domingo, 22 de diciembre de 2019

El centro del cosmos

@jhcastelano

Las lecturas de este cuarto domingo del Adviento nos presentan, tanto la alusión explícita del profeta Isaías, como la presentación de San Pablo a los Romanos en el que refiere lo que significa el ser cristiano a la luz del nacimiento de Jesús y, sobre todo, la introducción del evangelio de San Mateo para referir también cómo se dieron las circunstancias para el mismo nacimiento de Cristo.

La clave o el eje para entender lo que se nos presenta, parece estar en las palabras del Salmo: "Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes", y ya que, tanto la promesa, como la reiteración del Evangelio refieren la señal del Dios-con-nosotros como la pauta total y contundente, debemos entender que el centro del cosmos es Jesús. Así lo entiende San Pablo, quien anuncia el evangelio con la finalidad de que los gentiles "respondan a la fe, para gloria de su nombre".

En efecto, no sólo se dice que estamos en la era cristiana, sino que es por Cristo que se han emprendido una infinidad de sucesos históricos en los últimos dos mil años. Todo gira en torno de él. Casi nadie puede sustraerse, en nuestro occidente moderno, de decir que padece el influjo de una cultura cristiana. Podrá haber una multitud de denominaciones y confesiones religiosas. La verdad es que un gran número de ellas es de talante cristiano, aunque no comulguen con la Iglesia de Roma. Inclusive los que han apostasiado de la fe católica, siguen siendo adversos; pero pertenecientes a una cultura cristiana. Y aun quienes se consideran ateos o agnósticos, lo son en oposición al cristianismo; pero igualmente pertenecientes al cristianismo cultural. Se respira, se dice, se vive al ritmo que marca la cristiandad.

El Adviento nos recuerda que es Jesús el culmen de la historia, el centro del Universo, ante quien toda rodilla se habrá de doblar, el Rey de la gloria que pide abrir las puertas para entrar. Las puertas habrán de ser las de nuestros sentidos, tanto corporales, como espirituales. Las almas deben prepararse debidamente en este tiempo propicio para ello.

El tiempo ha llegado.


JHC

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