viernes, 13 de marzo de 2020

Romper el ciclo

@jhcastelano



En el cristianismo no existe la idea del Karma, como en ciertas enseñanzas de las doctrinas orientales. El cristiano no se adhiere a la idea de que, al afectar con malas conductas, seremos igualmente afectados, al menos no cómo lo establece esa creencia, pues según este concepto, toda acción humana transmite una energía, si ésta es positiva, se regresa a nosotros algo positivo, si es negativa, ocurre el impacto para uno mismo de manera negativa. Lo más parecido en el cristianismo es el concepto de la retribución, que es asumir la responsabilidad ante los propios actos, pues de eso versará esa suerte de examen en el día del juicio particular allende la muerte.

En algún momento hemos podido ya enunciar cómo en el antiguo y en el nuevo testamento se describen procesos o ciclos de violencia que, en palabras de René Girard, son ciclos de violencia mimética, es decir, que no sólo son violentos, sino que además son contagiosos, por decirlo con palabra representativa, y que tienen la facultad de arrastrar la voluntad de quienes los perpetran, a veces sin ser conscientes de ello, como si algo los adormilara y dominara a placer la capacidad de autonomía. Así, por ejemplo, cuando los hermanos de José (Gn 37, 3 – 4ss), los hijos de Jacob, no pueden soportar la predilección de su padre para éste, elucubran y expresan su deseo de matarlo. La novedosidad de los pasajes bíblicos frente a pasajes similares en otras tradiciones —bien lo distingue el filósofo y antropólogo francés— es que en el caso de la biblia siempre hay alguien o algo que de alguna manera rompe ese ciclo, aunque sigan apareciendo después en otro proceso, a veces con los mismos personajes. En el caso del pasaje de los hermanos de José, llamado “el Soñador”, es uno de los mayores, Rubén, quien impide el linchamiento, trocando esa decisión, ese ciclo por otro: venderlo. Con ello se dio otra vez el ciclo, pero sin la sangre de por medio.

Jesús, por su parte, en el capítulo 21 de San Mateo (versículos 33 al 46 y 56 – 46) enuncia la parábola del dueño de la viña, quien la plantó y mandó criados a recoger los frutos, siendo éstos linchados por los labradores e incluyendo al final al propio hijo del dueño. Es otro ciclo de violencia mimética instigado por el deseo de poseer para ellos la viña ajena (por eso hemos mencionado a la envidia como motor de violencia) hasta el punto de ser asesinos del propio hijo. Jesús insinúa el desenlace de la historia con la posible muerte de esos labradores a través del decreto del dueño. Eso nos sugiere, sin lugar a dudas, algo parecido a lo que apuntábamos al principio: la retribución posterior al escrutinio de las propias acciones decidirá el merecimiento de las mismas. La viña se entregará a quienes, en pago por la justicia establecida por sus acciones y el cuidado de la misma viña, habrán de entregar a tiempo el fruto solicitado por el dueño, sin violentar a nadie, pues habrán roto igualmente el ciclo de la violencia mimética.

Preguntémonos cuántos ciclos de violencia se desencadenan a nuestro alrededor. Preguntémonos también cuántas veces nos hemos hecho partícipes de esos procesos sumándonos con enajenación al linchamiento del otro. Imaginemos cómo nuestra aspiración de la justicia, como en el caso de Rubén en el relato de José el Soñador, nos permite romper el ciclo; o cómo por nuestra capacidad de distinguir al Hijo, podríamos ser los labradores justos que entreguemos el fruto a tiempo, sin desear la muerte del enviado, pues “cuando hicieron esto con los desvalidos a mí me lo hicieron”, dice otra parte de las escrituras en el Evangelio; o también: “por sus frutos los reconoceréis”. Rompamos los ciclos de violencia mimética en el nombre de Jesucristo, pues él mismo, con la entrega de su sangre y el triunfo de la cruz, nos enseña el camino.

JHC




En audio. Opción 1: Opción 2:

12 comentarios:

  1. EL proceso de retribución me parece muy parecido al carma, son conceptos extramadamente similiares en lo que recperta a que si haces algo depediendo de si la enegría que desatas es buena o mala, será recíproco con la que recibas, confio en que siempre hay una reacción para toda acción.
    by Enya Mendoza Alejo

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  2. Es una lectura muy realista y tiene razón cuando lo explica como un sinónimo al karma, es verdad que todo lo que uno haga como individuo, ya sea bueno o malo normalmente regresa en menor o mayor intensidad a lo que cada uno accione.
    -Arantza Jimena García Romero.

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  3. Me parece muy cierto todo lo que se comenta, ya que la vida da muchas vueltas y te responde conforme te hayas manifestado. Todo es un ciclo en el cual debemos estar atentos, pues de muchos no nos percatamos.
    Por Dayanara Lima Nava

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  4. Es una lectura muy acertada pues habla de la responsabilidad de nuestros propios actos (buenos o malos) ya que estos serán retribuidos con una mayor o menor intensidad
    -Daniela Carro Reyes

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. Cuando mencionó la palabra "KARMA" me hizo recordar al autor OSHO, el cual, menciona que existen demasiadas energías y que la mente es muy poderosa, desde este punto podríamos decir que si realizar mal podrás recibir mal en un determinado tiempo. Desde el punto religioso, (por lo que entendí) si provocas mal se guardará hasta el juicio final. Muy bueno su artículo.
    ---Melanie Tuxpan

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  7. Nos habla de dos términos que tienen una relación: el karma y la retribución, según como te comportes es como te ira.

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  8. Es interesante la lectura porque te muestra que siempre va a ver un ciclo de violencia que se desencadena en distintas situaciones, pero muchas veces habrá alguien que decida poner fin a ese ciclo en el que esta involucrado.
    -Odette Solís Martínez

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  9. Es muy interesante la lectura ya que la vida da muchas vueltas y nuestros actos pueden tener consecuencias buenas o malas con un grado fuerte o bajo y de esta manera nos deja pensando que tus actos determinarán las consecuencias.
    Fabiola Betsabé Anaya Andrade.

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  10. Es interesante la lectura porque enseña como un bucle donde existe la violencia y esta desencadena distintas situaciones, pero siempre existirá quien decida terminar ese ciclo.
    -Belinda Salamanca Carrasco

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  11. Podemos romper el ciclo de violencia alejándonos de él mediante nuestros actos, vivimos en un mundo que implica mucho este ciclo pero podemos tratar de reducirlo, ya que con violencia se genera más violencia y por ello es un ciclo. Nuestras acciones son las que nos determinan.
    -Alexa Cano Ayón-

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  12. Es una lectura que nos dice que debemos romper los ciclos de violencia hacia los demás y debe de ser así porque es lo correcto y porque Jesús con su ejemplo siempre lo dio a notar, somos simples mortales que nuestras acciones buenas o malas la vida nos las cobra, lo que damos recibimos y por ello debemos actuar de manera positiva rompiendo esos ciclos negativos.

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