miércoles, 18 de diciembre de 2019

Cavilaciones sobre la paternidad y la presencia angélica


@jhcastelano

El pasaje presentado por el evangelio de hoy nos señala como protagonistas a José y a María. Ella queda encinta por obra del Espíritu Santo y él pretende dejarla en secreto. Como de novela. El drama está planteado. Luego aparece durante el sueño un ángel que le indica a José lo que debe hacer: aceptar la voluntad de Dios y apoyar a María, tomarla como esposa y criar al fruto bendito de esas entrañas tan dignas y elegidas para dar la vida plena al género humano por medio de su hijo Jesús. El desenlace es sublime y todos nos lo sabemos; pero resulta que hay varias palabras, y sobre todo, hechos para considerar y reflexionar en aras de la profundización y la enseñanza que conllevan.

Primeramente debemos acercarnos al hecho muy humano de las relaciones en torno de la formación de la familia y el matrimonio. En realidad pensar en ello o dar por hecho la naturalidad práctica de ese proceso no debería causar problema alguno, si no fuera porque vivimos tiempos de una dificultad extrema para la vida de la familia. Muchas amenazas se ciernen y pretenden socavar la armonía en la constitución y desarrollo de las familias. La imagen del varón, en específico, está muy devaluada, deteriorada y denostada en nuestra época. Es más sencillo, para ser aceptado, que el varón en nuestros días tienda a feminizarse, a afeminarse, pues de alguna manera es más difícil ser un hombre cabal con sus dotes idóneos de masculinidad. Reina la confusión en el proceso formativo, de tal manera que no se tiene plenamente identificado el talante o la categoría que el varón puede tener o cómo puede insertarse en la formación de la familia y en la sociedad. Suele tener la tentación, o de irse al extremo del machismo, la imposición y a veces las conductas hiper violentas; o bien, retraerse sobre su propia personalidad hasta bajar los niveles de firmeza y quedarse en el terreno de las expresiones semejantes a la feminidad. Triste realidad.

Algunos pensadores de ubicada conciencia han advertido la ambigüedad imperante en nuestros días, la confusión conceptual y luego llevada a la práctica si no distinguimos algo: no somos ni ángeles, ni bestias. El salmo 8 lo dice cuando se refiere a la creación que Dios hace del hombre: "lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos; todo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por las aguas". El ángel no tiene instintos; pero la bestia no los controla. En el punto intermedio está el hombre, que no puede dejar de tener instintos; pero que sí puede controlarlos. Ese justo medio es el que habría que buscar en la formación del varón, en especial.

En fin, pues, que San José es el modelo del hombre que sabe sus responsabilidades frente a la familia y frente a la mujer, que, a pesar de tener la tentación de dejarla, se dejó guiar desde lo alto. Todo varón tendría que poner su confianza en Dios, dejarse hablar y buscar siempre hacer de su vida en familia una ofrenda agradable a Dios, velando por los suyos y sabiendo que es por Dios que tiene a su su vida y sus hijos. También le conviene que sus hijos vean que dirige la oración y se encomienda a Dios por medio de ella. No hay mejor manera de educar y sembrar la fe que siendo el modelo, el ejemplo.

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Por otro lado tenemos la participación del ángel al que se refiere el evangelio, sin nombrarlo. De todos los pasajes en los que la biblia, tanto en el antiguo, como en el nuevo testamento, se refiere a estos seres, en ninguno parece haber dificultad para aceptar su función mensajera o auxiliadora.

La literatura sobre los ángeles es abundante. No podremos en espacio tan breve abarcar ni de lejos lo que de ellos se ha dicho. Hermosas categorizaciones nos dejaron los grandes santos de hace siglos, como Santo Tomás y San Buenaventura, así como Juan Duns Escoto, explicándonos la jerarquía, desde los ángeles custodios hasta las serafines y querubines: todos tienen la encomienda de exaltar y alabar a Dios. Últimamente en El arcaísmo posmoderno, el otrora médico francés que acompañó al Che Guevara por Bolivia, Régis Debray, vuelve sobre el asunto de esa jerarquización para explicarnos cómo el posmodernismo está lejos de prescindir de la religiosidad, como lo anuncian.

Lo que hay también es esa suerte de culto a los ángeles, eso que le llaman "angelología" y que como tal culto caracterizan a los ángeles para utilizarlos al estilo fetiches, amuletos o mediums, por eso existe para esta corriente muy de la New Age aquello del ángel del dinero, el del amor, el de la amistad, el de la abundancia, el de la salud, etc. Tal vez por esto último no se propaga la idea eclesial de los ángeles. Juzgo que debería ser al revés: dar a conocer el mensaje correcto, el apropiado para conocer, interpretar y tener en su justa dimensión lo que de los ángeles se puede conocer y dejarse guiar desde el seno de la Iglesia misma.

Si grandes santos y sabios han hecho de los ángeles los mejores aliados y nos han enseñado sobre su naturaleza y de qué manera están al servicio de Dios y compañía de los hombres en ciertos casos, no se ve por qué no se hace eco de ellos. Dicen que Juan XXIII, cuando tenía que acudir a hacer una peligrosa diligencia que requería la mayor de las diplomacias, solía rezarle a su ángel guardián que se adelantara a pactar con el ángel guardián de su interlocutor, así cuando se encontrara ante la persona, por muchas diferencias que tuvieran, ya habían limado asperezas sus respectivos ángeles y entonces la relación o los acuerdos fluían con mayor soltura y empapados de la inspiración de las cosas de Dios.

Y no han sido pocos los casos en los que, en su mayoría niños, han tenido la gracia y el favor de Dios para ser testigos de sendas apariciones angélicas. Tal vez más comunes de lo que nos podemos imaginar. Siempre es por un beneficio de la Gracia de Dios que concede tener ese tipo de visiones o de experiencias de revelaciones angélicas, sin embargo nos toca profundizar, aclarar, depurar y propiciar que las almas de los sencillos puedan seguir encontrando razones para afirmar que Dios se sigue manifestando igualmente de esas curiosas maneras como lo son los mensajes de los ángeles.

Oración (Fuente: https://es.aleteia.org/2017/03/07/poderosa-oracion-a-los-santos-angeles/):

Dios Uno y Trino, Omnipotente y Eterno! Antes de recurrir a tus siervos, a los santos ángeles, nos postramos ante tu presencia y te adoramos: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Bendito y alabado seas por toda la eternidad.

Dios santo, Dios fuerte, Dios inmortal: que todos los ángeles y hombres, que Tú creaste, te adoren y amen y permanezcan a tu servicio.

Y tú, María, Reina de todos los ángeles, acepta benignamente las súplicas que te dirigimos; preséntalas ante el Altísimo, tú que eres la mediadora de todas las gracias y la omnipotencia suplicante para que obtengamos la gracias, la salvación y el auxilio.

Amén.


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