@jhcastelano
En el cristianismo no existe la
idea del Karma, como en ciertas enseñanzas de las doctrinas orientales. El
cristiano no se adhiere a la idea de que, al afectar con malas conductas,
seremos igualmente afectados, al menos no cómo lo establece esa creencia, pues
según este concepto, toda acción humana transmite una energía, si ésta es
positiva, se regresa a nosotros algo positivo, si es negativa, ocurre el
impacto para uno mismo de manera negativa. Lo más parecido en el cristianismo
es el concepto de la retribución, que es asumir la responsabilidad ante los
propios actos, pues de eso versará esa suerte de examen en el día del juicio
particular allende la muerte.
En algún momento hemos podido
ya enunciar cómo en el antiguo y en el nuevo testamento se describen procesos o
ciclos de violencia que, en palabras de René Girard, son ciclos de violencia
mimética, es decir, que no sólo son violentos, sino que además son contagiosos,
por decirlo con palabra representativa, y que tienen la facultad de arrastrar
la voluntad de quienes los perpetran, a veces sin ser conscientes de ello, como
si algo los adormilara y dominara a placer la capacidad de autonomía. Así, por
ejemplo, cuando los hermanos de José (Gn 37, 3 – 4ss), los hijos de Jacob, no
pueden soportar la predilección de su padre para éste, elucubran y expresan su
deseo de matarlo. La novedosidad de los pasajes bíblicos frente a pasajes similares
en otras tradiciones —bien lo distingue el filósofo y antropólogo francés— es
que en el caso de la biblia siempre hay alguien o algo que de alguna manera
rompe ese ciclo, aunque sigan apareciendo después en otro proceso, a veces con
los mismos personajes. En el caso del pasaje de los hermanos de José, llamado “el
Soñador”, es uno de los mayores, Rubén, quien impide el linchamiento, trocando
esa decisión, ese ciclo por otro: venderlo. Con ello se dio otra vez el ciclo,
pero sin la sangre de por medio.
Jesús, por su parte, en el
capítulo 21 de San Mateo (versículos 33 al 46 y 56 – 46) enuncia la parábola
del dueño de la viña, quien la plantó y mandó criados a recoger los frutos,
siendo éstos linchados por los labradores e incluyendo al final al propio hijo
del dueño. Es otro ciclo de violencia mimética instigado por el deseo de poseer
para ellos la viña ajena (por eso hemos mencionado a la envidia como motor de
violencia) hasta el punto de ser asesinos del propio hijo. Jesús insinúa el
desenlace de la historia con la posible muerte de esos labradores a través del
decreto del dueño. Eso nos sugiere, sin lugar a dudas, algo parecido a lo que
apuntábamos al principio: la retribución posterior al escrutinio de las propias
acciones decidirá el merecimiento de las mismas. La viña se entregará a quienes,
en pago por la justicia establecida por sus acciones y el cuidado de la misma
viña, habrán de entregar a tiempo el fruto solicitado por el dueño, sin
violentar a nadie, pues habrán roto igualmente el ciclo de la violencia
mimética.
Preguntémonos cuántos ciclos
de violencia se desencadenan a nuestro alrededor. Preguntémonos también cuántas
veces nos hemos hecho partícipes de esos procesos sumándonos con enajenación al
linchamiento del otro. Imaginemos cómo nuestra aspiración de la justicia, como
en el caso de Rubén en el relato de José el Soñador, nos permite romper el
ciclo; o cómo por nuestra capacidad de distinguir al Hijo, podríamos ser los
labradores justos que entreguemos el fruto a tiempo, sin desear la muerte del
enviado, pues “cuando hicieron esto con los desvalidos a mí me lo hicieron”,
dice otra parte de las escrituras en el Evangelio; o también: “por sus frutos
los reconoceréis”. Rompamos los ciclos de violencia mimética en el nombre de
Jesucristo, pues él mismo, con la entrega de su sangre y el triunfo de la cruz,
nos enseña el camino.
JHC
En audio. Opción 1: Opción 2:

EL proceso de retribución me parece muy parecido al carma, son conceptos extramadamente similiares en lo que recperta a que si haces algo depediendo de si la enegría que desatas es buena o mala, será recíproco con la que recibas, confio en que siempre hay una reacción para toda acción.
ResponderEliminarby Enya Mendoza Alejo
Es una lectura muy realista y tiene razón cuando lo explica como un sinónimo al karma, es verdad que todo lo que uno haga como individuo, ya sea bueno o malo normalmente regresa en menor o mayor intensidad a lo que cada uno accione.
ResponderEliminar-Arantza Jimena García Romero.
Me parece muy cierto todo lo que se comenta, ya que la vida da muchas vueltas y te responde conforme te hayas manifestado. Todo es un ciclo en el cual debemos estar atentos, pues de muchos no nos percatamos.
ResponderEliminarPor Dayanara Lima Nava
Es una lectura muy acertada pues habla de la responsabilidad de nuestros propios actos (buenos o malos) ya que estos serán retribuidos con una mayor o menor intensidad
ResponderEliminar-Daniela Carro Reyes
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarCuando mencionó la palabra "KARMA" me hizo recordar al autor OSHO, el cual, menciona que existen demasiadas energías y que la mente es muy poderosa, desde este punto podríamos decir que si realizar mal podrás recibir mal en un determinado tiempo. Desde el punto religioso, (por lo que entendí) si provocas mal se guardará hasta el juicio final. Muy bueno su artículo.
ResponderEliminar---Melanie Tuxpan
Nos habla de dos términos que tienen una relación: el karma y la retribución, según como te comportes es como te ira.
ResponderEliminarEs interesante la lectura porque te muestra que siempre va a ver un ciclo de violencia que se desencadena en distintas situaciones, pero muchas veces habrá alguien que decida poner fin a ese ciclo en el que esta involucrado.
ResponderEliminar-Odette Solís Martínez
Es muy interesante la lectura ya que la vida da muchas vueltas y nuestros actos pueden tener consecuencias buenas o malas con un grado fuerte o bajo y de esta manera nos deja pensando que tus actos determinarán las consecuencias.
ResponderEliminarFabiola Betsabé Anaya Andrade.
Es interesante la lectura porque enseña como un bucle donde existe la violencia y esta desencadena distintas situaciones, pero siempre existirá quien decida terminar ese ciclo.
ResponderEliminar-Belinda Salamanca Carrasco
Podemos romper el ciclo de violencia alejándonos de él mediante nuestros actos, vivimos en un mundo que implica mucho este ciclo pero podemos tratar de reducirlo, ya que con violencia se genera más violencia y por ello es un ciclo. Nuestras acciones son las que nos determinan.
ResponderEliminar-Alexa Cano Ayón-
Es una lectura que nos dice que debemos romper los ciclos de violencia hacia los demás y debe de ser así porque es lo correcto y porque Jesús con su ejemplo siempre lo dio a notar, somos simples mortales que nuestras acciones buenas o malas la vida nos las cobra, lo que damos recibimos y por ello debemos actuar de manera positiva rompiendo esos ciclos negativos.
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