@jhcastelano
¿Puede un pecador salvarse de
las garras de la perdición eterna si se arrepiente de todo corazón y busca por
todos los medios ganarse a sí mismo y resarcir los daños que pudo haber
cometido en vida y con plena conciencia de lo que hacía? Es un verdadero
misterio; sin embargo, los testimonios parecen indicar que es posible. Ha
habido ejemplos en la historia de lo que suponemos pueden ser casos de
arrepentimiento y merecimiento del cielo.
Hace poco lo comentaba con los
alumnos a propósito de cuidarnos de confundir lo sagrado con lo santo; pues lo
sagrado le pertenece exclusivamente a Dios y a su corte celestial y lo santo
puede ser alcanzable aun por las más diversas almas prestas y ávidas de la
experiencia divina, a pesar de haber caído en tremendos errores. Les explicaba
a estos alumnos que algunos santos reconocidos han tenido un pasado a veces
indecible por cruel y hasta por incomprensible. El problema son los reduccionismos
no exentos de ignorancia que confunden eso mismo: lo sagrado con lo santo. Vale
la pena reconocer con pensadores como Juan Carlos Moreno Romo, quien, haciendo
eco del mismísimo Pascal, y echando mano de pensadores de la talla de Remi Brague,
George Steiner y el mismo Joseph Ratzinger, entre otros, plasma en su
«Vindicación del cartesianismo radical» (Anthropos, ed., pp. 392 ss) una muy
completa idea de cómo la filosofía ultramoderna ha claudicado de su primigenia
intención de buscar la Verdad y, peor aún, lo que nos vendía como la
emancipación del yugo de la superstición religiosa, terminó dándonos una
caricatura de reduccionismo y prejuicios con el tipo de confusiones como la que
aludimos sobre las bestias que se creen ángeles, cuando, como seres humanos, no somos ni ángeles, ni
bestias. Si lo entendemos así, podremos aquilatar el peso de nuestros errores y
clamar por la misericordia de Dios.
De la misericordia de Dios nos
han hablado grandes pensadores y santos. También los místicos y hasta los
legistas de todas las épocas han tratado el asunto. En el ámbito de lo legal ya
no cabe tanto hablar de la misericordia, sino del concepto de perdón. El
lenguaje jurídico ya no adopta vocablos asociados a la religiosidad.
La misericordia es el corazón
palpitante del Evangelio, dice el Papa Francisco (Misericodiae Vultus,
12). Las
palabras dichas a través del profeta Ezequiel le dan la esperanza de la
salvación al que comete iniquidades: «Si el malvado se convierte de todos los
pecados cometidos y observa todos mis preceptos, practica el derecho y la
justicia, ciertamente vivirá y no morirá. No se tendrán en cuenta los delitos
cometidos; por la justicia que ha practicado, vivirá. ¿Acaso quiero yo la
muerte del malvado —oráculo del Señor Dios—, y no que se convierta de su
conducta y viva? Si el inocente se aparta de su inocencia y comete maldades,
como las acciones detestables del malvado, ¿acaso podrá vivir? No se tendrán en
cuenta sus obras justas. Por el mal que hizo y por el pecado cometido, morirá.»
Cuando el alma clama por la
misericordia de Dios es porque espera redimirse de los errores que reconoce
haber padecido. El alejamiento de la bondad al ciudadano ultramoderno le parece
tan ambiguo o relativo, que ya no es capaz de avizorar las situaciones por las
cuales llega a la perdición. Pareciera haberse trastocado la conciencia de las
personas como para relativizar el efecto de las acciones de maldad, aunque
nunca dejará de percibir en su interior el eco o el señalamiento ante los
propios pecados; por eso el célebre salmo 129 nos recuerda dicho clamor del
alma que se sabe perdida o de la persona que clama desde la tumba:
Desde lo hondo a ti grito,
Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Y esa espera es el grito desde
lo más profundo, desde la indigencia, la soledad, el vacío, la nada, la
perdición que se experimenta. Por eso también el salmista atribuye la misericordia
al Dios de salvación:
Porque del Señor viene la
misericordia,
la redención copiosa;
y el redimirá a Israel
de todos sus delitos.
