tarea es entonces cuidarnos, pero no
para estar bien, sino para alabar al Dios que nos trae el pan y nos da su agua
viva para saciar nuestra hambre de infinito, desde el pensamiento y por el
espíritu, desde la razón y la fe; además de mitigar nuestra sed cada vez más
apremiante ante el mundo convulso.
Julián Hernández
Castelano.
15 de marzo de 2020.
En audio. Opción 1:
Opción 2:

Wow! Realmente esta lectura me dejó sin palabras, pues tiene muchísima razón cuando explica con un ejemplo tan claro como este que vivimos con el virus COVID-19 cómo cada persona con su diversa creencia, y en este caso como católicos al encontrarnos en una situación de pánico y paranoia lo que hacemos de inmediato es poner todo en manos de Dios, tanto nuestra integridad física, emocional y espiritual para sobrevivir ante esta situación. Me gustó por completo esta lectura.
ResponderEliminar-Arantza Jimena García Romero.
El COVID-19, es una enfermedad que ha golpeado muchos países y que ha cobrado vida de unos cuantos. Para estos días solo falta colocar en las manos de nuestro padre Celestial el rumbo o camino que se tomará de ahora en adelante, el nos tiene preparado algo.
ResponderEliminarHace poco asistí a una charla sobre un tema que trató, el Pastor mencionaba que dependiendo de las acciones que realicemos, las actitudes que tomemos y las preguntas que formulemos es el tamaño de nuestro abismo personal que necesita estar en contacto con Dios.Y para "llenarlo" (de algún modo), debemos de tener bien en claro cual son nuestras intensiones o propósitos en la vida. Podemos comunicarnos con Dios pero no solo cuando lo necesitemos sino, frecuentando una breve charla, platicando lo que gustes decirle, se que él te escuchará.
----Melanie Tuxpan
Es algo realmente interesante esta lectura,me ayudó a reflexionar por completo. En mi opinión personal considero que debemos cuidarnos para seguir alabando y amando a Dios, a pesar de las circunstancias en las que estamos pasando. Dios es nuestra fortaleza y nuestra luz para justamente la situación en la que nos estamos enfrentando, el COVID-19.
ResponderEliminar-Jovana Ixtlapale de Jesús.
Todos en el algún momento hemos tenido hambre y sed de Dios, no solo debemos de hacerle oraciones cuando necesitamos algo de el, debemos de estar en oración continua. Dios nos cuida en todo momento.
ResponderEliminarLa primera parte del texto me ayudó a reflexionar que muchas veces solo acudimos a la divinidad de Dios cuando necesitamos algo, pero considero que nuestra fe no tendría que salir a relucir solo en momentos de crisis.
ResponderEliminar-Odette Solís Martínez
Este texto me ha ayudado a darme cuenta lo que en realidad está pasando en el mundo y como se busca con anhelo la compañía y la salvación de Dios, es cierto que la mayoría de personas solo buscan a Dios en momentos de necesidad y considero que eso podría ser diferente.
ResponderEliminarby ENYA MENDOZA ALEJO
En este texto podemos notar que hay veces que recurrimos a Dios sólo cuando necesitamos algo o estamos viviendo por una situación crítica como en la actualidad con el COVID-19 por eso es importante que nosotros hagamos oración y de esta manera poder ayudar a los demás.
ResponderEliminarYo pienso que podemos cambiar el hecho de recurrir a Dios cuando lo necesitamos probablemente podemos manifestar nuestra fe de otra manera.
Fabiola Betsabé Anaya Andrade.
El COVID-19, es una enfermedad que ha golpeado muchos países y que ha cobrado vida de unos cuantos. Para estos días solo falta colocar en las manos de nuestro padre Celestial el rumbo o camino que se tomará de ahora en adelante, el nos tiene preparado algo. Y me ayudo a darme cuenta de la realidad que esta pasando ahora en el mundo.
ResponderEliminar-Belinda Salamanca Carrasco
Esta lectura me ha hecho reflexionar ante la situación, esta es la realidad en cuanto al COVID-19 aunque nos encomendamos a Dios siempre debemos hacer un acto más allá de ello para apoyar, es cierto que la mayoría de veces solo nos acordamos de la existencia de Dios cuando nos encontramos en una situación grave pero me ha hecho tomar conciencia de que debemos de agradecerle día con día.
ResponderEliminarSiempre debemos tener presente a Dios no solo en momentos de dificultad. Aldo Ixtlapale
ResponderEliminarMuchas circunstancias de nuestra vida hace que evoquemos a Dios o sólo en circunstancias adversas nos refugiamos en él, lo que se empieza a vivir en China y en otros países es un claro ejemplo en el que veremos cómo el mundo entero se unirá para pedir clemencia a un solo Dios, y es cuando debemos reflexionar que no solo en la tormenta debemos aclamarlo sino en toda nuestra vida, pues sin él y sin su piedad las aguas no se calmarían, por ello empecemos a orar para que lo que se está viviendo termine pronto y podamos ver a nuestros semejantes como lo que son, nuestros hermanos.
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