@jhcastelano
La ostentosidad no es
cristiana. Presumir algo para ser causa y motivo de elogios y caravanas no va
con la solicitud expresa de Jesús en torno de la vida de servicio. El
estoicismo pareció preceder a dicha actitud, pues lo valorable para ellos era
la sencillez, la sobriedad, el decoro sigiloso en las acciones, aunque, como
bien lo distinguía a finales del siglo XIX el sacerdote y excelso filósofo
español Jaime Balmes: «el sabio de los estoicos es una especie de ser
impasible, a quien nada puede perturbar. Todo lo tiene y nada puede perder, y
así no teme; nada le falta, y así nada desea; las pasiones que se levantan en
los demás hombres, el sabio las conserva encadenadas, siempre, en todas
ocasiones, en la fortuna próspera o adversa. La familia perece, los amigos
mueren, la patria se hunde, el mundo se desploma: el sabio está sereno; el gozo
retoza, la alegría se derrama, el dolor gime, la tristeza suspira, el asombro
se petrifica, el terror se hiela y enmudece: el sabio continúa impasible. ¿Dónde
está ese hombre? Entre los antiguos no se le encuentra; es un ser ideal que
ellos concebían, nada más».
Y aun con todo y ello nos
llegan noticias de la actitud servicial del esclavo Epicteto, así como las
enseñanzas de un emperador romano que buscaba una vida de virtud inspirada por
los estoicos que le precedieron, es decir, Marco Aurelio. La caridad cristiana
se desmarca notablemente del anhelo estoico en la vocación externa del
servicio, pues no busca tanto esa especie de experiencia personal de sentir que
el control de las pasiones para alcanzar la virtud y separarse del vicio, sino
la donación o la entrega desinteresada ante las necesidades de los demás. Tal
vez dicha corriente filosófica sea la que más se asemeje a lo que en el mensaje
evangélico nos llega; pero debe quedar claro que la caridad cristiana no apunta
a la pretensión de la sabiduría e impasibilidad del estoico, sino a la entrega
desinteresada por los demás.
La llamada consignada en el
texto de Isaías (1, 10.16-20) es a la purificación que consiste en apartarse
del mal y buscar el buen camino, practicar la misericordia y el arrepentimiento
por las propias debilidades y los errores cometidos. Por eso la cuaresma es el
tiempo propicio para hacer el examen de la conciencia.
Cuando esperamos a uno o
muchos invitados en nuestra casa para celebrar una fiesta importante, dedicamos
un tiempo para ordenar con profundidad, limpiar y disponer lo necesario para
dicho evento. Así es la cuaresma. Nuestro deber es el de asear todo para vivir
la fiesta de la Pascua. En ese trayecto se nos pide ejercer con mayor énfasis
las obras de misericordia. Si nuestro clamor y nuestra necesidad es presentado
ante Dios, lo menos que debemos es dedicar el tiempo para ello, que en nuestro
caso bien puede ser la escucha de la Palabra de Dios; pero no sólo eso, sino el
firme propósito de emprender el cambio pedido, la conversión, la reconciliación
y la generosidad. No es un tiempo para estarse lamentando por la miseria en la
que el mundo se encuentra, o para estar temiendo por las alusiones a la
Parusía; ni mucho menos para estar, como a veces se nos insiste tanto en ello,
con el ayuno encima, la mortificación simple y la abstención sin sentido; desde
luego que todo eso habrá de ayudar, pero es más urgente tener un plan de
seguimiento espiritual, cuidar los detalles de nuestra esencia cristiana,
renovar nuestra intención de seguir a Jesús y, lo más importante, intensificar
nuestro ritmo de vida en la fe con las obras concretas, ayudando, apoyando,
impulsando lo mejor de nuestra relación con los demás y la opción de hacer algo
por ellos, pues en ese mismo pasaje de Isaías se asienta que:
Aunque vuestros pecados sean
como escarlata,
quedarán blancos como nieve;
aunque sean rojos como la
púrpura,
quedarán como lana.
Si sabéis obedecer,
comeréis de los frutos de la
tierra;
si rehusáis y os rebeláis,
os devorará la espada
—ha hablado la boca del
Señor—.
Tampoco porque podamos llevar
una vida con un ritmo pretendido de virtud podemos alardear de ello. Justamente
lo apuntábamos al principio: no deja de ser un acto de soberbia exaltar
nuestros propios logros para vanagloriarnos. Más vale ayudar con discreción y
buscar el triunfo con cautela, no sea que al caer tengamos que pasar el amargo
trago de la vergüenza; pero más aún, hay que cuidarse de esa actitud farisea de
presumir un cierto nivel de erudición y de conocimiento de las cosas,
específicamente del intelectualismo de nuestros días, tan esnob y tan banal que
a veces espanta y provoca repudio por su frivolidad en temas por demás
polémicos y que son tratados por este sector de “iniciados” como si se tratara
de pontificar e imponer visiones personales, tanto políticamente correctas,
como para ganar la lisonja del mundo. Tal vez de todo ello es de lo que nos
trata de prevenir Jesús cuando dice: «haced y cumplid todo lo que os digan;
pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían
fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están
dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea
la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan
los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas;
que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”.» (Mt.
