@jhcastelano
Para los míos, con cariño:
Jesús
Oscar
Ma Fidelia
Juan Pablo
Ma del Rayo
Ma del Carmen
Jerónimo René
Ma del Rosario
Cecilia Guadalupe
Sara
Para los míos, con cariño:
Jesús
Oscar
Ma Fidelia
Juan Pablo
Ma del Rayo
Ma del Carmen
Jerónimo René
Ma del Rosario
Cecilia Guadalupe
Sara
Mucho se puede escribir o
decir acerca de la hermandad. Lo más común es expresar elogios a esta relación
tan impactante y extraordinaria, tan bella y tan sublime. Rara vez se escudriña
en las diferencias entre hermanos; y eso que suelen ser tan comunes, profundas,
dolorosas y, a veces, irreconciliables.
La hermandad es fuente de
respeto, es el lugar donde se prodiga el apoyo y la confianza; es el remanso
frente a las vicisitudes de la vida, de los problemas, angustias, obstáculos y
temores. Es el ámbito de la certeza de la compañía y hasta de la complicidad.
Tantos beneficios que nunca podrán entender quienes no tienen o tuvieron
hermanos. Los matrimonios jóvenes o las personas de las generaciones presentes
yerran al limitar el número de hijos a uno o a ninguno, pues el respaldo de la
hermandad siempre será una garantía o vacuna contra la soledad, la depresión y
la falta de apoyo; una cura para el individualismo y el aislamiento que
prevalece, del vacío y la tristeza. Tener hermanos supone al menos la posibilidad
de la compañía, la motivación, el apoyo, la vida en común y hasta la regulación
y el refinamiento de los hábitos.
Desde la Biblia y los relatos
clásicos tenemos, sin embargo, no pocas relaciones de hermanos en donde hay una
especie de competencia, de afán por ser el primero ante los padres y ante la
sociedad y a veces hasta sangre de muerte de por medio. Esos relatos pueden
estar en el centro de lo mítico y lo fundacional, o bien, en el límite de la
tragedia; aunque también están, como en el caso de la parábola conocida como “el
hijo pródigo”, en la ruptura del ciclo de la violencia mimética, pues que son
los llamados “dobles miméticos” los pares de hermanos en los que se manifiesta
la envidia y se sigue un proceso hasta llegar a la bifurcación o el punto de
partida fundacional de los pueblos, como lo habíamos dicho.
Los hijos de los primeros
padres, Caín y Abel, son buen ejemplo de la envidia que lleva al homicidio, al
fratricidio por querer ganar el favor y el beneplácito de Dios. Un esquema
similar se repite en el caso de Isaac e Ismael, hijos de Abraham y también
deseosos de la preferencia del padre. Luego se vuelve a repetir con Esaú y
Jacob otra vez y ahora por el beneficio de la primogenitura, ganada a la postre
por Jacob mediante el engaño y el surgimiento de las doce tribus de Israel.
Luego otra vez por esa misma rama familiar acontece lo mismo con José; pero
ahora ante sus diez hermanos, exclusive a Benjamín. Y así podríamos seguir con
los relatos veterotestamentarios.
En la tradición clásica fuera
de la Biblia tenemos también ejemplos. Uno de los más célebres es el de Rómulo
y Remo, fundadores míticos de Roma, sobrinos nietos del rey Amulio, quien ya
había confabulado para derrocar a su hermano Numitor, abuelo materno de los
gemelos, pues en la embestida de Amulio, éste mató a todos los varones hijos de
Numitor y mandó que su única hija, Rea Silvia permaneciese virgen para evitar
la descendencia y la posible amenaza al usurpador. El mito contempla la acción
de Marte, quien fecunda a Rea Silvia, le nacen los gemelos, son amenazados de
muerte desde el nacimiento, ocultos por un sirviente y amamantados por una
loba, luego rescatados y ya jóvenes les revelan su identidad, matan al tío
abuelo, restituyen la corona para el abuelo, éste les encomienda la fundación
de Roma, ellos pelean y por fin Rómulo vence y mata a Remo, erigiéndose como el
primer rey de Roma. Apasionante historia; pero llena de las características del
doble mimético, la violencia y la envidia, pese a ser un relato fundacional.