Nuestro Dios es un Dios rico
en misericordia, como lo dice otro Salmo. No hay nada que le sobrepase, a pesar
de saber que una falta cometida, una ofensa contra lo infinito, merecería una
pena infinita, como sugería el Padre Jaime Balmes a finales del siglo XIX. Es
más grande la Gracia que el pecado porque, como asienta el pregón pascual de la
noche santa de la resurrección: «Feliz la culpa que mereció tal redentor».
Para prepararse a la fiesta de
la misericordia y del perdón es necesario hacer caso a las
palabras de Jesús cuando dice que «si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre
el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja
allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y
entonces vuelve a presentar tu ofrenda.» (Mt, 5, 23-24) No debemos perder esta
oportunidad para reconciliarnos para alcanzar esa misericordia. Y todavía más:
es preciso preparar nuestro interior, que nuestra alma reconozca el valor de
esa misericordia, como bien lo expresa nuestra filósofa mística:
«No tengo necesidad de ninguna
esperanza, de ninguna promesa —decía Simone Weil—, para creer que Dios es rico
en misericordia. Conozco esa riqueza con la certeza de la experiencia, yo misma
la he tocado. Lo que de ella conozco por contacto sobrepasa de tal modo mi
capacidad de comprensión y gratitud que ni la misma promesa de felicidades
futuras añadiría nada al significado que para mí tiene, de la misma forma que
para la inteligencia humana, la adición de dos infinitos no es una adición.»
(La gravedad y la gracia, Trotta, 2009, p. 55)
JHC
En audio. Opción 1:
Opción 2:

Se nos hizo interesante este blog debido a que habla acerca de la misericordia y del perdón que nos frece Dios, dice que aunque hagamos algo malo, si de verdad estamos arrepentidos y pedimos misericordia a Dios, él nos perdonará. De la misma forma nos hizo preguntarnos ¿en verdad todos merecemos el perdón de Dios?
ResponderEliminarGrecia torres Guevara y Liliana Pérez Hernández
Eliminarpues nosotros le queremos responder con una pregunta, usted menciona que para estar en la fiesta de la misericordia uno se tiene que reconciliar primero con nuestro hermano; pero si esa persona te daño tanto y te dejo quebrado como persona y quebranto tu fe, ¿Cómo es que se le puede perdonar?
ResponderEliminarElisa y Ever.
Ciertamente es una situación compleja que sólo se puede entender a la luz de un grado del amor muy avanzado que es el del amor a pesar de y que se refiere a que primero hay que amarse a sí mismo, luego a los demás y reír con lo que ríen y llorar por lo que lloran; luego hay que amar primero, sin esperar a que te amen; luego sigue éste que les menciono y se los voy a citar como ejemplo de alguien conocido, una pariente cercana que padeció junto con sus hermanos el dolor de que su papá los abandonara, así creció y se casó y tuvo hijos y un día le dijeron que su hijo mayor estaba enfermo de cáncer y que pronto moriría; así que desde entonces ella hizo de todo para apoyar a este hijo y un día me platicó de la experiencia de su papá y se atrevió a decirme que deseaba que su papá muriera y sufriera y se fuera al infierno por lo que les hizo y yo le dije que si a poco desearía eso para su hijo también y enojada me dijo que no, que cómo podría decirlo y le dije que si estaría de acuerdo en que su hijo lo dijera de ella e igualmente me contestó enojada que no; entonces le dije que así como ella no esperaba que su hijo le deseara eso, también su papá esperaría lo mismo, porque a pesar de haber sido lo peor para ellos y aunque su padre no lo reconociera, ella sí tenía la posibilidad de perdonarle, ya que experimentó la precariedad de la vida con su hijo. Finalmente, tanto su hijo como su papá, murieron casi por las mismas fechas, así que no hay tiempo para rencores, por mucho que nos hayan lastimado, porque la vida es incierta...
