domingo, 29 de diciembre de 2019

Protección


@jhcastelano

La figura paterna se ha devaluado en nuestros días. Si ya de por sí a las nuevas generaciones les cuesta trabajo pensar o desear formar una familia, tampoco a los varones se les da poder imaginarse como padres de familia. No parece que las condiciones del mundo actual se presten mucho para promover esa función, esa vocación. Razones, puede haber muchas, lo cierto es que en mucho la decadencia de la institución familiar tiene que ver con el debilitamiento de la figura paterna. Muchas familias se destruyen por el abandono paternal. También debemos decir que las condiciones para la paternidad, como hemos dicho, son por demás adversas.

Grave situación. Ya no sólo la de la decadencia de la figura paterna, sino la decadencia de la institución familiar, que está bajo ataque frontal. Un embate desigual y agresivo por parte del Estado y esa suerte de esbirros disfrazados que son las ONG’s. La sed de control de ciertas ideologías minan la integridad de la familia.

Nos conviene proteger a nuestras familias. Sólo así se garantiza una buena dote de integridad de la sociedad, ajena e inmune al sometimiento de un Estado entrometido y de las no menos nocivas ideologías, como la de género. Lo más triste es que dentro de la misma cristiandad, donde se supone deberían estar las voces más críticas, suele haber comparsas o ciegos voluntarios en aras de justificar por la vía de la falsa misericordia la aceptación de determinadas formas bizarras de vida que se alinean con las agresiones frente a la institución familiar.

La fiesta de hoy es por demás importante para la vida del cristiano. Tanto las lecturas, como el salmo y el evangelio nos presentan una serie de recomendaciones. La primera lectura, tomada de las enseñanzas de Ben Sirá, contiene una serie de consejos sobre el trato a los padres, traducción o paráfrasis del cuarto mandamiento. Honrar a los padres garantiza la Gracia que viene de Dios y un porvenir en la bonanza.

En ese mismo tenor está el Salmo que también es aprovechado en el esquema de la liturgia de la celebración del sacramento del matrimonio.

San Pablo a los Colosenses repite una serie de consejos también. Es una lectura extremadamente rica. Dios elige, consagra y da su amor. La respuesta del hombre debe ser la compasión, el sufrir con los que sufren y reír con los que ríen. La magnanimidad es la grandeza de ánimo, es el poder acometer con gallardía, entusiasmo y valentía las empresas que son necesarias para bien propio y ajeno. La humildad, la afabilidad y la paciencia complementan la exigencia, amalgamado todo por el amor. Asimismo la paz, la unidad y la gratitud. La escucha de la Palabra de Dios, la enseñanza, el consejo y la alabanza en el nombre de Cristo. Todo hace falta al cristiano. Por último, la armonía en la vida familiar.

Nada más podríamos agregar.

JHC

0 comentarios:

Publicar un comentario