@jhcastelano
Toda violencia se origina en
el deseo mimético. Ya lo hemos expuesto someramente cuando hablamos de René
Girard, filósofo francés que explora los mitos y el origen de la violencia.
Todo deseo parece ser sembrado o al menos puesto como una especie de anzuelo
para caer por distintos medios en el proceso o en el ciclo de la violencia.
También le llamamos “espiral de la violencia”. Deseamos lo que el otro desea.
El deseo manifiesto es una invitación a desear lo mismo. El deseo oculto
termina por captarse con sutileza y arrastrar o inspirar otros deseos.
Hay determinadas acciones que
son detonantes de deseos miméticos. Girard explica que una de ellas es, por
ejemplo, la danza, tal como ocurrió en el pasaje donde se nos narra la muerte
de Juan el Bautista. Todo comenzó allí con la danza de la hija de Herodías,
Salomé, por lo cual Herodes quedó extasiado y ofreció lo que fuese para pagar o
agradecer aquel acto de éxtasis de la danza. El resultado ya lo conocemos: la
decapitación del profeta del desierto y pariente de Jesús. Todo terminó con
sangre en un acto tan cruento.
Otros detonantes del deseo
mimético son los linchamientos. En ellos se da el proceso completo: quien
acusa, quien es víctima, quienes son arrastrados por el deseo de la sangre y de
la expulsión de los males identificados o atribuidos al elegido para el
sacrificio, el sacrificio como tal o la acción del linchamiento por medio de la
violencia y la posterior paz aparente, o bien, esa sensación de transformación.
Un detonante más, el que nos
ocupa ahora, es la envidia. El mismo Girard escribe una obra para explorar el
asunto: “Shakespeare: los fuegos de la envidia”, donde el autor se asoma a las
obras del inglés y encuentra en las múltiples novelas los procesos de la
violencia mimética en los personajes y las tramas.
La envidia también forma parte
del proceso o el ciclo de la violencia mimética, repetimos. Lo hemos tratado de
explicar en otros momentos. Toda envidia desencadena inexorablemente un ciclo
violento. Es muy fácil de distinguir la envidia: desear lo que otro es o lo que
el otro tiene y tratar de conseguirlo, pasando por encima, sobajar o afectar
con ello al otro. No hay envidia buena, dicen, y tienen razón, porque todo
deseo de lo que el otro es, tiene, piensa o realiza, nos lleva a perdernos por
el deseo mimético de eso mismo. Ya no somos nosotros auténticos si nos dejamos
arrastrar por esos deseos.
Con el concepto de la
sublimación, los psicólogos establecen que aquello que es un deseo que lleva a
la perdición puede ser trocado por su contrario y en un proceso de catarsis
lleva a cualquier sujeto a practicar lo contrario de lo que desea. El
planteamiento, tal vez sin pretenderlo así, es romper ese ciclo de violencia
mimética emanado de la envidia.
No es poco común que las
ofensas perpetradas contra otro provengan de la envidia. A veces, sin razón
aparente, se sufren daños a la persona o a sus bienes. El que las realiza
pudiera hacerlo por la simple motivación de no poder tener lo que el otro tiene
y atentar contra eso mismo. Hablar mal de otra persona puede ser señal de ese
mismo deseo de ser la otra persona y, ante la imposibilidad de serlo,
despotricar e injuriar, o por lo menos intrigar y criticar.
Cuando los adversarios del
profeta Jeremías (18, 18-20) confabulan contra él, no están más que
manifestando la envidia, instigándose mutuamente para ignorar los preceptos que
por su medio se dispusieron por parte de Dios, de tal modo que el desoír a
Jeremías equivale a desoír al mismo Dios, asimismo, confabular contra él
significa contravenir y confabular contra el mismo Dios. La envidia adquiere
entonces el cariz de una ofensa contra Dios.
Cuando los hijos de Zebedeo
son representados por su madre para pedirle a Jesús que compartan con él en su
reino la cercanía y la preferencia, tenemos otro ejemplo distinto, otra forma
como se presenta la envidia, ahora por esa extraña competencia de los
discípulos del Señor para ser reconocidos como los primeros o para ver quién es
el primero de entre ellos. Y como siempre, Jesús rompe el ciclo de la violencia
mimética acallando, en este caso, la absurda competencia; pero insinuando la
necesidad del sacrificio, ahora representado por la entrega, por el servicio a
los demás, pues el primero ha de ser el servidor de todos. La disolución de la
envidia bien puede ser el afán de servir. Recomendaríamos igualmente la
oración, pero, sobre todo, la entrega a los demás.