EliminarMe gusta la forma en la que narra el perdón que Jesús nos da cuando cometemos un pecado. El hecho de saber que tenemos segundas oportunidades y cómo con un perdón nuestras almas sanan.
ResponderEliminar-Arantza Jimena García Romero
Es un texto con una bonita enseñanza ya que habla sobre la misericordia que Dios nos ofrece, pues se muestra en amabilidad y asistencia,especialmente en el llamado de perdón, y cuando estamos en busca de esa misericordia es porque realmente estamos arrepentidos de nuestro error
ResponderEliminar-Daniela Carro R.
El hecho de reconciliarse con otra persona, es una acto muy bonito que incluye el respeto, la sinceridad y el amor. Si lo practicáramos más seguido, el humano podría cambiar la perspectiva que tiene y su estilo de vida.
ResponderEliminarSolo tengo una duda. Si una persona durante su transcurso de vida fue buena aunque no lo demostrara, y en una ocasión cometió un homicidio por salvar a alguien, ¿que podría pasar en este caso?
---Melanie Tuxpan
Es un texto que nos habla acerca de la reconciliación con las personas es algo que abarca los ámbitos de amor y respeto,nos ayuda a ser mejores personas.
ResponderEliminar-Aldo Ixtlapale-
Es un texto que habla acerca de la reconciliación que debemos tener con las personas es algo que entra en el ámbito del amor y respeto hacia las personas y eso nos ayudará a ser mejores personas.
ResponderEliminar-Alejandra Moreno Mendoza-
Me agradó la lectura, ya que nos da a conocer por que es importante reconciliarnos con los otros y perdonar sus actos, así como arrepentirnos de igual forma por lo que nosotros mismos hemos cometido y nuestros pecados; es una muy linda reflexión en la que se hace el uso de los valores. -Alexa Cano Ayón-
ResponderEliminarMe pareció interesante este texto porque al menos a mí me han surgido dudas acerca del perdón de Dios respecto a las acciones que tenemos y si en verdad podríamos tener una reconciliación con él porque a veces cometemos actos que no son buenos pero qué tal si gracias a esa acción no podamos entrar al tan glorioso reino de Dios como tanto nos han hablado, ¿Qué deberíamos de hacer si nos damos cuenta que la acción que realizamos no es buena y no podemos obtener el perdón de Dios?
ResponderEliminar-Fabiola Betsabé Anaya Andrade.
Me resultó un post muy interesante ya que toca un tema tan complejo como lo es el perdón de Dios, siempre surgen demasiadas preguntas donde se cuestiona si algún caso es digno del la misericordia.
ResponderEliminarby Enya Mendoza
Me gusta la forma en la que narra el perdón que Dios nos da cuando cometemos un pecado. El hecho de saber que tenemos segundas oportunidades es interesante pero realmente no sabes hasta donde llegue su limite.
ResponderEliminar- Belinda Salamanca
Es interesante saber que Dios siempre nos da la oportunidad de arrepentirnos de nuestros pecados y que de todo corazón intentemos cumplir lo que él nos marca, nos da esperanza de que en este tiempo de Cuaresma seamos conscientes de nuestras acciones malas y tratemos de arreglarlas para estar en paz con las personas de nuestro alrededor y con Dios.
ResponderEliminar-Odette Solís Martínez.
Nos habla de como a pesar de que a veces nos equivocamos y tomamos decisiones malas, si nos arrepentimos Dios nos puede redimir y darnos el perdón.
ResponderEliminarMe parece interesante que retomara un poco el tema visto de la diferencia entre lo santo y lo sagrado y el tema en cuanto a la redención y el cómo algunos santos han alcanzado este estado incluso después de haber pasado por cuestiones desfavorables a través de la redención,el arrepentimiento y el tratar de arreglar las acciones cometidas.
ResponderEliminar