lunes, 16 de diciembre de 2019

Apelar a la autoridad correcta

@jhcastelano

Siempre es necesaria una buena autoridad. En todos los órdenes de la vida que tengan que ver con la organización colectiva de algo, siempre se agradece, se reconoce y se aprecia una buena coordinación o una buena dirección o rectoría. En cambio, cuando hay una mala conducción, se nota también por tantas situaciones anómalas


Resultado de imagen para jesus maestroNo siempre se está dispuesto a reconocer la figura de la autoridad, ya sea porque la autoridad no sabe ser autoridad, o porque la subordinación no es aceptada por un carácter de indocilidad. Cuando José Ortega y Gasset explicaba en La rebelión de las masas el problema de la falta de ejemplaridad de quienes ostentan la autoridad y la indocilidad de quienes deben ser regidos, lo atribuía a la pérdida de nobleza en el sentido etimológico o primigenio del término, incluso cuando se refiere a una moral de la verdadera aristocracia, no la del abolengo, sino la de la rectoría de los más capaces.

Nuestra civilización difícilmente ve modelos de autoridad que le llenen o le den sentido a los grupos humanos. Lo más común es ver, cada vez más, ejemplos de personas y grupos que se rebelan, justificada o injustificadamente a su autoridad. Cuando la autoridad no sabe ser ejemplar, es decir, no es una verdadera autoridad, las acciones de rebeldía parecen estar justificadas; pero cuando el movimiento rebelde es más bien indócil e innoble, no parece haber justificación, máxime si la base de la rebelión está manipulada por ideologías o sujetos externos que buscan con esa manipulación cambiar el statu quo según conveniencias por intereses de varia índole.

En el medio académico, por ejemplo, se da la falacia de la apelación inapropiada a la autoridad. Es muy común en redes sociales y en la llamada opinión pública. Por contraparte, en esos mismos ámbitos se hace necesario por buena práctica intelectual saber apelar a las fuentes acreditadas, según lo demande el rigor o la exigencia en el tratamiento del estudio u opinión que se vierte.

En cuestiones de fe no faltan los teólogos de ocasión: los que opinan o afirman conocer de esos muchos temas concernientes o referentes a lo que las confesiones religiosas afirman o promueven. A la Iglesia Católica le han llenado de vituperios siempre quienes más la ignoran, o quienes, estando en ella, han dado un anti testimonio.

El problema de la autoridad, entonces, no es nada nuevo; sin embargo hay tiempos en los que cobra nuevo auge y mayor desafío. En nuestro tiempo hay algo de esto: no habiendo ya un reconocimiento de la autoridad plena de ciertas propuestas de la Iglesia, o peor aun, no habiendo siquiera la defensa de la fe porque la misma existencia de Dios cada vez es más cuestionada, ¿qué puede ser el objeto último de la apelación de la existencia, ya no digamos de las acciones del ser humano? Los estragos están a la vista: desvalorización de la vida y de los valores más preciados a través de la historia hasta el punto de preguntarse o de sostenerse el carácter contingente de la presencia del hombre en el mundo.

En el pasaje evangélico que se propone para hoy (Mt. 21, 23-27) los sumos sacerdotes y los ancianos ponen a prueba a Jesús sobre su autoridad para hablar así y a la pregunta que él les hizo sobre la autoridad de Juan el Bautista prefirieron callar.

Ojalá no tengamos que ver más apostasías de la Iglesia por no defender que el propio magisterio de la Iglesia, ignorado por tantos fieles e infieles, procede del mismo Cristo y su Buena Nueva. Ojalá podamos siempre conocer toda la belleza y la riqueza que a través de los siglos la Iglesia nos va dejando y no tengamos que vender nuestra dignidad o comprometer nuestra respuesta para quedar bien con el mundo.

Por lo demás, ya Rémi Brague asienta y señala la necesidad de apelar a Dios sobre la legitimidad de lo humano: "Si, para el hombre, ha de haber el ser, entonces se requiere un cierto "hacer". Pero, ¿quién puede decirnos que deba haber el ser? ¿Quién puede, más concretamante, decirnos que sea bueno que nosotros existamos, que nuestra presencia, que nuestra posesión de las características que hacen de nosotros hombres sea legítima? ¿Quién, sino Dios?" (Lo propio del hombre)


ORACIÓN:

Porque el mundo necesita
que el amor nunca se muera,
Ven, Señor, que se te espera.

Por doquiera cunde el frío
de las vanas relaciones.
Hay desdén, dolor, hastío,
diferencias, agresiones.
Oye nuestras oraciones
de esperanza verdadera.
Ven, Señor, que se te espera.

Estos tiempos de vacío,
desprovistos de ilusiones,
son momentos del impío,
caos, miedo, perdiciones.
Mándanos tus bendiciones
a esta tierra lastimera.
Ven, Señor, que se te espera.

Cuando todo está sombrío,
y no existen condiciones
para más que desvarío,
mezquindades, ambiciones,
en Ti tendremos opciones
de una eterna primavera.
Ven, Señor, que se te espera.

JHC

0 comentarios:

Publicar un comentario