JHC
En audio. Opción 1:
Opción 2:
Una lectura muy interesante, que habla acerca de la violencia, creo que concuerdo con el que la violencia genera más violencia en nuestro entorno social, concuerdo con usted al leer que para romper el ciclo de la violencia se debe frenar de primera instancia la envidia que generamos varias veces para con los demás.
ResponderEliminar-Chantal Martínez
Es de gran interés considerar que la violencia se origina por el deseo que nos lleva a la perdición y estoy totalmente de acuerdo, tal como lo menciona el filósofo René Girard que busca el origen a través de los mitos y define la causa como un deseo mimético. En ello se nos recomienda la oración y la entrega hacia los demás para acabar con el nivel de violencia, pero sobre todo abatir la envidia.
ResponderEliminar-Alexa Cano Ayón-
Es muy interesante el ver como dice que los deseos están relacionados con la violencia, es algo a lo que llamamos ciclo de violencia, para combatir esto debe desaparecer la envidia que tenemos hacia los demás.
ResponderEliminar-Aldo Ixtlapale-
Me es muy interesante saber que la mayoría de nuestros deseos como seres humanos se basan y se conectan directamente con la violencia, lo cual nos lleva a cegarnos y quedarnos sin solución, sin embargo sería bueno ponernos a reflexionar un momento y darnos cuenta de que una solución es la Oración y acercamiento con Dios.
ResponderEliminar-Arantza Jimena Gacía Romero
Esta lectura es de suma importancia porque habla de nuestros deseos y cuáles son las consecuencias de no saber controlarlos, por ejemplo la violencia que esta puede ocasionar que comentamos actos sin conciencia.
ResponderEliminar-Fabiola Betsabé Anaya Andrade.
Estoy completamente de acuerdo con la idea de que la envidia es un ciclo violento; en que es una perdición en nuestros deseos y un reducimiento de nuestra autenticidad.
ResponderEliminarby Enya Mendoza Alejo
Esta lectura es muy relevante, pues a veces no vemos hasta donde puede llegar nuestros niveles de envidia o celos, por lo que se puede terminar en casos de violencia. El autor mencionado hace muchos análisis de debemos tomar en cuenta para nuestra vida diaria
ResponderEliminarPor Dayanara Lima Nava
Interesante lectura ya que menciona que los deseos están directamente conectados con la violencia, del mismo modo, concuerdo con la idea de que la violencia genera más violencia
ResponderEliminar-Daniela Carro Reyes
Me parece muy acertada lo que menciona sobre los tipos de deseos que pueden suscitarse en cualquier situación, la envidia de cierta forma no es buena, ya que (como lo mencionó en el texto) puede conllevar a resultados nada favorables. como recomendación les compartiría que, si desean algo en verdad luchen por eso, trabajen y hagan un esfuerzo mayor, si no salen las cosas, no hay problema cambia la ruta pero no el deseo a alcanzar.
ResponderEliminar----Melanie Aithiere
Nuestros deseos muchas de la veces están conectados a la violencia, debemos de ser constantes para alcanzar nuestras metas.
ResponderEliminarLa lectura es interesante porque nos deja ver lo malo que puede ser la envidia y todo el trasfondo que debe de haber en una persona para sentir envidia por otra.
ResponderEliminar-Odette Solís Martínez"
habla acerca de la violencia, creo que concuerdo con el que la violencia genera más violencia en nuestro entorno social. Me parece interesante el tomar conciencia y reflexionar sobre este tema.
ResponderEliminar-Belinda Salamanca Carrasco
Estoy de acuerdo en que la envidia es un proceso de violencia ya que buscas saciar ese deseo sin importar sobre quien pases y a quien lastimes. -Aldo Ixtlapale
ResponderEliminarLa envidia es igual a violencia y por lo tanto es una agresión hacia Dios, una ofensa que a la larga nos daña interiormente y puede terminar en tragedia, considero que la mejor defensa contra la envidia es la oración y alegrarnos por el prójimo para no sentir esos celos tontos llamados envidia.
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