jueves, 26 de diciembre de 2019

Las puertas del cielo que la Natividad abrió



No han faltado en la Iglesia las interpretaciones de la categoría del encuentro con Dios como algo que nos lleva a la experiencia del misterio y de ahí a suposiciones sobre la percepción y no pocas de las características de lo extra sensorial y a veces hasta de lo sobrenatural y la manipulación de los elementos. El martirio de San Esteban, nos recuerda otra dimensión del encuentro y de las puertas abiertas de la gloria a través de la entrega incondicional y grotesca...

Si el cielo se abrió, si se vio una gran luz reconocida y admirada por todo el pueblo en la Palabra que se encarnó, Cristo, Jesús, si con ello hemos podido admirar la hermosura de su nacimiento, si también nos parece maravilloso ver entre los montes correr al mensajero llevar con garbo lo que se le encomendó, también debemos reconocer que de la misma manera las puertas del cielo se abrieron ya no sólo para ver la gloria de Dios a través de la Encarnación, sino para ser elevados por un camino de encuentro a través del más profundo testimonio: la entrega por la vía del martirio de Esteban.

"Frente a la cotidianidad del mundo de la experiencia, con sus características de lo habitual y lo siempre en definitiva relativo, la esfera de lo sagrado se caracteriza por ser la esfera de lo incondicional, lo definitivo, lo radicalmente último. Frente a la monotonía del tiempo ordinario que rige en los días profanos, el día de la fiesta, el tiempo sagrado, es el día fasto o nefasto. Es el momento de la verdad definitiva. Frente a la necesidad relativa de las cosas del mundo, el reino de Dios es el reino del unum necessarium, que fuerza a vender todas las cosas para adquirirlo por ser lo único incondicional, que reduce las demás realidades a la categoría de añadiduras." Nos dice Juan Martín Velasco en "El encuentro con Dios".

Esta fiesta de la Navidad es nuestra oportunidad para seguir encontrándonos con Dios.

JHC

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