23, 1 – 12) Es tan difícil asumir que para ser el primero hay que ser el
verdadero servidor de todos. Y hay que hacerlo, no con ostentosidad ni
presunción, sino con discreción, humildad e intención legítima de darnos a los
demás.
JHC
En audio. Opción 1:
Opción 2:

Me parece una lectura realista y muy interesante, ya que nos habla acerca de aspectos que como seres humanos vivimos día con día, es por ello que cuando habla de ser seres ostentosos y lo que dice Jesús acerca de esto, realmente es algo sorprendente, ya que si lo vemos de una manera objetiva y realista, ns podemos dar cuenta de que esta es una de las peores actitudes que tenemos como seres y como cristianos.
ResponderEliminar-Arantza Jimena García Romero
Esta lectura es realmente interesante ya que nos dice que la ostentosidad no va con el cristianismo ya que somos seres que presumimos lo que tenemos, el tiempo de cuaresma es precisamente para esto, para remediar esas actitudes.
ResponderEliminar-Aldo Ixtlapale-
Una lectura realmente directa e interesante, se refiere a la ostentosidad como la causa de recibir elogios por parte de las demás personas, creo que a partir del tiempo de cuaresma podemos renovar nuestras actitudes y pensamientos con nosotros mismos y para con los demás, pues nos hemos dejado llevar por lo que dirá la sociedad.
ResponderEliminar-Chantal Martínez
Por lo entendido, la ostentosidad se refiere a la parte de recibir elogios por parte de personas ajenas. El problema no es recibirlos sino la forma en como tomamos el elogio y la actitud que asumimos posteriormente. Cuando una persona reconoce algo que realizamos bien se debería agradecer y volver a ser tu, ya que si tus pies no tocan tierra, la caída puede ser dolorosa.}
ResponderEliminarIncluso hubo un apartado que me recordó esta frase: "Que nunca sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha".
---Melanie Tuxpan
muy interesante el post. un aplauzo
ResponderEliminarKarla paulina y nicolas
Este texto me pareció muy interesante ya que habla acerca de que las personas somos muy ostentosas y presumimos lo que tenemos pero la verdad es que eso no tiene nada que ver con la religión, es más que nada para reflexionar acerca de las acciones que tenemos y hacemos mal como personas.
ResponderEliminar-Alejandra Moreno Mendoza-
Realmente me sirvió la lectura y me pareció interesante, debido a que he escuchado la palabra ostentosidad muchas veces pero no sabía a lo que se refería. Nos dice que no va con el cristianismo pues es el hecho de presumir o ser alagado por los demás no es una actitud buena si la tomamos como para sentirnos superiores a otros. En estos tiempos de cuaresma para ello nos sirve para renovarnos y cambiar nuestras actitudes.
ResponderEliminar-Alexa Cano Ayón-
En esta temporada de pascua tenemos que darnos un tiempo para depurarnos y posteriormente disponernos para recibir lo que nos espera, me pareció muy acertada la comparación con la limpieza de casa.
ResponderEliminarby Enya Mendoza Alejo
Opino que no debemos presumir lo que poseemos, pues es un acto egoísta de nuestra parte, al contrario debemos ser personas sencillas y evitar las manifestaciones de orgullo, vanidad y superficialidad. Lo más sencillo que podamos ser en todos los sentidos favorece la humildad en nuestro corazón y mejora las relaciones personales.
ResponderEliminarPor Dayanara Lima Nava
Gran lectura ya que menciona que la ostentosidad es la causa de recibir elogios por otras personas y la forma en la que podemos actuar a partir de eso, es por ello que la Cuaresma es un tiempo para reflexionar y cambiar todas esas actitudes para llegar a ser mejores personas
ResponderEliminar-Daniela Carro Reyes
Como buenos católicos que somos nos debemos de ser ostentosos, debemos de hacer un examen de conciencia para ver que podemos cambiar en el este tiempo de Cuaresma.
ResponderEliminarEn estos tiempos de Cuaresma es necesario renovar nuestra fe Católica pero no solo basta con ir a misa, debemos de empezar a actuar de una mejor manera y ser mas considerados de la realidad de nuestra sociedad.
ResponderEliminar-Odette Solís Martínez.
Me parece interesante ya que en estos tiempos presumimos lo que tenemos y somos muy ostentosos por lo tanto debemos de ser más humildes y sencillos dejando atrás el egoísmo y la vanidad.
ResponderEliminarFabiola Betsabé Anaya Andrade.
Me parece interesante lo que dice Jesús acerca de esto, realmente es algo sorprendente, ya que si lo vemos de una manera objetiva y realista, nos podemos dar cuenta de que esta es una de las peores actitudes que tenemos como seres y como cristianos.
ResponderEliminar-Belinda Salamanca Carrasco
Presumir algo para creerse superior o darse a notar con los demás no es acto de humildad que Jesús nos enseñó con su vida, la caridad cristiana no busca pretensión alguna, más bien trata de hacer que lo que demos sea de corazón y sin buscar el aplauso o reconocimiento de los demás, darlo a discreción y desde lo profundo de nuestro ser.
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