En la saga tebana de los griegos
está el caso de los hijos de Edipo, Eteocles y Polinices, quienes disputaron el
trono de su padre, después de la tragedia de éste. En la tragedia “Los siete
contra Tebas” de Sófocles, se relata cómo el pacto entre ambos hermanos para
turnarse el trono fue violado por Eteocles, quien ya no le permitió a su
hermano reinar, por lo cual Polinices se alía con los Argivos, asedian la
ciudad de Tebas y en el episodio del enfrentamiento los dos mueren, con lo que
se cumple esa suerte de maldición de su padre Edipo, quien además era su
hermanastro por haberlos engendrado con Yocasta. Creonte, hermano de Yocasta y
tío de ambos, prohibió sepultar el cadáver de Polinices por traidor; sin
embargo, Antígona decide desobedecer a Creonte y sepultar a su hermano, ante el
miedo manifiesto de la otra hermana, Ismene, con lo cual también Antígona
perece al fin. Como sea, en el testimonio de Eteocles y Polinices prevalece
también la cuestión del doble mimético.
Y llegamos a la parábola de
los dos hermanos, mejor conocida como el “hijo pródigo” (Lc. 15), o bien, como
otros han querido llamarla “el padre pródigo” o “el padre magnánimo”. Benedicto
XVI es quien propone reconocerla como la de los dos hermanos, pues llama la
atención y hace tomar muy en cuenta el contexto en el que Jesús cuenta la
parábola, pues ante él estaban dos grupos de personas, a saber, los publicanos
y pecadores, por un lado, y los fariseos y escribas, por otro. Aprovechando la
presencia de dos grupos antagonistas en lo moral y en los derroteros tomados, los
unos, indeseables o indeseados, los descartados de su tiempo; los otros,
celosos seguidores de la ley, ortodoxos e inflexibles. Y viene la parábola de
la misericordia, la explicación de cómo ese padre no distingue, sino concede,
no lanza juicios, sino palabras de reconciliación, de cariño y de gusto por el
que regresa, lo mismo que consejos y acotaciones para el que siempre está ahí.
Aquí no hay un doble mimético, sino un perdón, una encomiable actitud de
misericordia. La envidia del doble mimético que llevaba antaño a la muerte y al
derramamiento de sangre es rebasada, disuelta y vencida, se rompe o rompe el
padre la violencia mimética. Otra vez, como muchas ocasiones en la Biblia y
como lo hará Jesús con su Pascua: el que entrega la sangre como cordero puro, manso
y sacrificado por la expiación del género humano.
Si la parábola misericordiosa
de los dos hermanos pudiera adaptarse para nuestro tiempo, no sería necesario
que profundizáramos en las ideas que nos dividen, ni habría etiquetas para los
llamados “colectivos” ahora, grupos humanos, razas, pueblos o estamentos.
Podríamos irnos lejos de la ley de Dios; pero tendríamos y debemos tener la
esperanza de volver, pues estos caminos del progresismo, el libertinaje, el
relativismo, el individualismo y el egoísmo nos llevan lejos, muy lejos del
padre. Asimismo, si siempre hemos tenido la oportunidad de distinguir su ley y
seguirla lo mejor posible, no debe inspirarnos recelos cuando el contrito se acerca
para recibir la misericordia de Dios, pues este es el tiempo para ello.
Julián Hernández Castelano.
En audio. Opción 1:
Opción 2:

Me gustó mucho la manera en que esta lectura nos habla acerca de los hermanos, es muy real cuando dice que es algo muy importante y único. Dentro de la religión jamás me había puesto a pensar que realmente fuera algo esencial para Jesús y sobre todo jamás pensé que lo tendría presente.
ResponderEliminar-Arantza Jimena García Romero
Lo que menciona la lectura es cierto y es interesante como sin importar que sean hermanos pueden llegar a matarse entre sí por envidia, celos, etc . Actualmente lo podemos ver con las personas que tienen hermanos y es algo triste ver como entre hermanos pueden dañarse
ResponderEliminar-Mónica Estefanía Barona
Me agradó el modo en el que expresa la importancia y el significado de tener un hermano, en efecto, es un signo de respeto y de hermandad, al igual que las cosas que pueden alterar los lazos.
ResponderEliminarby ENYA MENDOZA
En la actualidad es muy bueno hablar sobre el tema de la hermandad ya que, surgen demasiados problemas y eso, al no resolverse incrementa su tensión. "Hermandad" es un termino, bonito ya que (como lo menciona) al escucharlo, puedes darte cuenta de que tiene a alguien con quien apoyarse.
ResponderEliminarel termino hermanos hoy en día se les da muchos términos sin dejar el objetivo que es: el apoyo mutuo.
---Melanie Tuxpan
Me pareció una lectura interesante ya que una buena hermandad esta basada en respeto, amor y unión pero,hay situaciones en las que no es así ya que en la actualidad entre hermanos pueden surgir problemas y así se puede separar una familia. Considero que debemos brindarles todo nuestra ayuda y cariño a nuestros hermanos, ya que por lo regular están con nosotros.
ResponderEliminar-Jovana Ixtlapale de Jesús.
Nos menciona un termino muy importante para la iglesia como lo son los hermanos que deben de tener lazos de amor, amistad, apoyo incondicional. Aunque muchísimas veces hay problemas entre ellos, deben de encontrar soluciones para que este vinculo no se vea afectado.
ResponderEliminarLa forma en la que el texto muestra la hermandad me gustó mucho, es una relación que te aporta mucho pata tu vida y desarrollo personal, a pesar de que muchas veces hay diferencias y conflictos entre ellos.
ResponderEliminar-Odette Solís Martínez
Me agradó mucho como en la lectura se manifestó la hermandad ya que esta lleva consigo el respeto, unión y amor de esta manera me deja pensando que un hermano es para apoyarlo y ayudarlo en lo que necesite y estar para él en cualquier momento.
ResponderEliminarFabiola Betsabé Anaya Andrade.
Me gustó mucho la manera en que esta lectura nos habla acerca de los hermanos, es muy real cuando dice que es algo muy importante y único y lo trata de un ambiente sano de la hermandad dentro de la religión.
ResponderEliminar-Belinda Salamanca Carrasco
La hermandad es una acción de caridad, siempre es bueno ayudar al prójimo, es lindo vivir en armonía y amor. A Jesús realmente le importa el prójimo pues dio su vida por nosotros y sirvió a otros. Así que ¿Por qué no ayudarnos entre todos y actuar con hermandad?
ResponderEliminarMe agradó mucho el ejemplo de la parábola de el Hijo pródigo.
-Alexa Cano Ayón-
Me gusto lo que el éxito nos dice acerca de el significado de tener un hermano y de la palabra hermandad que se en alguien en quien confiar
ResponderEliminar-Aldo Ixtlapale
Es una lectura que nos habla de muchos ejemplos de la biblia de hermanos que por su ambición y por querer ser el consentido del padre, el ejemplar, el mejor termina con la vida del otro. Sin embargo; hay que analizar cómo fueron criados, el amor que careció y el que seguramente no les inculcaron sus padres, ese sentido de “hermanos” puesto que un hermano es el apoyo total hacia uno, es el mejor confidente y con el que desahogarás tus problemas o alegrías, quien será tu paño de lágrimas o el que te hará ver tus errores de la mejor manera. Algunos no tenemos la fortuna de tener un hermano biológico pero sí un hermano del alma (llámese primo, amigo) y que es él quien nos enseña el verdadero valor de “un hermano”.
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